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sábado, 23 de octubre del 2021

Las iglesias que promueven odio

La primera Constitución «del Salvador» en 1824 suscribí­a: la religión del Estado es la misma que la de la República, a saber: la Católica, Apostólica y Romana, con exclusión del ejercicio público de cualquiera otra. 17 años después cambió. Para 1841 si bien la religión católica era la única verdadera y el Estado la protegerí­a con leyes sabias y justas dejaba abierta la posibilidad para que todo hombre fuera libre según su conciencia para adorar a Dios. Ninguna autoridad o poder podí­a perturbar o violentar las creencias privadas. 23 años de paz religiosa cambiaron. Una ola de intolerancia reinó en 1864 en El Salvador porque no solo se estableció la fe católica como única verdadera y obligaba al Estado protegerla. Aquella Constitución no reconoció la libertad de culto. En 1871 se promulgó una nueva Carta Magna que dejaba intacto al catolicismo como religión oficial pero permití­a siempre y cuando «no ofendieran la moral y el orden público» a las sectas cristianas. Las Constituciones de 1872 y 1882 continuaron la regulación que obligaba a las religiones no católicas a existir siempre que no realizaran «actos subversivos o prácticas incompatible con la paz y orden público. Igualmente los no católicos no tení­an el derecho a oponerse a las leyes civiles y polí­ticas».

El establecimiento de la libertad de culto llegará con los liberales. Promulgaran una nueva Constitución en 1883. Y la constituyente de 1886 instalará el Estado laico: el matrimonio religioso no establecerá ya el estado civil de los ciudadanos. En la primera norma primaria del siglo XX, 1939, se avanzará en la laicidad de la nación al prohibir a los lí­deres de cultos religiosos en general intervenir en asuntos polí­ticos.

Con el nacimiento de los regí­menes militares aparecerá una nueva versión de la relación iglesia-Estado. En un afán de establecer un maridaje que bendijera los fraudes electorales y detuviera el avance del comunismo en el paí­s se eliminó la prohibición de hacer polí­tica desde el pulpito. Se abolió el pago de todo tipo de impuestos a las iglesias y disfrazaron la oficialidad del catolicismo frente a las otras denominaciones. Ya no serí­a la fe oficial pero si ví­a constitucional le otorgaron en detrimento de las otras «fes» su personerí­a jurí­dica. La revolución de militares ilustrados encabezada por Oscar Osorio en 1950 eliminará por completo la religión de la Carta Magna. Se limitará a prohibir el uso del pulpito como plataforma polí­tica. Así­ continuará en 1962.

Toda ola de cambio en El Salvador siempre fue convenientemente asociada por los grupos de interés económico a agentes externos. Primero a los masones y ateos franceses, pasando a culpar a comunistas, luego la revolución cubana, después a la sandinista y llegamos al siglo XXI asociando toda necesidad de cambio nacional al chavismo y ahora en 2018 la derecha religiosa salvadoreña encontró al calor del discurso xenofóbico y racista de Donald Trump un enemigo exótico: el islam.

II

La lucha por existir en El Salvador de las iglesias no católicas fue hostil, dilatada, humillante, clasista, racista y xenofóbica. Contra eso se tuvieron que enfrentar las diferentes denominaciones cristianas en nuestro paí­s para poder finalmente establecer en la Constitución de 1983 el Estado Constitucional Democrático de Derecho que incluyó como clausula pétrea la libertad de culto.

Pero no fue una concesión llegada de una lógica jurí­dica de Derechos Humanos fue en medio de una guerra civil y con un lastre de asesinatos de sacerdotes, monjas, laicos y hasta un Santo que la derecha católica conservadora prefirió el avance del pentecostalismo cristiano evangélico que de la teologí­a de la liberación. Así­ perdió feligreses el catolicismo.

Indigna la campaña que lleva a cabo la organización fantasma «Cristianos Unidos por El Salvador» que han emprendido bajo el silencio cómplice del TSE un proselitismo de odio contra una religión hija del judeo-cristianismo: el Islam.

Hacen lo que desde 1824 hasta 1983 les hicieron a ellos el sector radical del catolicismo salvadoreño: estigmatizarlos, jugar a la cacerí­a de brujas, usar la mentalidad mágico-religiosa y humilde de la espiritualidad del salvadoreño promedio para activar su cerebro reptil, el mismo con el que opera la lógica del pandillero que busca defender su territorio frente a un enemigo imaginario.

Repiten con maldad lo que se decí­a en el siglo 19 para evitar el avance de los cristianos evangélicos: que la única verdadera religión era la católica, apostólica y romana. Ahora en el siglo XXI las ví­ctimas se vuelven victimarias al sumarse al discurso maligno en perjuicio de la paz entre creencias.

En varias ocasiones Nayib Bukele aclaró que aceptó a Cristo y profesa el catolicismo y, al parecer no es suficiente, no es válido, nos miente – porque en realidad – al igual que su padre, es musulmán.

¿Cuántas familias existen donde los padres son católicos y los hijos evangélicos, cristianos o pentecostales o viceversa? ¿Separamos esas familias en nombre del Dios verdadero? ¿Dios quiere eso?

¡Cobardes! Usan a Dios para promover el odio. Pervierten el elemento misericordioso atrayente del cristianismo ese dogma que explica cuando alguien toda su vida pudo no haber aceptado a Cristo como su salvador y, a un instante de su muerte lo acepta será salvo. Ese elemento particularí­simo y de bien ante el humano pecador «Cristianos Unidos» han decidido no validarlo para una persona, en campaña sucia para un candidato que no es de su agrado.

Corolario:

Dios manda ser feliz. Las iglesias en la tierra deberí­an apoyarlo en ese afán. Pero el pentecostalismo cristiano evangélico latinoamericano –para desgracia de nuestros pueblos- no será para la historia de las religiones una versión mejorada del luteranismo europeo o del anglicanismo británico sino que se comportará en la mayorí­a de veces como iglesia farisea y herodiana que promueve los extremos que van desde la anomia social a la espera de un apocalipsis que lleva ya anunciándose dos mil años hasta la perversamente utilizada para beneficio de algunos, doctrina de la prosperidad y se suben al carro del catolicismo más rancio y medieval (el mismo que los trató de destruir por 159 años) cada vez que tienen oportunidad para por fin sentarse a la mesa del poder, de los poderosos. Donde no está Dios.

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