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sábado, 10 octubre 2026

Lionel Messi se despide de la selección argentina: lágrimas, gratitud y el final de una era irrepetible

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Por Alonso Rosales

Lionel Messi cerró el martes 6 de octubre de 2026 uno de los capítulos más extraordinarios de la historia del fútbol mundial. Después de 21 años defendiendo la camiseta de la selección argentina, el capitán disputó su último partido internacional con la Albiceleste ante su público, en el estadio Monumental de Buenos Aires, y transformó un encuentro amistoso en una despedida cargada de emoción, memoria y agradecimiento.

Argentina derrotó 3-0 a Benín, pero el resultado quedó en un segundo plano frente a la dimensión histórica de la jornada. Messi marcó el tercer gol, participó en las otras dos anotaciones y recibió el homenaje de más de 85.000 aficionados que llenaron las gradas para acompañar al futbolista que condujo a su país desde años de frustraciones hasta la conquista de la Copa del Mundo de Catar 2022.

A sus 39 años, el rosarino se despidió como máximo goleador histórico de la selección, con 126 tantos, y como el jugador con más presencias, con 208 partidos internacionales. Su trayectoria con Argentina incluyó dos títulos de la Copa América, el campeonato mundial de 2022 y una generación de recuerdos que modificó para siempre la relación entre el ídolo y su pueblo.

La noche no fue solamente el adiós de un deportista. Fue también el cierre de una historia colectiva en la que millones de argentinos aprendieron a celebrar, sufrir, esperar y finalmente alcanzar la gloria junto a su capitán.

Una despedida que paralizó al Monumental

Desde varias horas antes del encuentro, los alrededores del estadio de River Plate se convirtieron en un espacio de celebración. Las camisetas con el número 10, las banderas, las fotografías y los mensajes de agradecimiento acompañaron la llegada de familias enteras, jóvenes y aficionados que querían presenciar un momento irrepetible.

Las entradas se agotaron rápidamente y el ambiente tuvo un componente de nostalgia desde antes del pitazo inicial. Muchos seguidores comprendían que estaban asistiendo a una escena que difícilmente volverían a contemplar: Messi jugando por última vez con la camiseta argentina en el país que lo vio nacer.

La Asociación del Fútbol Argentino organizó la jornada como un homenaje nacional. La despedida reunió a aficionados y figuras vinculadas con distintas generaciones campeonas, incluidas personalidades de los equipos que conquistaron los mundiales de 1978, 1986 y 2022.

El mensaje era claro: el reconocimiento no estaba dirigido únicamente al futbolista que levantó la Copa del Mundo en Catar, sino también al joven que comenzó su recorrido internacional en 2005, al capitán que soportó críticas y derrotas, y al jugador que nunca dejó de perseguir el sueño de ganar con su país.

Las tribunas respondieron con cánticos, aplausos y una ovación constante. La frase «Messi no se va» resumió el sentimiento de quienes, aunque sabían que se trataba de una despedida, se resistían emocionalmente a aceptar el final.

Un último partido a la altura de su historia

El encuentro frente a Benín tuvo un desenlace favorable para Argentina. Después de un primer tiempo sin goles, Nicolás Otamendi abrió el marcador y permitió que la selección tomara el control del partido. Posteriormente, Nicolás Paz amplió la ventaja y Messi puso el broche final con el tercer tanto.

El capitán no se limitó a participar simbólicamente en su homenaje. Su actuación fue decisiva: marcó un gol y contribuyó con dos asistencias, una última demostración de la capacidad futbolística que lo convirtió en uno de los jugadores más influyentes de todos los tiempos.

El triunfo por 3-0 permitió que su despedida en casa terminara con una victoria, una imagen coherente con el período de éxitos que Argentina vivió durante los últimos años de su carrera internacional.

Sin embargo, lo que sucedió después del encuentro tuvo un significado mucho más profundo que el resultado.

Cuando terminó el partido, los compañeros rodearon al capitán y lo aplaudieron. Las cámaras captaron su rostro emocionado mientras el público cantaba su nombre. La celebración deportiva dio paso a un momento íntimo y colectivo en el que Messi tuvo que enfrentarse a la realidad de que ya no volvería a vestir la camiseta albiceleste en un partido internacional.

La despedida también estuvo acompañada de fuegos artificiales, música, homenajes audiovisuales y una puesta en escena que convirtió el estadio en un escenario de reconocimiento nacional.

El discurso de Messi: un homenaje a su padre, a sus compañeros y a la Argentina

El momento más conmovedor llegó cuando Messi tomó el micrófono en el centro del campo. Acostumbrado a expresarse más con el balón que con largos discursos, el capitán habló durante varios minutos ante una multitud que escuchaba cada palabra.

La emoción estaba presente desde el comienzo. En lugar de iniciar con una enumeración de títulos o récords, eligió recordar a su padre, Jorge Messi, fallecido el 8 de agosto de 2026. La ausencia familiar dio a la despedida una dimensión personal que trascendía el fútbol.

«Es difícil decir algo hoy, hay muchas emociones, se me cruzan muchas cosas. En lo primero que pienso es en mi viejo», expresó.

A continuación, agradeció la oportunidad de haber defendido durante más de dos décadas los colores de su país y recordó que su compromiso con la selección se mantuvo incluso durante los momentos más difíciles.

«Fue un orgullo muy grande defender esta camiseta durante más de 20 años. Hasta en los peores momentos que hemos pasado y hemos tenido, nunca dejé de luchar, de pelear, de dar el máximo y estar siempre», manifestó.

Sus palabras remitieron a una etapa en la que el jugador fue cuestionado por una parte de la afición argentina, especialmente después de las derrotas en las finales de la Copa América. Durante aquellos años, las comparaciones con Diego Armando Maradona y la exigencia de conquistar un título con la selección se convirtieron en una carga que acompañó a Messi en cada torneo.

La historia cambió con la Copa América de 2021, continuó con la Finalissima de 2022 y alcanzó su punto culminante con el Mundial de Catar, donde Argentina conquistó su tercera Copa del Mundo.

Pese a los triunfos, el futbolista reconoció que abandonar la selección no sería sencillo.

«No venir más va a ser un dolor muy grande. Les juro que me gustaría venir toda la vida, porque jugar en la selección argentina es lo más lindo que te puede pasar», afirmó.

La frase condensó el sentimiento de una despedida que no se producía por falta de cariño hacia la camiseta. Messi dejó claro que su decisión respondía a la convicción de que había llegado el momento de cerrar una etapa, aunque emocionalmente deseara prolongarla.

El Mundial y los sacrificios que quedaron detrás de la gloria

En otro pasaje de su intervención, Messi recordó el camino recorrido por el grupo y el desgaste que exigió la última Copa del Mundo. Reconoció que el equipo estuvo cerca de cumplir su sueño y rechazó las interpretaciones que pretendían explicar el desenlace mediante circunstancias extraordinarias.

«Tuvimos el sueño de volver a ser campeones del mundo, estuvimos muy cerquita y la realidad es que no pasó nada raro», señaló.

También se refirió al enorme esfuerzo físico y emocional que supuso el partido contra Inglaterra durante el torneo, una experiencia que, según explicó, dejó al equipo con un desgaste considerable.

El capitán quiso dejar claro que la conquista argentina no fue obra de una sola figura. Detrás del título estuvieron la disciplina, la solidaridad, el trabajo del cuerpo técnico y la capacidad de un grupo para mantenerse unido ante la presión.

«No tengan dudas de que todos los compañeros que tuve al lado siempre dejaron todo por esta camiseta», afirmó.

Ese reconocimiento fue uno de los ejes centrales de su discurso. Messi, cuya carrera estuvo marcada por los premios individuales, eligió despedirse poniendo el acento en la dimensión colectiva de sus éxitos.

El agradecimiento a sus compañeros y a la afición

El capitán agradeció a los futbolistas con los que compartió la etapa más exitosa de la selección y destacó que el grupo le permitió alcanzar los objetivos que había perseguido desde niño.

Recordó especialmente los títulos de la Copa América, la Finalissima y el Mundial, y describió a sus compañeros como jugadores dispuestos a entregarlo todo por la camiseta.

También evocó la recepción popular que Argentina vivió después de ganar la Copa del Mundo. Para Messi, regresar al país como campeón mundial y encontrarse con la multitud fue uno de los recuerdos más intensos de su trayectoria.

Explicó que todavía se emociona cuando vuelve a ver las imágenes de aquella celebración, que quedó grabada tanto en su memoria como en la de sus familiares y compañeros.

El futbolista agradeció, además, el apoyo que recibió en cada ciudad y en cada estadio donde jugó con la selección. Destacó que los aficionados acompañaron al equipo incluso en encuentros disputados lejos de casa y realizaron grandes esfuerzos para estar presentes en los torneos internacionales.

En ese reconocimiento había también una reconciliación histórica. El jugador que durante años soportó críticas terminaba su trayectoria internacional convertido en un símbolo nacional, aclamado por miles de personas que lo reconocían como uno de los grandes protagonistas de la historia deportiva argentina.

Las palabras de sus compañeros: admiración, lágrimas y gratitud

La despedida de Messi también fue una despedida emocional para los futbolistas que compartieron con él los momentos más importantes de la historia reciente de Argentina.

Uno de los mensajes más significativos llegó de Rodrigo De Paul, uno de sus compañeros más cercanos dentro de la selección. El mediocampista publicó en Instagram una reflexión que resumió la relación construida entre Messi y el pueblo argentino:

«No sé si alguna vez existió una historia de amor entre un jugador y una nación tan grande como la que vos construiste».

La frase reflejó algo que trascendió los goles y los títulos: la transformación de una relación que durante años estuvo marcada por exigencias y cuestionamientos en un vínculo de admiración y afecto colectivo.

Enzo Fernández fue otro de los futbolistas que no pudo ocultar sus sentimientos. El mediocampista se mostró profundamente emocionado mientras escuchaba el discurso del capitán y lloró durante el homenaje. Su reacción simbolizó el impacto que Messi tuvo sobre una generación de jugadores que encontró en él a su principal referente.

El vínculo entre ambos tenía, además, una historia anterior a su convivencia en la selección. Fernández había expresado su admiración por Messi desde joven, incluso cuando el rosarino atravesaba uno de los momentos más difíciles de su relación con la afición argentina. Verlo despedirse como campeón del mundo convirtió aquella admiración en una experiencia especialmente emotiva.

Los compañeros se acercaron al capitán para abrazarlo y aplaudirlo. Después de su intervención, el grupo comenzó a cantarle una canción popular de la afición argentina, adaptada para celebrar los triunfos obtenidos junto a él. El gesto convirtió el homenaje oficial en una despedida entre amigos y compañeros que habían compartido años de concentraciones, viajes, derrotas y celebraciones.

Nicolás Otamendi, quien abrió el marcador frente a Benín, también ocupó un lugar destacado en la jornada. El defensor cerró su última presentación internacional en un partido que coincidió con el final de la trayectoria de Messi en la selección. Ambos formaron parte de una generación que aprendió a convivir con la presión de representar a un país que exige resultados y que terminó conquistando los títulos más importantes.

El entrenador Lionel Scaloni también acompañó la despedida en un ambiente de profunda emoción. Su ciclo al frente de Argentina quedó estrechamente ligado al renacimiento competitivo del equipo y a la recuperación de la confianza de Messi en la posibilidad de alcanzar los objetivos que durante tanto tiempo se le habían escapado.

La despedida no perteneció exclusivamente al capitán. Fue también un reconocimiento a los futbolistas, entrenadores y trabajadores que formaron parte del proceso que llevó a Argentina desde la frustración hasta la gloria.

El abrazo de la familia y la última vuelta olímpica emocional

Después del discurso, Messi se reencontró con su familia en el campo de juego. Su esposa, Antonela Roccuzzo, y sus hijos compartieron con él un momento de enorme intensidad emocional. Thiago, su hijo mayor, rompió en llanto y recibió el abrazo de su padre.

La escena mostró el costado más íntimo de una figura acostumbrada a vivir bajo la mirada permanente de millones de personas. Durante años, Messi había representado a su país en los escenarios más exigentes del fútbol mundial, pero aquella noche el protagonista no era solamente el campeón: era también el hijo que recordaba a su padre, el esposo que abrazaba a su familia y el hombre que se despedía de una parte fundamental de su vida.

Luego recorrió el estadio para saludar a los aficionados. Cada paso estuvo acompañado por aplausos, cánticos y muestras de afecto. Las luces, los fuegos artificiales y un espectáculo de drones prolongaron el homenaje mientras el público intentaba retener los últimos instantes de su capitán sobre el césped.

Messi había llegado a la selección como un joven de Rosario que emigró a Barcelona a los 13 años para desarrollar su talento. Se marchaba convertido en el futbolista con más partidos y más goles de la historia de la Albiceleste.

El final de una carrera internacional y el comienzo de otra relación con la selección

En la parte final de su discurso, Messi reconoció que extrañaría jugar con Argentina, pero explicó que continuaría acompañando al equipo desde las tribunas.

«Hoy, nuevamente acá, seguramente me toca vivir el día más triste de mi carrera, porque es donde le digo adiós a la selección y a todos ustedes», expresó.

Y agregó que, aunque dejaría de defender los colores nacionales dentro del campo, seguiría apoyando a los futbolistas que tomarán el relevo.

Su mensaje incluyó una advertencia sobre el futuro. Argentina, sostuvo, atravesará inevitablemente momentos complicados, porque mantener una etapa de éxitos tan prolongada no es sencillo. Por eso insistió en que la fortaleza del grupo será determinante para alcanzar nuevas metas.

«Para conseguir objetivos grandes hay que hacer grupos fuertes y unidos», señaló, en una reflexión que puede interpretarse como un legado para las próximas generaciones.

El capitán también agradeció a Dios y reiteró su orgullo por haber nacido en Argentina. Sus últimas palabras estuvieron dirigidas a la afición, a la que aseguró que quería y que extrañaría.

La despedida concluyó con el estadio entregado a su ídolo. Messi se retiró del campo entre ovaciones, después de una última actuación que combinó eficacia deportiva y emoción personal.

De las críticas a la consagración: la historia de una reconciliación

Para comprender la magnitud de esta despedida es necesario recordar que la relación entre Messi y Argentina no siempre fue sencilla.

Durante sus primeros años con la selección mayor, el futbolista era admirado en el extranjero por sus actuaciones con el Barcelona, pero en su propio país algunos sectores de la afición consideraban que no reproducía con la camiseta nacional el nivel que mostraba en su club.

La comparación permanente con Diego Maradona, el ídolo que condujo a Argentina al título mundial de 1986, añadió una presión extraordinaria. Messi perdió las finales de la Copa América de 2007, 2015 y 2016, además de la final del Mundial de 2014. Después de la derrota frente a Chile en 2016, anunció brevemente su retirada de la selección.

Aquella decisión generó una reacción nacional y abrió un debate sobre las exigencias impuestas a sus deportistas más importantes. Messi regresó y continuó intentando conseguir el título que faltaba en su carrera internacional.

La victoria en la Copa América de 2021, obtenida ante Brasil en el estadio Maracaná, representó el punto de inflexión. Argentina volvió a ganar un gran torneo y Messi consiguió su primer título oficial con la selección absoluta.

Después llegaron la Finalissima, el Mundial de Catar 2022 y otra conquista continental en la Copa América de 2024. El futbolista que había sido cuestionado terminó convertido en el líder de una de las etapas más exitosas de la historia argentina.

La despedida de 2026 cerró ese ciclo con una imagen distinta a la de sus años más difíciles: un estadio lleno, compañeros emocionados y una afición que ya no necesitaba exigirle nada más.

Un legado que va más allá de los récords

Messi se retira de la selección con cifras extraordinarias: 208 partidos, 126 goles y dos títulos de la Copa América, además de la Finalissima y la Copa del Mundo de 2022. Su trayectoria incluye también el campeonato mundial sub-20 de 2005 y la medalla de oro olímpica de 2008.

Sin embargo, reducir su legado a una estadística sería insuficiente. Su carrera con Argentina fue una historia de perseverancia, presión pública, derrotas dolorosas y una capacidad excepcional para volver a intentarlo.

El fútbol argentino deberá aprender a vivir sin su capitán. Otros jugadores ocuparán el espacio en la cancha y nuevas figuras intentarán conducir a la selección hacia futuros campeonatos. Pero reemplazar su presencia simbólica será mucho más difícil que sustituirlo tácticamente.

El propio Messi parece comprenderlo. Por eso su despedida estuvo marcada menos por la enumeración de sus éxitos que por el agradecimiento a quienes lo acompañaron en el camino.

La imagen final de la noche fue la de un hombre que había cumplido el sueño de su infancia, pero que todavía encontraba difícil separarse de aquello que más amaba: jugar para su país.

Cuando Messi dijo que extrañaría la camiseta argentina, no se refería solamente al uniforme, al estadio o a la competencia. Hablaba de una identidad compartida con millones de personas, de una historia construida durante más de dos décadas y de un vínculo que sobrevivirá a su retirada.

El 6 de octubre de 2026 quedará como la fecha en que Lionel Messi se despidió de la selección argentina. Lo hizo con una victoria, un gol, dos asistencias, lágrimas y palabras de gratitud.

Pero, sobre todo, se marchó con el reconocimiento de una nación que terminó comprendiendo que había sido testigo de una carrera excepcional.

La camiseta número 10 tendrá nuevos dueños y Argentina continuará su camino. Messi, entretanto, seguirá vinculado al fútbol y a su país desde otra posición. La etapa internacional llegó a su final, pero su lugar en la memoria colectiva argentina ya forma parte de la historia.

Fuentes consultadas

El País: cobertura de la despedida de Messi en el estadio Monumental, 7 de octubre de 2026.

Asociación del Fútbol Argentino (AFA): crónica del triunfo de Argentina por 3-0 ante Benín y discurso de despedida de Lionel Messi.

Associated Press (AP): Argentina bids Messi farewell in final national team match, ending an era, 6 de octubre de 2026.

Infobae: El discurso completo de Messi en su despedida de la Selección y el llanto de Enzo Fernández, 7 de octubre de 2026.

Reuters: Messi signs off in tears after one last Argentina master class, 7 de octubre de 2026.

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