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viernes, 22 de octubre del 2021

Mangoré y su Gloria

Barrios tiene sus seguidores y críticos dentro de El Salvador. Al publicar en 1966 un libro sobre la historia de la música clásica en El Salvador, mi tío Luis Quintanilla (1920-1977), quien dio clases de música en Usulután, no mencionó a Barrios porque el músico vivió ligado al apoyo del General Martínez, a quien mi tío odiaba

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A Gloria Silva, In Memoriam

LOS ÁNGELES.     Quizás siga en alguna bóveda del Museo de Antropología Dr. David J. Guzmán en San Salvador el librito original de autógrafos que Agustín Barrios “Mangoré” (1985-1944), el eximio guitarrista y compositor paraguayo, llevó consigo desde 1932 hasta 1939 en su gira artística por Venezuela, Colombia, Centroamérica, Europa, y el Caribe.  

Fue Gloria Silva (1899?-1964?), una afro-brasileña, que como la heredera de Mangoré se lo regaló al gobierno de El Salvador pasada la Segunda Guerra Mundial y antes que ella partiera con su nuevo esposo, un italiano de edad que había hecho su fortuna cosechando café en tierras cuzcatlecas, a buscar otro destino lejos de la patria que acogió al guitarrista y a Silva desde 1940 a 1944.  

Pero no es en El Salvador que el 7 de agosto de 2020 está siendo coordinada la lanzada de una edición de lujo que trascribe el librito original de Barrios sino en España como resultado del empeño del guitarrero estadunidense Frederick Sheppard, quien diligentemente ha hecho de la vida y obra de Barrios, el eje de su vida durante los últimos 15 a 20 años y ha contado la historia de Barrios a su manera.   El musicólogo Richard Pinnell también contribuyó en la formación de la edición de lujo. 

En la era en que cualquiera puede anunciar un complot en los medios sociales sobre lo que sea, Sheppard ha postulado en una edición reciente de una revista de los EUA que Silva mató a Barrios.  Dejo a otros que comenten que esa opinión de Sheppard sobre la muerte de Barrios bien podría ser misógina.   Sheppard no reconoció en su postulación que la adicción perenne de Barrios al tabaco tuvo un efecto letal en el músico paraguayo.   

El boletín de prensa que anuncia la lanzada del librito de autógrafos de Barrios dice erróneamente que en el 2005 fue Sheppard quien lo descubrió.   El librito es parte de las obras catalogadas en el museo Guzmán.  Al escribir Rico Stover una biografía en inglés sobre la vida y obra de Barrios en la década de los 90, Stover hizo referencia a ese librito.   

La existencia de dicho librito ha sido siempre de conocimiento para los mangoreanos en América Latina y sobre todo para los estudiantes y compositores de guitarra en El Salvador como el Dr. Jorge Sanabria, a quien he tenido el gusto de haber conocido y apoyado.   Uno de los logros pasajeros de un alcalde del FMLN en Panchimalco, El Salvador, fue haber avalado a Sanabria y su “Escuela de Guitarra Agustín Barrios Mangoré”.   En marzo de 2006 el museo Guzmán, junto con la embajada japonesa y el otrora Consejo Nacional Para la Cultura y el Arte (CONCULTURA), presentó un concierto de jazz con el grupo “Equizeto” y un concierto de guitarra al estilo Mangoré con Sanabria.     En el 2008 tuve el gusto de regarlé a Sheppard una copia digitalizada de dicho librito.   

La razón  del porqué el librito de autógrafos de Barrios, el cual es parte del patrimonio cultural de la república salvadoreña, no ha sido lanzado en una edición de lujo con auspicios del gobierno salvadoreño es por la forma pobre (ya sea por miseria o por falta de visión) cómo la cultura de las bellas artes es difundida y presentada dentro y fuera de El Salvador.   Una de las constantes críticas del escritor Manlio Argueta es que en El Salvador los libros no se venden en grandes ediciones.   Otra crítica es la que hace el pintor salvadoreño Humano acerca que las obras de arte ya nadie ni las quiere ver en su tierra.   El presidente Bukele tiene la razón al denunciar la corrupción de la casta política salvadoreña.  

Barrios ha tenido sus seguidores y críticos dentro de El Salvador.   Al publicar en 1966 un libro sobre la historia de la música clásica en El Salvador, mi tío Luis Quintanilla (1920-1977), quien entonces daba clases de música en la ciudad de Usulután, no mencionó a Barrios y a los alumnos de Barrios porque Barrios vivió ligado al apoyo del General Maximiliano Hernández Martínez (1882-1966), a quien mi tío odiaba.   

En enero de 1932 Martínez consolidó el poder político al liderar a las fuerzas armadas salvadoreñas al exterminio de entre 5,000 a 30,000 personas de etnia indígena tildados como supuestos comunistas.   Martínez ha sido desde entonces un héroe para la clase política conservadora en El Salvador y para el ejército salvadoreño.           

Martínez es una de las personas que firmó el librito de autógrafos de Barrios, quien al presentarse ironicamente meses después de la matanza de 1932 con su guitarra como el cacique Mangoré en El Salvador se ganó con su arte la simpatía de Martínez y de las élites culturales urbanas de entonces.   Barrios no fue ni cacique ni indígena.

Fue Martínez quien instaló a Barrios en 1940 como maestro de guitarra en una escuela de música clásica en San Salvador.   Al salir del poder en 1944 meses antes de la muerte de Barrios, Martínez supuestamente dijo que se iba tranquilo porque dejaba a El Salvador sin ninguna deuda con ningún país.

El reto de un artista es saber vivir para hacer arte, pero no cualquier artista se compromete a luchar en contra de las estructuras del poder y el racismo asolapado en El Salvador como el poeta salvadoreño Roque Dalton (1935-1975) o en contra de las estructuras del poder y el racismo descarado en los EUA como el escritor estadunidense James Baldwin (1924-1987). 

   

El serio problema de Barrios en El Salvador es que nunca luchó en contra de ninguna injusticia en la patria donde aún yace en el Cementerio de Los Ilustres de San Salvador.   Su tumba fue declarada por decreto legislativo en los años 50 patrimonio salvadoreño.         

Pero fue Silva, la gran musa y la mal entendida compañera de vida de Barrios, quien dejó el librito de autógrafos de Barrios Mangoré como un legado al pueblo salvadoreño y cuyo gobierno nunca lo publicó.   Es en dicho librito que aparece la anotación hecha en Port-O-Prince, Haití, del cónsul dominicano Mario Caedecónly el 27 de mayo de 1937 que felicita a Barrios por lograr dos glorias en su vida: su mujer y su guitarra.         

(*) Abogado de ley migratoria en Sherman Oaks, California, y columnista de ContraPunto.      

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Edgardo Quintanilla
Columnista Contrapunto
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