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martes, 03 de agosto del 2021

Los que nos oponemos ¡unámonos!

Tenemos que construir un instrumento polí­tico nacional no intervenido.

La derecha

Hay sectores de derecha que no están de acuerdo con plegarse del todo al plan geopolí­tico estadounidense para Guatemala —el cual viene poniéndose en práctica desde las movilizaciones urbanas del año pasado y ahora transcurre la etapa de hacer pagar impuestos a la oligarquí­a para financiar un Estado capaz de administrar el Plan para la Prosperidad del Triángulo Norte de Centroamérica—, pues eso implica que nada cambiará y que el viejo sistema intrafamiliar monopolista seguirá produciendo desempleo, pobreza, ignorancia y delito, con la consecuente ausencia de futuro para los pequeños y medianos empresarios competidores. Hay también muchos propietarios burgueses y pequeñoburgueses (que no son oligarcas) en desacuerdo con estos designios fatales. Y no se diga amplios conglomerados de clase media y de los sectores populares, quienes dependen de sus salarios en pequeñas y medianas empresas y que son de derecha.

La izquierda

La izquierda tradicional adhirió a pie juntillas al proyecto geopolí­tico neoliberal. Esto marca el inicio de su desaparición, la cual habí­a tardado ya mucho en llegar. Es un hecho feliz porque su extinción dará lugar a una izquierda inmune a las mentalidades del canibalismo “fraterno” del conflicto armado, en el que la comandantitis de afiebrada imaginación heroica aplastó la creatividad polí­tica en nombre de un rí­gido dogma traicionado por sus propios oficiantes. La izquierda llamada a sustituir a la ex izquierda roja —devenida rosada al adherir al plan geopolí­tico globalizador neoliberal— está allí­, dispersa pero lista para converger en un proyecto nacional-popular. Y aunque sobre ella pese la fatalidad del designio de la potencia geopolí­tica, sin duda será capaz de negociar sus términos de relación con ésta en cuanto a la soberaní­a nacional y a la autonomí­a polí­tica necesarias para no dejar de ser un paí­s y evitar volvernos un protectorado. Estoy seguro de que esto lo entiende Estados Unidos, pues también en los ámbitos de su polí­tica exterior hay quienes preferirí­an esta opción nacionalista a la del protectorado del Estado oligárquico monopolista, productor incesante de masa ignara, pobrerí­as migrantes e inestabilidad social.

La convergencia

Urge por ello que los empresarios más sensatos —burgueses y pequeñoburgueses— y los militares crí­ticos y dignos, así­ como la izquierda dispersa, las organizaciones de la Guatemala profunda y las capas medias que aspiran a un futuro decoroso —con empleo y senderos seguros de ascenso social—, converjamos ya en un interés nacional interclasista e interétnico que nos sirva de base para fundar un movimiento polí­tico, económico, cultural y mediático que construya una hegemoní­a alternativa a la oligárquica y al cí­nico izquierdoderechismo entreguista auspiciado por ella.

La organización

Urge entonces darnos a la tarea de realizar reuniones pluralistas y convergentes para forjar un instrumento polí­tico nacional, no para servir al monopolismo oligárquico, sino a los intereses de las mayorí­as desempleadas, a fin de luchar por un bienestar social en el que los millonarios sean una minorí­a igual a la de los pobres, y la clase media constituya el grueso de la población. No hay tiempo que perder. Este gobierno se deshace y los dóciles cuadros de la izquierda rosada ya están —como resulta obvio en el flagrante caso del Ministerio de Salud— siendo ubicados en los puestos designados a los comediantes del circo estatal.

www.mariorobertomorales.info

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