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domingo, 17 de octubre del 2021

Lecciones de los antiglobalistas

El Estado de bienestar se convirtió en parte integral del éxito de los paí­ses escandinavos. Ellos comprendieron que la única prosperidad sostenible es la prosperidad compartida. Esta es una lección que ahora deben aprender Estados Unidos y el resto de Europa.

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NUEVA YORK ““ La probable victoria de Emmanuel Macron en las elecciones presidenciales francesas ha generado un suspiro de alivio a nivel mundial. Por lo menos Europa no se dirige por el camino proteccionista que el presidente Donald Trump obliga a tomar a Estados Unidos.

 Sin embargo, los defensores de la globalización aún no deben descorchar el champán: los proteccionistas y los defensores de la “democracia iliberal” están en aumento en muchos otros paí­ses. Y, el hecho de que alguien que es un fanático declarado y mentiroso consuetudinario hubiese podido conseguir la cantidad de votos que Trump obtuvo en Estados Unidos, y que alguien de la extrema derecha como Marine Le Pen vaya a estar en la segunda vuelta con Macron el 7 de mayo, deberí­a causar profunda preocupación.

Algunos asumen que una gestión deficiente de Trump y su evidente incompetencia deberí­an ser suficientes para mitigar el entusiasmo por panaceas populistas en el resto del planeta. Asimismo, se puede decir casi con certeza que los electores estadounidenses del cinturón de óxido que apoyaron a Trump estarán en peor situación dentro de cuatro años, y que los votantes racionales con seguridad entenderán dicha situación.

Pero serí­a un error llegar a la conclusión de que el malestar con la economí­a global ““ al menos con la forma cómo la economí­a global trata a grandes cantidades de los que forman parte de (o anteriormente formaban parte de) la clase media ““ ha llegado a su punto máximo. Si las democracias liberales desarrolladas mantienen polí­ticas de status quo, los trabajadores desplazados continuarán siendo marginados. Muchos de ellos sentirán que al menos Trump, Le Pen, y sus semejantes aseveran sentir el dolor de dichos trabajadores. La idea de que los votantes vayan a volcarse en contra del proteccionismo y el populismo por su propia voluntad puede ser nada más que una vana ilusión cosmopolita.

Los defensores de las economí­as liberales de mercado deben entender que muchas reformas y avances tecnológicos pueden dejar a algunos grupos ““ posiblemente a grupos numerosos ““ en peor situación. Según los principios rectores, estos cambios aumentan la eficiencia económica, permitiendo a los ganadores compensar a los perdedores. Sin embargo, si los perdedores continúan en peor situación, ¿por qué deberí­an ellos apoyar la globalización y las polí­ticas a favor del mercado? De hecho, va a favor de sus propios intereses girar su apoyo hacia polí­ticos que se oponen a esos cambios.

Por lo tanto, la lección debe ser obvia: en ausencia de polí­ticas progresistas, incluyendo la carencia de sólidos programas de bienestar social, reeducación laboral y otras formas de asistencia a personas individuales y comunidades relegadas por la globalización, los polí­ticos a la Trump pueden convertirse en una presencia permanente dentro del paisaje.

Los costos impuestos por estos polí­ticos son altos para todos nosotros, incluso si ellos no logran alcanzar plenamente sus ambiciones proteccionistas y nativistas, esto ocurre debido a que estos polí­ticos se aprovechan del miedo, exacerban el fanatismo y prosperan dentro de un peligroso enfoque polarizado de nosotros versus ellos. Trump ha lanzado sus ataques de Twitter contra México, China, Alemania, Canadá  ““ y muchos otros ““ y con seguridad la lista crecerá a medida que Trump esté más tiempo en el cargo. Le Pen ha apuntado sus ataques hacia los musulmanes, pero sus comentarios recientes que niegan la responsabilidad francesa con respecto a acorralar a judí­os durante la Segunda Guerra Mundial revelaron su persistente antisemitismo.

 

El resultado de todo esto podrí­a ser rupturas nacionales profundas, y tal vez irreparables. En Estados Unidos, Trump ya ha disminuido el respeto que se tiene por la Presidencia y lo más probable es que él al irse deje atrás un paí­s aún más dividido.

No debemos olvidar que antes de los albores de la Ilustración, misma que acogió a la ciencia y la libertad, los ingresos y los estándares de vida estuvieron estancados durante siglos. Sin embargo, Trump, Le Pen y los otros populistas representan la antí­tesis de los valores de la Ilustración. Sin ruborizarse, Trump cita “hechos alternativos”, niega el método cientí­fico y propone masivos recortes presupuestarios que afecten la investigación realizada con fondos públicos, incluyendo aquella relativa al cambio climático, que Trump cree que es un engaño.

El proteccionismo defendido por Trump, Le Pen y otros plantea una amenaza similar a la economí­a mundial. Durante tres cuartas partes de un siglo, se ha intentado crear un orden económico mundial basado en reglas, en el que los bienes, servicios, personas e ideas pudiesen moverse más libremente a través de las fronteras. Ante el aplauso de sus compañeros populistas, Trump ha lanzado una granada de mano a esa estructura.

Ante la insistencia de Trump y sus acólitos relativa a que las fronteras realmente revisten importancia, las empresas pensarán dos veces al momento de construir sus cadenas de suministro globales. La incertidumbre resultante desalentará las inversiones, sobre todo las inversiones transfronterizas, lo que disminuirá el impulso para un sistema global basado en reglas. Al tener menos inversiones en el sistema, los defensores de dicho sistema tendrán menos incentivos para impulsarlo.

Esto será problemático para el mundo entero. Nos guste o no, la humanidad permanecerá conectada globalmente, enfrentando problemas comunes como el cambio climático y la amenaza del terrorismo. Se debe reforzar, no debilitar, la capacidad y los incentivos para trabajar cooperativamente con el propósito de resolver estos problemas. 

La lección que todo esto nos deja es algo que los paí­ses escandinavos aprendieron hace mucho tiempo. Los paí­ses pequeños de la región comprendieron que la apertura era la clave del rápido crecimiento económico y la prosperidad. No obstante, si iban a permanecer abiertos y democráticos, sus ciudadanos tení­an estar convencidos de que no se debí­a relegar a segmentos importantes de la sociedad.

Por consiguiente, el Estado de bienestar se convirtió en parte integral del éxito de los paí­ses escandinavos. Ellos comprendieron que la única prosperidad sostenible es la prosperidad compartida. Esta es una lección que ahora deben aprender Estados Unidos y el resto de Europa.

Traducción del inglés: Rocí­o L. Barrientos.

Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de economí­a, es profesor universitario de la Universidad de Columbia y economista en jefe de la Institución Roosevelt. Su libro más reciente es The Euro: How a Common Currency Threatens the Future of Europe.

Copyright: Project Syndicate, 2017. www.project-syndicate.org

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