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miércoles, 28 de julio del 2021

Las Brújulas de Roque Dalton una poética del mestizaje salvadoreño

La prosa es elegante y al mismo tiempo clara y sencilla. Es un texto muy cuidado. El rigor académico se expresa en un estilo atractivo que mantiene la atención e invita a la lectura

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Cuando Ivonne me llamó, para invitarme a presentar el libro de Luis, su papá, lo primero que vino a mi memoria fueron las reuniones que entre 1979 y 1980 tuvimos en casa de la familia Melgar Navas por el rumbo del Metro Taxqueña. Eran los años de apoyo al proceso revolucionario que se viví­a en El Salvador.  

La familia Melgar Navas llegó a México en sucesivas oleadas; en 1976 lo hizo Luis, para ingresar a Colegio de México, en 1977 Candelaria y finalmente, en 1978, las hijas Ivonne y Gilda, entonces adolescentes. En 1986, Luis y Candelaria regresan a El Salvador, pero las hijas se quedan en México y aquí­ hacen su vida. Desde ese entonces Luis es profesor en la Universidad de El Salvador.   

En el marco de ésta reunión, a la que nos convocan Roque Dalton y Luis Melgar, no puedo dejar de mencionar, tengo un recuerdo intenso de ese tiempo, de mis reuniones, en 1977 y 1978, con Rafael Menjivar, Lito, que habí­a sido rector de la Universidad de El Salvador, y don Beny, el papá de Felipe y las tres hermanas Peña. De los hermanos Peña sólo sobrevive Lorena, que ahora es presidenta de la Asamblea Legislativa de El Salvador. En ese entonces formamos el primer colectivo de las FPL en México.

No puedo tampoco dejar de mencionar que el actual presidente de El Salvador, Leonel Sánchez Cerén, el comandante Leonel, primer responsable de las FPL, fue alguna vez mi responsable en el colectivo de militancia en Managua y también responsable de mi colectivo de trabajo.

Señaló esto porque estoy en la presentación del libro de Luis no porque sepa de literatura, aunque soy un lector compulsivo, sino por mi relación con El Salvador, la guerrilla de aquellos años y la familia Melgar Navas.          

Comienzo por el final.

Las Brújulas de Roque Dalton: Una poética del mestizaje salvadoreño.

Es un gran libro. Es ya un referente para el estudio de la literatura salvadoreña y en particular de la obra poética de Roque Dalton (1935-1975) Pienso que está llamado a ser un texto obligatorio, un clásico, en el análisis de la obra daltoniana.

La prosa es elegante y al mismo tiempo clara y sencilla. Es un texto muy cuidado. El rigor académico se expresa en un estilo atractivo que mantiene la atención e invita a la lectura.

No es común. Una gran parte de los textos académicos están escritos en clave de lectura sólo para los mismos académicos. Invitan al soliloquio. La obra de Luis a la lectura y al diálogo.     

Es un gran libro. Lo es en un sentido doble: Ofrece un modelo de análisis de la obra de un poeta, de un escritor, que vale en sí­ misma. Es una elaboración teórica y metodológica original, innovadora y sugerente.

Luis, en la construcción de su propuesta analiza a profundidad la obra de: John Beverly, Marc Zimmerman, Yuri Lotman, la Escuela de Tartu, Roman Jakobson, Noé Jitrik, Julia Kristeva, Emile Benveniste, Mijail Bajtí­n, Antonio Gramsci y sobre todo a Lucien Goldmann.

Y de otro lado, a partir de ese marco teórico-metodológico realiza un estudio exhaustivo de la poesí­a de Roque Dalton, “el gran innovador de la poesí­a salvadoreña” como lo califica Luis.

No está de más señalar que la elaboración del texto, tesis doctoral del Colegio de México, habla de rigor académico, se citan 176 libros y artí­culos y hay 263 notas. En ellas se definen conceptos y se ofrece información que profundiza la discusión que se propone en el texto.

Es un libro atractivo que se adentra en la discusión, a partir de la vida y la obra de Dalton, de la relación que  existe entre la poética y la polí­tica, entre el compromiso militante y la estética, entre el arte y la ideologí­a.  Luis dice: “Ahora bien, entre esos dos polos de tensión, la poética y la polí­tica, siempre ha estado presente un tercero en discordia: la ética, como una mediación, como la esfera proveedora de sentido ante la pregunta de para qué se escribe. Nuestro autor asumió radicalmente esta mediación: “El poeta es una conducta moral”.

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Para abordar la obra de Dalton, Luis hace un viaje-estudio de la literatura salvadoreña. Profundiza en los personajes y en la obra de Francisco Gavidia (1863-1955), Salvador Salazar Arrué, Salarrué, (1899-1975) y Pedro Geoffroy Rivas (1908-1979). En su recorrido se detiene en la vida y la obra de los integrantes del Cí­rculo Literario Universitarios (1956-1959), la Generación Comprometida, que es la de Dalton, en la que participan:  Otto René Castillo, Manlio Argueta (1935-), Roberto Armijo (1937-1997),  José Napoleón Rodrí­guez Ruiz h. (1930-), José Roberto Cea (1939-) y Tirso Canales (1930). Dalton, es la figura clave.  

Ésta revisión, de más de un siglo, es una contribución importante, dirí­a que fundamental, a la historia de la cultura salvadoreña y a la historia de las ideas de sus grandes pensadores. Esto a través del análisis profundo de las obras claves de las letras salvadoreñas y de los temas que tratan los autores referidos. Lo es también de momentos fundamentales, los más trágicos, de la historia polí­tica de El Salvador. En ese viaje da cuenta del dialogo y disputa de Dalton con quienes lo precedieron.    

Luis señala dos etapas de cómo la sociedad salvadoreña, dirí­a que latinoamericana, ha leí­do la obra de Dalton.  La de los años de la lucha revolucionaria, que va de 1967 a la firma de los acuerdos de paz en 1992 y la que sigue a estos. En la primera predomina el poeta comprometido con la causa de la Revolución, en la segunda el poeta que penetra en la interioridad del ser salvadoreño, en la realidad del mestizaje, en el amor. La vigencia de Dalton es que más allá de su ideologí­a, de su compromiso con la causa de la Revolución, está la calidad, de su poesí­a. 

Luis plantea que los ejes de su estudio en el caso de Dalton son: “el sentido de la nación salvadoreña en su poesí­a; la determinación polí­tica en la evolución de su escritura; el conflicto interior entre el pensamiento marxista y el sentimiento cristiano, y su posición vivencial frente a la violencia de la lucha de clases, todo ello desde el análisis de textos modélicos y su inserción en los contextos operantes, a través de las mediaciones que correspondan (biografí­a, cultura, polí­tica)”. 

“La poesí­a daltoniana, propone Luis, puede dividirse en dos grandes bloques: el de la historia nacional, que corresponde al Roque de la “izquierda”; y el del yo-personal, que corresponde al Roque “del espejo”. Ambas macroanalogí­as y ambos bloques de significación poética entrañan un mismo mito: el del gigante justiciero, que unas veces se identifica con el pueblo, y otras con el poeta, el “elegido” de los dioses”.

Dalton construye su propio mito a la manera del poeta ruso Vladimir Maiakowski (1893-1930). Dice Luis, “la invención que Roque hace de sí­ en su aventura poética y polí­tica, reúne tres universos culturales: el indigenismo mesoamericano, el historicismo marxista y el cristianismo”.

Él se imagina como un “tlamatini”, el sabio del mundo prehispánico, como un intelectual al servicio del pueblo, en el esquema marxista, y como un profeta, un mártir o ví­ctima propiciatoria a la manera de Jesús. La forma en que mure, e asesinato, eleva la figura de Dalton al altar de los mitos. Se cierra el cí­rculo de la vida y la muerte. 

Esto, dice Luis,  “es lo que provee de tanta energí­a comunicacional a la poesí­a roqueana, no sólo en función de una coyuntura extrema (la guerra) sino, a largo plazo, en función de la conciencia de la nacionalidad”. Para Dalton el poeta es reflejo de Dios. Dios se manifiesta a través de él.

Luis, en su análisis, nos ofrece una panorámica de 360 grados de los temas de la poesí­a daltoniana. Me quedo con dos:   

El de la identidad nacional, del alma nacional, que para el caso de El Salvador necesariamente conduce a la problemática de la violencia histórica y estructural, que permanece aunque cambia de expresión.          

Al anterior, forma parte del mismo, está del mestizaje y la revaloración del mundo y la cultura indí­gena. También el indigenismo, el criollismo y la figura del guanaco. 

 En el tratamiento de esos temas y los de toda su poesí­a, en la estructuración de su propia vida, está siempre presente la contradicción dialéctica entre el Dalton-poeta y el Dalton-polí­tico. Entre el ser-escritor y ser-polí­tico. Y siempre, en esa misma contradicción, está la ética personal. Es su valoración ética, en lucha interna, lo que hace de él un personaje complejo, interesante y siempre en tensión.

Luis plantea que “los vasos comunicantes entre vida y poesí­a, entre ética y polí­tica, entre literatura y militancia, entre humanismo y poética, son los que hacen de Dalton un autor de suma complejidad”.

Entre 1961 y 1962, Dalton vivió un año en México. Tení­a entonces 26 años. Llegaba como exilado. En ese tiempo tuvo la oportunidad de realizar en la Escuela Nacional de Antropologí­a e Historia estudios de antropologí­a y etnologí­a. Se adentra en la cultura nahua y maya, que le entusiasmaban. Visita también sitios arqueológicos.

En ese tiempo también se relaciona con escritores, con poetas mexicanos de pensamiento izquierdista, entre ellos Efraí­n Huerta, Telma Nava, Juan Bañuelos, Eraclio Zepeda y Margarita Paz Paredes. Con ellos compartió tertulias literarias y noches de bohemia.

En 1961, aquí­ publica su primer libro formal: La ventana, que es un resumen de su creación más juvenil. La que va de los 20 a los 25 años de edad (1955-1960).

El extraordinario libro de Luis propone una nueva manera de entender la figura de Dalton, su obra y la lectura de la misma. 

Esta propuesta se articula a partir de entender las “brújulas” del poeta que se plasman en 17 tesis-conclusiones: 

1)             Es el lí­der indiscutile de la revolución de la literatura salvadoreña del siglo XX.

2)             Su obra aporta cambio cualitativos al género de la poesí­a, que se sintentizan en la desestructuración de la tradición dariana y gavidiana y la restructuración de todos los niveles poemáticos.

3)             Llevó hasta las últimas consecuencias la exigencia ético-polí­tico acerca de la escritura y de la conducta social del poeta.

4)             Su ingreso a la guerrilla, lo lleva a renunciar a la alternativa espléndida de su poesí­a. Su poesí­a ante el compromiso polí­tico pierde, pero siempre permenece un mí­nimo de calidad.    

5)             Su marxismo es heterodoxo, pues en el fondo de su poesí­a y de su conducta nunca dejó de ser cristiano.

6)             En su trasfondo vivencial, lo crí­stico y el amor por la madre tierra se sobreponen a lo marxista.

7)             Los dos mitos dominantes en la poética roqueana son el pueblo como gigante justiciero y el poeta como espejo de la divinidad. El primero se vincula más con el marxismo; el segundo, con Quetzalcóatl.

8)             Su obseción central es su paí­s. A su liberación dedica la mayor parte de su obra. Su visión del mundo, de la justicia y el futuro, se articula a partir de tres fuentes: el cristianismo, el marxismo y el indigenismo.   

9)             Temas centrales de su poesí­a son: la muerte, le figura de Cristo, el mundo indí­gena, el amor que se desdobla en el erotismo y la desnudez del cuerpo de la mujer, la bohemia, la risa y la ironí­a.

10)         Otro tema es su propia vida que se hace presente, de manera dispersa, en todas su poesí­a.

11)         Su pertenecia a la Generación del Compromiso, que se carecteriza por la relación que sus integrantes establecen entre el contexto en el que viven y su obra. Con ellos surge una nueva literatura.

12)         Su formación académica resulta determinante en su concepción del mundo y en su producción poética.

13)         La experiencia del exilio que vive entre 1961 y 1973 en México, Cuba y Praga. Tiene breves estancias en            Viet-Nam, Rusia y Korea. El exilio le permite conocer y vivir la ralidad del socialismo.

14)         Su vida y poesí­a ha influido de manera decisiva a los literatos salvadoreños de finales del siglo XX.

15)         Su herencia principal es el sentido de la identidad salvadoreña. “Ningún otro escritor de la segunda mitad del siglo veinte caló tanto como él en la historia y la cultura nacionales”.

16)         La militancia polí­tica-revolucionaria cambio su identidad como poeta. Su obra conservó siempre por lo menos un mí­nimo de calidad. No es el vulgar panfleto.    

17)         Su obra sigue vigente. Se multiplican los estudiso de su vida y obra y tambien la lectura de su poesí­a.

El libro de Luis es una gran aportación para entender mejor, con más profundidad, la obra de Dalton y su concepción de la vida. Es también una invitación a leer al poeta. En noviembre del año pasado volví­ a leer Taberna y otros lugares. En la reseña que escribí­ en Animal Polí­tico digo que:  

De la poesí­a de Dalton me sorprende que su lenguaje nunca sea ideológico. Trasciende siempre los lugares comunes y el léxico “revolucionario” de la época que le toca vivir. Sus textos son elegantes y siempre poéticos. En toda situación encuentra las palabras para expresar su compromiso revolucionario, su pensamiento y sentimientos, de manera que trascienden el discurso convencional y del momento.    

Es una hombre de izquierda que se decide por la causa de la Revolución, vive en Praga y en Cuba, y la concepción estética y el lenguaje artí­stico del socialismo real, no lo influyen. Él es capaz de trascender estas influencias y también los gustos de las oficinas responsables de la cultura oficial, que deciden qué es y no de izquierda. Esto habla de la profundidad de su obra y de su arte.

Me sorprende también la actualidad de su poesí­a. De la publicación de La Taberna y otros lugares en 1969 a 2015, han pasado 45 años, y la poesí­a de Dalton no ha envejecido. Sigue viva y es notable la frescura, la ironí­a, el humor y la crí­tica presentes en cada uno de los 88 textos. La obra del poeta pasa la prueba del tiempo y a la distancia se corrobora la calidad de su poesí­a.

La vida de Dalton, el más grande de los poetas salvadoreños, fue truncada, apenas tení­a 40 años, por el asesinato estúpido e imperdonable de sus propios compañeros de la guerrilla en la que militaba. Con su pérdida, la poesí­a en lengua española perdió a uno de sus mejores creadores que tení­a todo el futuro por delante. Uno no puede dejar de preguntarse hasta dónde, si viviera, hubiera llegado la poesí­a de Dalton.                                

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Rubén Aguilar Valenzuela
Columnista y analista de ContraPunto. Doctor en Ciencias Sociales, con una Licenciatura y Maestría en Sociología y Estudios de Desarrollo Institucional; exfuncionario del gobierno mexicano.
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