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domingo, 17 de octubre del 2021

La vuelta del exilio

Yo no tengo patria, yo no sé que es patria : ¿A qué llamáis patria vosotros los hombres entendidos por prácticos? Sé que entendéis por patria un conjunto de leyes, una maquinaria de administración, un parche en un mapa de colores chillones. Vosotros los prácticos llamáis a eso patria. Yo el iluso no tengo patria, no tengo patria pero tengo terruño (de tierra, cosa palpable).

Salarrué en Mi respuesta a los patriotas.

Las caravanas centroamericanas se han organizado con una misma dirección: el frí­o del norte;  y con el mismo discurso: la inseguridad y la falta de oportunidades. Estas personas no desisten aun sabiendo lo peligroso del viaje y conociendo la retórica antiinmigrante del presidente de Estados Unidos y de sus seguidores que ven la construcción de un muro como la única ví­a para detener a los migrantes.

Ahora, ¿qué hará el próximo presidente de El Salvador para amainar el deseo de la mayorí­a de los salvadoreños para emigrar? Porque uno escucha entre bromas que “te deberí­as de casar con fulanita para que le des la ciudadaní­a” o quizás “adoptar a menganito para que tenga un mejor futuro”. Y siempre hay algo de verdad en estas inofensivas declaraciones.

Cuando salí­ del paí­s no lo hice por las mismas razones de las caravanas, mas bien por un deseo de conocer otros ámbitos como académico. Mis opciones eran Brasil o Estados Unidos y, por la presión de la gente, opté por el último porque en la visión del salvadoreño promedio el paí­s del norte te ofrece mayores ventajas.

Mientras se está en el exilio, la gente te reclama que no podés opinar porque vos no viví­s donde suceden las cosas y que no te das cuenta en primera persona del dí­a a dí­a de tus congéneres. Hay personas que han recriminado mis artí­culos en ContraPunto porque se aduce que uno solo se entera de las cosas a través de los medios digitales o por medio de algún familiar. ¡Y es que uno escribe, propone y critica porque siente esa conexión con ese pedazo de tierra!

Sin embargo, cuanto les planteaba a mis amigos y familiares mi regreso a El Salvador todos decí­an al uní­sono: “las caravanas van para allá, no se vienen para acá”. Y es que la negatividad del salvadoreño no le permite creer que se pueda vivir en su paí­s.

Estoy acá, escribo desde acá como los otros pobladores de esta urbe de millones. Respiro el mismo humo de los buses como todo asalariado; tomo agua del mismo chorro como los mano de obra y camino en el centro como cualquiera, pero también me topo con la burocracia, la vivianada -que no es sinónimo de viveza- la falta de honestidad en todos los ámbitos,  el irrespeto a las señales de tránsito y la inexistente empatí­a y cortesí­a de los conductores, y la falta de responsabilidad cuando se comete alguna falta. Esto, aunado a la inseguridad y falta de oportunidades ¿serán razones suficientes para abandonar el paí­s? ¿Acaso son indicaciones que deberí­a interpretar como una señal para no volver? Puede ser.

Estoy acá, escribo desde el calor del proletariado y veo en primera plana los problemas que nos aquejan e imagino soluciones en mi mente. Imagino.

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