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domingo, 25 de julio del 2021

Los grupos que el presidente ignora

Argentina tiene casi 200 profesionales de la salud mental por cada 100,000 habitantes; El Salvador tiene 39

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Las excepciones a la cuarentena oficial se restringen al necesario funcionamiento del aparato Estatal, producción de alimento y medios de comunicación. La consideración del presidente no alcanzó a visibilizar el impacto psicológico en tres grupos altamente susceptibles al encierro y la incertidumbre:  niñas y adolescentes, personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) y las personas con diagnósticos de ansiedad generalizada y/o depresión (TAGD).

La cuarentena oficial continúa reforzando que no es necesario considerar a estos grupos invisibilizados por las políticas públicas. Hace unos días las tres pandillas acordaron imponer en sus “canchas” su propia cuarentena. Ellos, al igual que el presidente, también ignoraron a estos grupos.

Por todo esto, es importante visibilizarlos y es necesario estar vigilantes a cualquier vulneración de derechos humanos hacia éstos.

  1. Niñas, adolescentes y mujeres víctimas de violencia

Según los últimos datos de Observatorio de la Violencia, la mitad de las agresiones sexuales ocurren dentro del hogar donde vive la víctima, y el victimario es un familiar cercano: papá, abuelo, tío o hermano. La edad del 75% de las víctimas es de tres a diecisiete años. Teniendo casi todas las instituciones volcadas a la pandemia, y con la poca importancia que el presidente le dedica a la Educación Sexual Integral sumado a una peligrosa postura sobre el derecho a decidir de la mujer si seguir o no con su embarazo, el problema de la violencia hacia las niñas, adolescentes y mujeres se vuelve mucho mayor. El 2017, se registraron 19,190 embarazos en niñas y adolescentes (UNFPA, 2019).

Si abarcáramos la violencia psicológica y física, las estadísticas fueran aún más preocupantes.

  1. Niñez, adolescentes y adultos con TEA

Casi siempre, las personas con TEA tienen inflexibilidad de pensamiento y de comportamiento. Necesitan saber qué va a pasar y que las cosas siempre sean igual. En otras palabras, que nadie ni nada les altere la rutina. para ellas el impacto de cuarentena domiciliar es mayor que para cualquier otra persona ya que ésta es una ruptura completa de los esquemas a los que tanto les ha costado adaptarse. El estrés y la incertidumbre que conlleva no saber lo que va a pasar a corto plazo (y ni el presidente ni su Gobierno ayudan a disminuir esa ansiedad) puede llevar a las personas con TEA a convertirse en personas agresivas o incluso a autolesionarse. Es fundamental que parte de las confusas excepciones de quiénes cumplen o no la cuarentena, esté explicito que la personas con TEA y sus cuidadores pueden salir a las calles por lo menos una vez al día.

  1. Personas diagnosticadas con TAGD

Es importante tener muy en cuenta la diferencia de estar triste, de tener miedo o estar preocupado a estar diagnosticados con un trastorno depresivo o de ansiedad generalizada. Las personas diagnosticadas con alguno de esos trastornos necesitan, en la mayoría de los casos, medicación recetada para evitar llegar a situaciones o comportamientos extremos como ataques de pánico o incluso ideas suicidas. La mayoría de ellas, asisten semanal o quincenalmente a terapia psicológica para, entre otras cosas, poder desarrollar herramientas y así lograr, poco a poco, estabilizar, reconocer y manejar sus emociones y sensaciones de una manera diferente.

La cuarentena domiciliar obligatoria altera el ánimo de cualquier persona, nadie está ni va a estar preparado para esto; sin embargo, el encierro, la falta de redes de apoyo, el distanciamiento físico y social, el discurso de miedo instalado por el Gobierno Central, la poca claridad y transparencia de los datos de las personas infectadas, la imposibilidad o extrema dificultad de moverse por la ciudad (por ejemplo, para ir a terapia psicológica) aumentaría significativamente la probabilidad de que las personas con el trastorno de ansiedad y/o depresión sufran un desequilibrio emocional profundo.

Argentina tiene casi 200 profesionales de la salud mental por cada 100,000 habitantes; El Salvador tiene 39.

Estos son solo cuatro de los muchos grupos vulnerables que vivir la cuarentena y el aislamiento será aún más difícil, pero no hay que olvidarnos de las personas que son víctima de extorsiones, que viven el desplazamiento forzado, los adultos mayores que viven solos, las 500 personas que salen diariamente del país hacia EEUU, entre muchísimos otros.

La empatía, ponernos en los zapatos del otro, no alcanza; tuitear desde el despacho presidencial o la comodidad de una residencial privada, tampoco.

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Alejandro Calderón
Analista  salvadoreño
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