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jueves, 4 junio 2026

“Lo dejaron morir”: la historia no contada del asesinato del Dr. Francisco José “Chachi” Guerrero

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Por Carlos Santos

Treinta y seis años después, el asesinato del abogado y político de derecha Francisco José Guerrero, dirigente del Partido de Conciliación Nacional, sigue envuelto en versiones contrapuestas. La versión oficial de 1989 lo atribuyó a la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional; su familia sostiene que, tras el atentado, lo dejaron morir por orden de altos mandos, cuando ya investigaba el asesinato de los jesuitas.

UN DISPARO EN EL CORAZÓN DE LA CAPITAL

La mañana del 28 de noviembre de 1989, San Salvador era una ciudad en estado de sitio. En la intersección del bulevar de Los Héroes y la Alameda Juan Pablo II, el automóvil del doctor Francisco José Guerrero fue interceptado por un comando armado.

Los disparos fueron inmediatos. El intercambio de fuego duró segundos. En el lugar murió Ángel Aníbal Álvarez, uno de los atacantes, abatido por los guardaespaldas de Guerrero. Otro de los agresores resultó herido y un tercero logró huir.

Guerrero quedó gravemente herido. Fue trasladado al hospital del Seguro Social. Horas después, murió.

Ese año, El Salvador vivía una oleada de atentados contra funcionarios públicos, magistrados y figuras del gobierno, en el marco de la ofensiva guerrillera iniciada en noviembre. Por ese contexto, la sospecha inicial recayó sobre el FMLN.

UN DIRIGENTE DE DERECHA QUE CRUZÓ UNA LÍNEA PELIGROSA

Guerrero no era un funcionario menor ni un político ambiguo.
Fue abogado, dirigente histórico del PCN, ex presidente de la Asamblea Legislativa, ex ministro de Relaciones Exteriores y magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Era, sin matices, un hombre del establishment de derecha.

Doce días antes de su asesinato, seis sacerdotes jesuitas y dos colaboradoras fueron masacrados en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. El crimen estremeció al país y desató una presión internacional sin precedentes.

Según el Informe de la Comisión de la Verdad, Guerrero “procedía con una investigación sobre el asesinato de los jesuitas y aparentemente había obtenido pruebas”. Para un dirigente del PCN, investigar ese crimen significaba tocar estructuras que sostenían al propio Estado.

Algunos colegas sostienen que compartió información con actores diplomáticos. Los archivos desclasificados de la Central Intelligence Agency y del Departamento de Estado no confirman ni desmienten esa versión.

Lo que sí es claro es que, en los días previos a su muerte, Guerrero dejó de ser un aliado confiable y pasó a ser un riesgo.

EL HOSPITAL Y LA ORDEN DE NO SALVARLO

La versión oficial sostiene que murió por la gravedad de las heridas.
Pero una fuente familiar cercana, su hija, relata otra historia.

“Una enfermera me dijo que habían recibido órdenes de no atenderlo. Que lo dejaran morir. Se desangró en la camilla.”

Según su testimonio, la decisión no fue médica, sino política.
Días después del sepelio, asegura haber recibido una advertencia directa de Francisco Merino, entonces figura influyente del poder político:

“Me dijo que dejara las cosas en paz. Que no siguiera hablando.”

No existen documentos públicos que confirmen esta amenaza. Pero tampoco hay un expediente médico completo que detalle qué procedimientos se intentaron —o no— para salvar a Guerrero. La Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos conserva denuncias por “anomalías en la atención hospitalaria” relacionadas con el caso, sin resolución pública.

EL SOSPECHOSO HERIDO Y EL EXPEDIENTE SIN CULPABLES

El atacante herido, César Ernesto Erazo Cruz, fue detenido. En el hospital declaró que el atentado había sido ejecutado “por orden del FMLN”. Posteriormente se retractó. Fue absuelto por un jurado.

Con Ángel Aníbal Álvarez muerto en el lugar y sin otros responsables identificados, el caso quedó judicialmente cerrado sin autores intelectuales.

En 2018, la Fiscalía General anunció la reapertura del expediente junto a más de 160 crímenes de guerra. No se informaron avances.

LA HIJA QUE NO ACEPTÓ EL SILENCIO

Han pasado más de tres décadas.
La hija de Guerrero conserva recortes, cartas y una libreta personal de su padre. En una página fechada el 21 de noviembre de 1989, una semana antes del atentado, él escribió:

“Estoy más cerca de la verdad de lo que ellos creen.”

—Esa fue su condena —dice ella—.
Mi padre no era de izquierda. Era un hombre de derecha. Y aun así lo mataron porque supo demasiado.

EL ECO DE UNA MUERTE INCÓMODA

Los archivos estadounidenses reducen el caso Guerrero a un episodio menor de la guerra.
Los tribunales salvadoreños lo archivaron.
El hospital nunca explicó qué ocurrió en la sala de emergencias.

Pero su muerte sigue siendo una anomalía histórica:
un dirigente del PCN, abatido en un atentado político, y luego —según su familia— abandonado a morir.

La pregunta persiste: ¿Murió Francisco José Guerrero por las balas… o por la orden de no salvarlo?

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Carlos Santos
Carlos Santos
Investigador y académico en temas de Derechos Humanos. Colaborador y columnista de ContraPunto

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