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martes, 18 de mayo del 2021

Los paí­ses paradigmáticos

Estamos viviendo circunstancias muy especiales en el mundo. La ultraderecha está en franca ascensión. Bolsonaro en Brasil, Macri en Argentina y otros más; pareciera que las momias de las antiguas dictaduras militares, vuelven a la vida. Sin embargo, hay tres paí­ses, Cuba, Venezuela y Nicaragua, que, contra viento y marea, como veleros en medio de una feroz tormenta, se aferran a …

¿A qué se aferran?

Cuba vivió su célebre “periodo especial”, bajo un criminal bloqueo, donde faltó de todo. O casi de todo. El pronóstico era que el régimen caerí­a en poco tiempo. ¿Por qué no cayó?

Nicaragua, no hace mucho, estuvo bajo asedio de disidentes violentos, con un cerco diplomático, capitaneado por Trump. Otra vez, los pronósticos eran de inminente caí­da y nuevamente, fallaron. ¿Qué pasó?

Y la que se lleva la corona de la resistencia es Venezuela, con un asedio tan feroz, de parte de los sectores oscuros del gobierno mundial, que el enviado especial de la ONU, Alfred-Maurice de Zayas, en su informe (2018) dijo muy claramente, que las presiones que los Estados Unidos y sus aliados en contra de Venezuela, solo son comparables “con los asedios medievales de las ciudades, que se llevaban a cabo con la intención de obligarlos a rendirse”. A la fecha de hoy, Trump se ha pasado por el arco del triunfo (nunca mejor dicho) todos los informes, resoluciones, recomendaciones y hasta el aislamiento diplomático que ha tenido que enfrentar en los organismos internacionales, incluida la OEA, y ha arreciado el asedio. Pero Maduro sigue en Miraflores.

La camarilla que gobierna el paí­s del norte, ha embargado su dominio, su autoridad de gendarme del mundo (autonombrado) y hasta su dignidad, en su lucha contra el régimen venezolano. Ha colocado sus mejores piezas e intentado todas las herramientas que antes le han dado resultado, y Maduro sigue allí­. El apoyo mundial suma cada dí­a. Definitivamente, allí­ se juega más que un régimen, por lo demás, muy cuestionable, con grandes problemas y errores propios, pero que se ha convertido en el paradigma de la resistencia y la dignidad soberana.

Ahora bien, a esos gobiernos no lo defienden los aliados. Hay algo más. Es cierto que, en Venezuela, el factor Ejército Bolivariano es determinante. Hasta el mismo Ejército brasileño le paró la mano a Bolsonaro, con sus pretensiones invasoras. Pero la defensa de estos paí­ses viene de algo más profundo. La clave es que han aglutinado en torno a sus programas, a toda una población, incluso industriales, empresarios, comerciantes, etc. Hay un pueblo que ama su patria. Y eso tiene mucho que ver con la forma en que el gobierno ha sabido ligarse con la sociedad civil. Invadir a cualquiera de esos paí­ses, significarí­a un genocidio de civiles que ni Trump saldrí­a impune.

Y es, justamente en eso, que nuestra izquierda falló. Tanto los que se enquistaron en la burocracia, como los que siguen viviendo en el pasado, llorando a sus santones, no cultivaron la unidad con su pueblo.

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