Por Gabriel Impaglione.
Una guerra con Venezuela es asunto complejo y muy peligroso para Trump. Una invasión es su peor escenario y, se sabe, sin invasión no hay control de territorio (y bienes). Imponer un gobierno títere – en el hipotético caso que pueda descabezar el poder Bolivariano con misiles o alguna de esas cosas lanzadas desde la flota,- implica ocupación de territorio para detener la resistencia y no podrá garantizar las maniobras políticas de entrega de recursos, esto significa que los verdaderos objetivos no se alcanzarían, al menos por muchos años. Sin “garantías” de suceso solo provocará otra masacre, incendiará al pais en una guerra civil prolongada y el desgaste lo llevará a una nueva retirada que en el contexto internacional, y todo lo que se juega en función del nuevo orden, será una pesada carga ya no solo para su régimen.
EE. UU. compra hoy millones de barriles de crudo diario. Una guerra interrumpirá ese flujo de energía y no le conviene.
La oposición por sí misma en Venezuela no tiene el poder que se pretende demostrar en la propaganda. La derecha venezolana participa de la vida institucional del pais, con opiniones contrarias, y hasta ásperos debates pero sin vandalismo. Solo la ultraderecha con sede en Miami y vínculos con Trump y el fascismo internacional empuja a la guerra contra su propio pais. Corina Machado tardará muchos años en cumplir la promesa a sus patrocinadores (“olvídense de Arabia, tendrán el petróleo venezolano” les dijo a los yanquis a las pocas horas de recibir su nobel de la traición, antes de pedirle a EEUU que invadiera su pais.)
¿Es una buena inversión para Trump invadir Venezuela?
Desde donde se mire es poco probable, a pesar de la abismal asimetría militar. Podrá entrar con despiadada facilidad al pais, pero no saldrá de la misma manera. Hay millones de venezolanos armados, además de fuerzas armadas bien equipadas. No será lo mismo que invadir Granada o Panamá, en Venezuela se encontrará con unidad popular y el rechazo al invasor que enarbola inclusive una gran porción de la misma oposición.
El Gobierno anunció la captura de mercenarios vinculados con la CIA que ingresaron al pais para organizar ataques de falsa bandera contra objetivos norteamericanos. No es novedad para los yankis. La invasión de Irak se hizo sobre hipótesis jamás probadas. En el caso del Caribe, una bomba en una nave yanki podría desencadenar la respuesta de la flota y, por ende, el inicio de la guerra. El gran permiso para arrasar.
Hasta ahora no le alcanza a Trump con las ejecuciones ilegales en el Caribe. Esas lanchas no prueban nada, ni siquiera que se trate de narcos. La ONU declara que son ejecuciones extrajudiciales, pero poco la importa el organismo al gobierno norteamericano.
En Venezuela las agresiones jamás se detuvieron. el golpe de Estado a Chávez del 2002, que duró 2 días hasta que el pueblo lo devolvió al gobierno, los atentados a destilerías y redes de energía, guarimbas y amenazas, corina’s, guaidó’s y leopoldo’s, campañas de la ultraderecha internacional, el bloque total que lleva más de una década, 25 años de violencia política fríamente calculada desde Washington y Miami.
Circula una entrevista por internet realizada por el periodista Max Blumenthal al ex marine yanki Jordan Goudreau donde el mercenario relata con detalles sus trabajos para el gobierno norteamericano y los socios venezolanos dirigidos a provocar el descabezamiento del gobierno del presidente Nicolás Maduro. Habla de fondos abundantes, contactos políticos, su estadía en un campamento de Colombia para armar un foco desestabilizador paramilitar. Goudreau, jefe de la misión Gedeón de 2020 -intento de golpe mercenario fracasado- declaró que la CIA y el Gobierno de EEUU estuvieron vinculados a ese proyecto, el mismo Trump tenía la intención de provocar un cambio de gobierno y eliminar al presidente Maduro. También afirmó que “el cartel de los soles” fue un invento de la CIA en 1990.
El ex militar yanki está de frente a un juicio por tráfico de armas, resultante de sus negocios en sudamérica . La entrevista se encuentra fácilmente en la web.
La primera vez que visité Venezuela- 2012 si no me equivoco- viajábamos hacia Maracay desde Caracas y el conductor de la camioneta se detuvo en una estación de servicio, llenó el tanque, y… pagó con unas pocas monedas! La propiedad estatal del petróleo beneficiaba al pueblo. En ese camino, por la ventanilla vi al menos una decena de obras de construcción de enormes barrios populares casi ciudades, edificios de varios pisos, encaradas por la mision vivienda del gobierno para cubrir las necesidades de la población. Las ganancias del petróleo volvían a la gente. Vi museos abiertos y gratuitos, y teatros a pleno y ferias callejeras expresando un movimiento cultural fenomenal. Libros más baratos que comprar un café y jóvenes de ida y vuelta a la universidad por todas partes, con sus proyectos de vida en la boca. Un pueblo orgulloso de su cultura, de su historia, de su Patria.
Podrán faltar fondos para que todo funcione tan a pleno, podrán montar flotas en las olas del Caribe y ejecutar bloqueos, multiplicar el odio fascista, pero muchas cosas, entre ellas el amor a la Patria, no cambiarán en ese querido pueblo hermano.



