miércoles, 11 de mayo del 2022
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La sequía

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Por Carlos Francisco Imendia Guzmán

En la Mesoamérica prehispánica, insectos, animales y plantas daban signos de la carencia del vital líquido, el color café, marrón de la floresta indicaba el arreciar de la estación seca,  los emergentes chiquirines, ch’och´lin (mayense)  o cigarras, el canto polítono del  Chonte (Centzontle), las chiltotas tejiendo su nido, a nivel alto indicaba un invierno copioso y a nivel bajo ausencia de lluvias. Así también la floración de inmensos árboles, como el pochote o yáaxche´ Ceiba, árbol de la vida, el canto vespertino del pajaró too o Torogoz nuestra ave nacional. Los ríos de azacuanes disipados en las sierras, Guazapa, sobre el peñón de Cayaguanca. Todos estas manifestaciones naturales, daban una apreciación del estado climático a las civilizaciones, mayas, nahuas, lencas, chortegas, etc.  El canto profundo, desde las laderas oscuras del Huey –Tepec, de los chiquirines, despertando prematuramente a Tláloc.  Por esa misma percepción de los sentidos, en la sabiduría ancestral de los pueblos mesoamericanos, colores se asociaban al tiempo, lo verde, o el tiempo verde: Xopan y el tiempo seco o Tonalco (Calor del sol), en base a la evolución de la planta del maíz en  tierra.

El sol intenso, que seca todo rastro hídrico y es el deleite para los garrobos de las tierras calientes que  junto con los ofidios autóctonos, pasean lentamente sobre la tierra o las piedras calientes, que les devuelve la temperatura al cuerpo, mientras  el espejismo duplica los chiribiscales del infernal oriente del país.  Después de la fiesta de Xochipilli para la cultura nahua, inicia la de Xipe – Totec, el señor desollado o el dios amarillo, amo de la sequía, de las enfermedades oftalmológicas, de la danza angustiosa, del futuro verde, de la vida oculta, del oro molido, de las plumas de Quetzal, regeneración del maíz. Las fiestas de pueblos antiguos a una imagen representada por descamaciones, incensarios, cuyo despellejamiento del maíz daba origen a un grano limpio y sustancioso; presente en la creación del Quinto Sol, la fiesta de esta deidad era importante pero macabra, pues se practicaba el canibalismo en las antiguas sociedades.

A pesar de ser un tiempo de penitencia (desde el punto de vista judaico –cristiano) también lo era para los pueblos nahuas, y pedir lluvia a sus deidades era importante, haciéndolo con cualquier tipo de danza y rituales ( a pesar de ser macabros) la fiesta Atlcahualo, Tozoztontli (pequeña vigilia) donde se pedía Coatlicue, le deidad nahua, de la vida y la muerte, de la tierra, sol, luna y estrellas, providencia agrícola, así como pedir  abundantes fenómenos naturales que pudieran duplicar las cosechas. La romería macabra a Tláloc, de los pueblos nahuas, cuya punto medular se concentra en la sangre (derramada) para fertilizar los maizales, las cementeras de frijol y calabaza, y en cuyos rituales eran usados infantes previamente seleccionados por los tlaloques.

Una época de traslape climático, en abril y mayo, ayudados por el panteón de deidades nahuas, se encara a la veneración de la Santa Cruz española S.XVI.

Carlos F. Imendia
Comunicador, publicista y mercadólogo salvadoreño; columnista y colaborador de ContraPunto

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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