Por Redacción ContraPunto
El trasplante de riñón continúa siendo uno de los procedimientos más efectivos para devolver calidad y esperanza de vida a miles de salvadoreños que padecen enfermedad renal crónica (ERC). Sin embargo, a pesar de los avances de los últimos años, el país todavía enfrenta brechas importantes que limitan el acceso y el número de trasplantes que se realizan cada año.
Un país con alta carga de enfermedad renal
El Salvador es uno de los países latinoamericanos más afectados por la ERC. Estudios internacionales, como el Atlas Global de Salud Renal 2023, lo colocan con una prevalencia cercana al 12% y una mortalidad atribuida del 10%.
Actualmente, más de 7,300 personas reciben terapias sustitutivas como hemodiálisis o diálisis peritoneal, un número que aumenta cada año y que ejerce presión sobre el sistema de salud.
Avances: programas de trasplante y nuevas regulaciones
Desde 1985, el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) ha realizado alrededor de 900 trasplantes renales, siendo la principal institución del país en esta área. A esto se suman los recientes programas que hospitales nacionales como el Rosales y el Zacamil comenzaron a implementar entre 2023 y 2024.
En materia legal, la Ley Especial sobre Trasplantes de Células, Tejidos y Órganos Humanos —vigente desde 2023 y reformada en 2025— representa un avance importante. La normativa:
- Permite la donación cadavérica (tras muerte cerebral).
- Establece normas estrictas contra el tráfico de órganos.
- Crea la Dirección de Trasplantes dentro del Ministerio de Salud.
- Ordena la conformación de un registro unificado de donantes y receptores.
Sin embargo, expertos en nefrología advierten que varias de estas disposiciones aún no se aplican plenamente.
Lo que falta: donación cadavérica y lista nacional de espera
Aunque la ley autoriza la donación de órganos provenientes de personas fallecidas, este mecanismo todavía no se ha implementado. La ausencia de donación cadavérica limita dramáticamente el acceso a trasplantes.
Especialistas señalan dos vacíos principales:
1. Falta de una lista nacional de espera operativa
Aún no existe un registro único que permita ordenar a los pacientes por criterios médicos y transparentes.
2. Ausencia de protocolos para donantes fallecidos
Esto impide que decenas de órganos potencialmente viables puedan ser utilizados para salvar vidas.
La mayoría de trasplantes siguen dependiendo de un donante vivo, lo que reduce la cantidad de procedimientos y prolonga la espera de los pacientes.
Inversión pública y proyecciones
El Plan Estratégico Intersectorial para la ERC 2024–2028 destina $3.64 millones al fortalecimiento del Programa Nacional Integrado de Trasplante Renal.
El presupuesto se enfoca en:
- Crear y operar el Consejo Salvadoreño de Trasplantes.
- Implementar el Plan Nacional de Trasplante Renal.
- Mejorar infraestructura y capacitar personal especializado.
El Gobierno proyectó que desde 2024 el país podría alcanzar una capacidad de 100 trasplantes renales anuales, una meta ambiciosa que aún requiere consolidar los mecanismos legales y hospitalarios para hacerse realidad.
Cómo mejorar el sistema de trasplantes en El Salvador
Expertos en nefrología y salud pública coinciden en los mismos puntos clave:
1. Implementar de inmediato la donación cadavérica
Esto permitiría multiplicar el número de trasplantes, tal como ocurre en Uruguay, Chile o Brasil.
2. Activar un registro nacional transparente
Un sistema único, público y actualizado de pacientes en espera y donantes.
3. Capacitar personal en hospitales regionales
Para ampliar la red de centros aptos para trasplante y seguimiento postoperatorio.
4. Campañas permanentes de educación sobre donación
La donación de órganos requiere confianza pública, información clara y participación comunitaria.
5. Respuesta institucional más rápida a solicitudes de información
La transparencia fortalece la credibilidad del sistema y permite evaluar avances reales.
Un futuro posible
El trasplante renal es, para muchos salvadoreños, la diferencia entre vivir conectados a una máquina o recuperar una vida plena. Historias como la de Rafael Cartagena —un paciente trasplantado en 2022— demuestran que el procedimiento funciona, transforma y salva vidas.
Pero para que miles más tengan la misma oportunidad, El Salvador debe dar un paso decisivo: poner en marcha la donación cadavérica y ejecutar plenamente la Ley de Trasplantes.
Solo así el país podrá cerrar la brecha entre necesidad y capacidad, y ofrecer un sistema de salud más justo, humano y eficiente.


