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martes, 18 de mayo del 2021

Las superpotencias migratorias

  

LONDRES ““ Hemos entrado a la era de las migraciones. Si todos quienes viven fuera del paí­s donde nacieron se unieran para formar su propia “república de los desarraigados”, serí­a el quinto mayor paí­s del mundo, con una población de más de 240 millones.

Si bien se ha escrito mucho sobre cómo el movimiento migratorio mundial está cambiando las situaciones polí­ticas internas de los paí­ses,  se ha prestado poca atención a sus efectos geopolí­ticos. Pero ya está creando tres tipos de superpotencias migratorias: las neocolonialistas, las integradoras y las intermediarias.

Las neocolonialistas nos recuerdan a los colonos europeos que se diseminaron por el mundo en los siglos XVIII y XIX, beneficiándose no sólo a ellos mismos sino a sus paí­ses de origen. De manera similar, las poblaciones más móviles del siglo veintiuno están ayudando a sus patrias  a lograr acceso a mercados y tecnologí­as, así­ como a tener una voz polí­tica en el mundo.

El periodista estadounidense Howard W. French describe cómo África se ha convertido en el “segundo continente de China“,  con más de un millón de nuevos habitantes chinos en el África subsahariana, y en casi cada continente se vive una situación similar: hay más ciudadanos chinos viviendo fuera de su patria que franceses viviendo en Francia. Cuando esos migrantes regresan a China, sus capacidades se aprovechan al máximo. Conocidos en China como “tortugas de mar”, dominan el sector tecnológico de su paí­s.

También India posee una gran diáspora de unos 20 millones de ciudadanos altamente exitosos e hiperconectados. Una de cada diez compañí­as de Silicon Valley ha sido creada por emprendedores de origen indio. El director ejecutivo de Microsoft lo es, así­ como el inventor del procesador Intel Pentium, el ex director de tecnologí­a de Motorola y  el director ejecutivo de Google.

¿Cómo beneficia esto a India? Para comenzar, el paí­s recibe más de $70 mil millones  en remesas cada año, la mayor cifra mundial, que representa cerca del 4% de su PGB, más de lo que destina a educación. Y si bien tal vez no sea posible establecer una conexión causal, el flujo de entrada de indios a Estados Unidos ha coincidido con un cambio en las orientaciones  geopolí­ticas de ambos paí­ses, como lo evidenció el histórico acuerdo nuclear de 2008 por el que EE.UU. abandonaba su polí­tica de equidistancia entre India y Pakistán.

Con tanta gente desplazándose, hasta es posible convertirse en una superpotencia migratoria sin ser reconocida como estado. Los kurdos, que  se estima son unos 35 millones y se ven a sí­ mismos como una nación sin  paí­s, se están convirtiendo en uno de los pueblos migrantes más polí­ticamente activos de Europa. Probablemente no sea una coincidencia el que los gobiernos de Suecia y Alemania, donde hay gran cantidad de habitantes de este origen, presten apoyo militar a los peshmerga kurdos en su lucha contra el Estado Islámico (ISIS).

El segundo tipo de superpotencia es la integradora. Se pueden llenar bibliotecas enteras con libros sobre cómo se ha beneficiado Estados Unidos de su capacidad de transformar a inmigrantes de todo el mundo en ciudadanos estadounidenses. De manera similar, Angola y Brasil han revertido la fuga de cerebros y reciben hoy un flujo importante de migrantes de Portugal, su antigua potencia colonial. Pero los experimentos que más llaman la atención hoy son Israel y el ISIS.

La inmigración desde la diáspora es esencial para Israel, lo que se refleja en la palabra hebrea que la designa: aliyah,  derivada del verbo “ascender”. De hecho, el gobierno proporciona “consultores de aliyah”, así­ como vuelos de llegada gratuitos, clases de  idioma y apoyo práctico. Como resultado, la población del paí­s se ha multiplicado por nueve desde su fundación en 1948.

En Start-up Nation: La historia del milagro económico de Israel, que  escribió en conjunto con Saul Singer, el escritor y asesor polí­tico estadounidense Dan Senor plantea una pregunta fundamental. “¿Cómo es posible que Israel, un paí­s de 7,1 millones de habitantes de sólo sesenta años de historia y rodeado de enemigos, produzca más start-ups  que naciones grandes, pací­ficas y estables como Japón, China, India, Corea, Canadá y el Reino Unido?”. Por supuesto, la respuesta es la inmigración.

Los lí­deres del ISIS no estarí­an muy contentos con la comparación, pero el rápido crecimiento territorial de su grupo recoge algunas lecciones de Israel. Puede que nadie reconozca oficialmente al llamado Estado Islámico, pero está afianzándose gracias a la inmigración. Según el Soufan Group, cerca de 30.000 personas de 86 paí­ses han viajado a territorios controlados por el ISIS en Siria e Irak.

El tercer tipo de superpotencia migratoria es la intermediaria, que usa su posición geográfica para lograr concesiones de vecinos temerosos de la inmigración. El ejemplo más notable es Turquí­a, que en el pasado se vio obligada a rogar ser miembro de la UE y ahora dicta los términos de su relación con Bruselas. Una transcripción filtrada de un encuentro reciente con los lí­deres europeos reveló cómo el Presidente Recep Tayyip  Erdogan amenazó con enviar a los refugiados en buses a Grecia y Bulgaria si no se aceptaban sus exigencias.

Ní­ger es otro ejemplo. Como importante paí­s de paso para un 90% de los migrantes de África occidental en su travesí­a hacia Italia, logró obtener €600 millones ($680 millones) del último presupuesto de ayuda de  la UE. Al hacerlo, siguió el ejemplo de Muamar Gadafi de Libia, quien advirtiera que Europa “se teñirí­a de negro” si no le pagaba por retener a los migrantes que intentaban cruzar el Mediterráneo.

Si las potencias desarrolladas que primero se beneficiaron de la globalización del comercio se conocen como el G-7, los paí­ses, regiones y  organizaciones que se están beneficiando de la migración (China, India,  Kurdistán, Israel, ISIS, Turquí­a y Ní­ger) se podrí­an denominar como el M-7. A medida que el control de los flujos de población se convierte en un tipo de poder, los estados que imiten al M-7 tendrán la oportunidad de aumentar su peso geopolí­tico.

Para Occidente, el mayor reto será conciliar las presiones internas de sus paí­ses para cerrar las fronteras con las ventajas geopolí­ticas de  acoger a los migrantes. Por el momento, parece que el G-7 (para el que,  de alguna manera, la entrada de un flujo de refugiados fácilmente financiable se ha convertido en una “crisis”) seguirá contribuyendo al ascenso del M-7.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

  Mark Leonard es Director del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

© Project Syndicate 1995″“2016

Mark Leonard
Mark Leonard
Mark Leonard es un científico político británico y escritor. Es el director del Consejo europeo de Relaciones Exteriores. Analista internacional y columnista de ContraPunto

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