spot_img
martes, 29 septiembre 2026

La Selecta en caída libre: el 6-0 que desnuda el fracaso de un modelo

¡Sigue nuestras redes sociales!

Por Alonso Rosales

Guatemala no inventó la crisis del fútbol salvadoreño: simplemente la expuso con seis goles. El problema va mucho más allá de “Bolillo” Gómez y alcanza a toda una estructura incapaz de producir una selección competitiva.

Hay derrotas que duelen y hay derrotas que obligan a hacer preguntas.

El 6-0 de Guatemala contra El Salvador pertenece a la segunda categoría.

No fue simplemente una noche desafortunada. No fue únicamente un mal planteamiento táctico. Tampoco puede explicarse todo con la actuación de uno o dos futbolistas. La goleada volvió a colocar frente al espejo una realidad que el fútbol salvadoreño lleva demasiado tiempo intentando esconder: la Selecta no solamente está perdiendo partidos; está perdiendo credibilidad ante su propia afición.

Seis goles después, resulta difícil hablar de accidente.

Guatemala fue superior, encontró espacios, impuso condiciones y convirtió su dominio en una goleada que dejó a El Salvador sin respuestas convincentes. La Selecta mostró enormes dificultades para generar juego, recuperar la iniciativa y reaccionar cuando el partido comenzó a escaparse.

Y cuando un equipo nacional llega a ese punto, la discusión ya no puede limitarse a quién se equivocó en la cancha.

“El Bolillo” es parte del problema, pero no explica todo

Lo que piensan muchos aficionados

Hernán Darío “Bolillo” Gómez quedó nuevamente en el centro de las críticas.

La afición cuestiona su planteamiento, el carácter defensivo del equipo y la falta de una propuesta ofensiva reconocible. Después del 6-0, esos cuestionamientos son comprensibles dentro del debate deportivo.

Pero existe una pregunta todavía más incómoda:

¿Cuántos entrenadores tienen que pasar por la Selecta para reconocer que el problema es mucho más profundo?

El Salvador ha cambiado técnicos, sistemas y jugadores. Han llegado nuevas promesas, nuevos discursos y nuevos proyectos. Sin embargo, los resultados estructurales siguen siendo insuficientes.

Por eso, convertir a “Bolillo” Gómez en el único responsable sería demasiado cómodo.

Un entrenador puede equivocarse. Puede plantear mal un partido. Puede fracasar en la construcción de un equipo.

Pero no puede ser responsable de décadas de deficiencias en la formación de futbolistas.

El discurso del “proceso” necesita resultados

Una de las palabras más utilizadas en el fútbol contemporáneo es “proceso”.

El problema aparece cuando el proceso se convierte en una especie de refugio para justificar indefinidamente resultados que no llegan.

Un proceso serio necesita objetivos, evaluación y resultados medibles.

Necesita explicar qué futbolistas jóvenes están siendo desarrollados, qué identidad de juego se pretende construir, cómo se está fortaleciendo la competencia nacional y qué mecanismos existen para detectar y formar talento.

La afición tiene derecho a preguntar:

¿Cuál es el proyecto deportivo de la Selecta?

¿Dónde está la generación que debería sustituir progresivamente a los jugadores actuales? ¿Qué se está haciendo para que el futbolista salvadoreño pueda competir contra selecciones que han avanzado en infraestructura, formación y profesionalización?

El 6-0 vuelve a poner esas preguntas sobre la mesa.

La dirigencia tampoco puede esconderse detrás del resultado

La responsabilidad institucional debe formar parte de la conversación.

La FESFUT y quienes conducen el fútbol salvadoreño tienen que explicar hacia dónde se dirige el proyecto nacional.

No basta con contratar entrenadores, organizar concentraciones o esperar que una nueva generación aparezca espontáneamente.

El fútbol moderno exige planificación.

Exige formación.

Exige estadísticas, seguimiento de talentos, trabajo juvenil, mejores competencias y una estrategia de largo plazo.

Si después de años los problemas siguen siendo prácticamente los mismos, entonces el debate no puede limitarse a los noventa minutos de cada partido.

Hay que revisar el modelo.

La afición dejó de pedir milagros

Las reacciones posteriores a la goleada son quizá el elemento más revelador.

En las redes sociales aparecieron insultos, sarcasmo, frustración y llamados a realizar cambios. Algunos aficionados cuestionaron directamente al entrenador; otros señalaron a los jugadores y a la dirigencia.

También aparecieron acusaciones graves, como referencias a supuestos amaños. Esas afirmaciones no pueden convertirse en hechos periodísticos sin pruebas. Pero sí existe un dato que resulta imposible ignorar: el nivel de desconfianza de algunos aficionados hacia su propia selección.

Y eso es mucho más grave que una derrota.

Porque una selección puede perder y conservar el respaldo de su gente.

Lo verdaderamente peligroso ocurre cuando la afición deja de esperar una reacción y comienza a asumir la derrota como algo normal.

Seis goles, una crisis de años

Guatemala marcó seis goles en un partido.

Pero los problemas del fútbol salvadoreño no comenzaron en Guatemala.

La goleada simplemente los hizo visibles.

El Salvador necesita discutir seriamente qué fútbol quiere construir. No solamente qué entrenador quiere contratar. No solamente qué jugadores quiere convocar. No solamente cómo evitar otra goleada.

La discusión debe comenzar mucho antes.

En las academias.

En las categorías juveniles.

En los clubes.

En la liga profesional.

En la formación de entrenadores.

En la infraestructura.

En la detección de talento.

Y, sobre todo, en una dirigencia capaz de asumir responsabilidades y presentar resultados verificables.

Porque cambiar al entrenador puede modificar una alineación.

Cambiar algunos jugadores puede modificar un equipo.

Pero ningún cambio cosmético va a solucionar una estructura que lleva años produciendo los mismos resultados.

El 6-0 ante Guatemala debería ser algo más que otra vergüenza deportiva que se olvida cuando llega el siguiente partido.

Debería ser un punto de inflexión.

La Selecta no necesita discursos triunfalistas después de una victoria ni explicaciones después de una goleada.

Necesita un proyecto futbolístico serio, transparente y sostenible.

Y la afición salvadoreña, después de tantos años de frustraciones, tiene derecho a exigir que se le explique qué se está construyendo y cuándo comenzarán a verse resultados.

Porque seis goles pueden caber en el marcador de un partido.

La desilusión de una afición, en cambio, puede tardar años en recuperarse.

También te puede interesar

Últimas noticias