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viernes, 5 junio 2026
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Los cínicos de la política

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Por René Martínez Pineda

En El Salvador, se ha pasado por todos los estadios de la traición al pueblo, y quienes siempre han estado presentes han sido los cínicos de la política, quienes se encargaron, en los tiempos violentos, de normalizar la existencia de las pandillas (como algo inevitable) y legitimar la figura del pandillero como un sujeto social al que había que obedecer e imitar. En el punto más bajo de la perversidad cultural, a los líderes de las pandillas se les lavaron y besaron los pies. En los tiempos en los que el país casi resuelve el problema de la criminalidad, el papel de los cínicos de la política (sofistas que buscan pervertir la verdad pragmática de la gente) es ser los pregoneros de los derechos humanos de los victimarios y los portavoces de aquella “democracia perfecta” en la que, para ganar elecciones, no importaba el número de votos, sino el número de muertos, en la que no importaba el plan a largo plazo de nación, sino el plan de robo quinquenal.

Los cínicos de la política buscan, usando los sofismas más burdos, generar en la población una desconfianza profunda en la transformación del país, y hacer de los victimarios unas víctimas, pues ellos siempre han vivido de las víctimas, y para que eso sea así, necesitan que el victimario recupere el poder. Sin duda, los cínicos de la política son una versión tóxica de antipolítica, cuya agenda es el negacionismo, el cual va, de negarse a apoyar todo lo que beneficie al pueblo (eso lo hacen en la Asamblea Legislativa), hasta negar todo el daño causado por los grupos criminales. 

Los cínicos de la política, disfrazados de académicos o líderes, se empeñan en tratar de convencer al pueblo de que “todo está mal”, recurriendo a la manipulación más obscena de los datos. A esa manipulación le llaman “pensamiento crítico” (algo de lo que notoriamente carecen) o “análisis científico” (algo que jamás ha visitado el vecindario de su cabeza, por falta de formación elemental). Los cínicos buscan promover la apatía social (en quienes no son el nicho electoral de los victimarios) para que los números de aprobación al gobierno bajen, creyendo que eso les dará los números suficientes para recuperar el control de la Asamblea Legislativa y, al lograrlo, revertir todo lo actuado en materia de seguridad, teniendo como excusa la afirmación de que “las 90 mil detenciones efectuadas son arbitrarias”.

Como función ideológica, los cínicos de la política han ido perfeccionando la narrativa de los victimarios para manipular la opinión pública, y en esa retórica sofista la verdad social no importa. Sin embargo, en este calvario que El Salvador vivió durante 30 años, el pueblo sabe muy bien quién es Judas.

René Martínez Pineda
René Martínez Pineda
Sociólogo y escritor salvadoreño. Máster en Educación Universitaria

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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