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domingo, 16 de mayo del 2021

La renovación poética en la pluma de André Cruchaga

Haremos un apartado para poner en la ventana al poeta André Bretón, máximo exponente del Surrealismo (escuela surgida entre los años 1920-1940), la cual proviene de la escuela del Dadaísmo, tendencia literaria que propugnaba por el anti–arte, contrario a la visión del vate parisiense que no niega el arte sino que busca la construcción positiva del mismo

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“Creo en ti, alma mía, el otro

que soy yo no debe humillarse ante ti,

ni tú debes ser humillado ante otros”

Walt Whitman


Ver la viga en el ojo ajeno, es querer recoger la cosecha donde ni siquiera sembramos la semilla. En Cuervo Imposible, de André Cruchaga (Teseo Editores 2019), dan ganas de acaparar el fruto y seguir leyéndolo, sobre todo por presentar una serie de aristas que trataré de descifrar, aunque ello implique madrugar para tomar aire y a la luz de una vela hallar respuesta a esas líneas impregnadas de sortilegios, acertijos, parábolas…

Para iniciar este breve recorrido, comenzaré con las palabras del escritor cubano José Lezama Lima, quien al referirse al bregar poético, reseña: “se sabe que hay un camino para la poesía que sirve para atravesar ese desfiladero, pero nadie sabe cuál es ese camino”. (1)

Mientras que Walt Whitman (Citado en la selección hecha por Wolfon Leandro de Hojas de Hierba, palabras dichas por el poeta en 1855), lo dice así: “el poeta señala el camino que va de la realidad al alma”, es decir, “establece un puente entre el mundo de la materia y el de los espacios infinitos del alma”. (2)

Sin embargo, para cuando escribo estas líneas lo hago consciente de que muchos estarán al atisbo de que me deslice, pero aclararé que en mi escrito intento hilvanar todo un aparataje, como lo escribiera Roland Barthes: “En la poética moderna, la palabra es el tiempo denso de una gestación más espiritual, durante la cual el “pensamiento” es preparado instalándolo al azar, es decir, ninguna palabra es densa por sí misma, sino que es apenas un signo de una cosa y mucho más”, acota Barthes. (3)

Lo que quiero decir es que el auténtico poeta va siempre un paso adelante, encontrándonos con versos oníricos, iconoclastas, herméticos o avezados –según el marco conceptual del lector de poesía–, pues las constantes lecturas logrará que le encontremos similitudes con los escritos de otros hacedores del arte.

Neruda, en Residencia en la tierra, plasma: “¿Ahora bien, de que está hecho este rugir de palomas que hay entre la noche y el tiempo, como una barranca húmeda? Ese sonido ya tan largo”…

En tanto André Cruchaga, responde: “Después de todo/ casi te palpo en la gota de rocío,/ en el sonido invisible de mis pies/ en el silencio, que de pronto/ es el único instrumento que nos sirve/ para desnudarnos”, terminando el poema así: “Para saberlo hay que colgar del alero/ nuestra propia respiración”… (P.18-19)

Haremos un apartado para poner en la ventana al poeta André Bretón, máximo exponente del Surrealismo (escuela surgida entre los años 1920-1940), la cual proviene de la escuela del Dadaísmo, tendencia literaria que propugnaba por el anti–arte, contrario a la visión del vate parisiense que no niega el arte sino que busca la construcción positiva del mismo. (4)

Bretón se decantó por el Surrealismo al considerarlo como el medio para unificar lo consciente con el subconsciente, es decir: unir lo racional con la fantasía (sueños), y la fantasía con una realidad absoluta o “sub–realidad”. (5)

Una de las características de esa escuela es valerse de las imágenes literarias lo mismo que de las metáforas para obligar al lector a hacer interpretaciones que lo lleven a explorar su propio subconsciente, caracterizándose ésta por la yuxtaposición de palabras que no están relacionadas entre sí por la lógica si no por la psicología, o sea que el escritor crea imágenes e historias oníricas que desafían la lógica. (6)

Aquí surge la interrogante: ¿qué tiene que ver Bretón en la poesía de André Cruchaga?, la respuesta es: Las influencias literarias son necesarias para crecer en un ámbito donde existen trampas entre los mismos hacedores del arte poético, pero cuando se nace con un carisma no hay Tsunami que nos afecte.

Otros dirían que los escritos de André Cruchaga se perfilan como una poesía anárquica por cuanto dista mucho de las modas, encontrándonos –si se quiere– rasgos del poeta Stéphane Mallarme, uno de los poetas “Malditos”, quien hizo de la literatura un objeto, usando como herramienta las adjetivaciones al centrar su trabajo en la aniquilación del mismo lenguaje”. (7)

Por su parte Arthur Rimbaud –para citar a dos de los “Poetas malditos”– enfoca sus escritos en la modernización de la poética a través del estilo, convirtiéndose en arte sólo por referencia a la intención de la poesía. (8)

En el caleidoscopio literario de André Cruchaga hay una voz acompañando el devenir de los tiempos, tal como lo hizo el poeta cubano Nicolás Guillén, autor del Songoro Cosongo: “En el ojo profundo duermen palmeras exorbitantes/ y el grito se nos sale como una gota de oro virgen”, escribe Guillén.

Otro de los escritores cubanos, Roberto Fernández Retamar, también aporta a los conocimientos poéticos: “La poesía hispanoamericana de los últimos años se articula en dos goznes: modernismo y vanguardismo; ambos son seguidos por dos grandes momentos en el que andar hacia adelante es sustituido por un movimiento hacia adentro, de ahí que parezcan detenciones (pero) no lo son”. (9)

Tras poner en la palestra escritores de la talla de Lezama Lima, Whitman, Bretón, Rimbaud, Mallarme, Nicolás Guillén, Roberto Fernández Retamar y el incomparable Neruda, intentaré hilvanar cada escrito de André, esperando que el lector ponga la vista en el espectro metafórico para que haga sus propias valoraciones.

Iniciaré con la palabra Surrealismo para desmenuzar cada verso en el enfoque central, eso creará un ambiente –no conspirativo– pero tampoco afable para ver los escritos del poeta chalateco, ello sin forzar al lector a quedarse con la idea sino que vaya en la búsqueda de su propio marco conceptual.

Al leer el cóctel de imágenes literarias que nos pone en bandeja André Cruchaga observamos que éstas dejan un sabor agradable a la retina, por eso me traslado al submundo urgido de la pluma del poeta llevándonos a la etapa que salvará la metáfora del olvido.

En ese sentido veremos que en Cuervo Imposible hay una obra mesurada, alejada de prejuicios, pues aquí se rompe la forma para darnos una voz más atrevida, y aunque a veces se lean versos con un toque apocalíptico –no es pecado hacerlo– nos apoyamos en la misericordia literaria para acceder a cada acertijo oliente a aserrín o al frío que dejan los rieles de la historia.

“Hoy vivimos otras secuelas del mismo rostro:/ …nos limitamos a saltar sobre el peligro en las calles,/ sin volver la vista a los paraísos perdidos de la infancia,/ al ala donde cuelga la ventana del horizonte”, escribe André, y culmina: “Son días funestos:/ en cada acera hay chimeneas de cuervos en busca de carroña…/ ¿Hacia qué bosque debemos dirigir nuestras plegarias y vigilias,/ el escapulario de viaje de la brisa…” (Pág. 24)

Le daremos vuelta al calendario cuyas hojas amarillentas dan cuenta de golpes de estado, terremotos, epidemias y guerras a las cuales acudimos sin permiso alguno, pero que dejaron hondas huellas, cuya cimiente tardará en sanar.

“¿Qué hacemos con los recuerdos,/ sino suculentas pesadillas,/ pastores eternos de la hojarasca del sepia”… (P.33), se interroga el poeta, dejando la pelota en el terreno de juego para que cada quien agarre su tajada.

André Cruchaga domina con gran soltura el verso de largo aliento, cuyas formas reflejan su espíritu rebelde (No evade la realidad, aunque para el común de los mortales, lo parezca), donde la voz intuye, explora, se oxigena, sangra, y renace para dar un soplo de esperanza.

El poeta intuye y se sangra, por eso nos escribe: “Detesto sentir cadáveres flotando en las entrañas, / y que las termitas/ del tiempo desgarren el sosiego en trocitos; / debajo de los huecos desplomados del polvo, / quizá valga la pena/ escribir una elegía a la hoguera hecha añicos”… (P.38)

Una de las características del trabajo impreso en Cuervo Imposible son una serie de simbologías encerradas en cursivas, paréntesis y guiones que, para el común de los lectores, han sido puestas de forma antojadiza.

“–Hemos vuelto mudo el arco iris:/ de pronto el blanco y negro/ nos representa como fondo de cine mudo,/ como una habitación/ amarga de cadáveres”, escribe André, para después agregar; “–Vos y yo, que sin codicia, creímos en la risa;/ ahora se nos dan/ raciones diarias de desvelos y sollozos…”. (P. 40), plasma el poeta desencantado por haber creído en un proyecto.

Si habrá que poner un calificativo, diré que André Cruchaga es de los poetas exquisitos, de esos seres cuyo canto es un toque de asombro que seduce, pues sus escritos son líneas impregnadas de vida, tanto así que a veces me pregunto si el vate chalateco habrá bebido agua del mediterráneo, porque a veces –no siempre– le encuentro similitud con la poesía lituana.

“(Podría decir otras cosas negando esta ebriedad, / negando el nosotros sobreviviente, / arrojar el nudo de la garganta a los pájaros, / aullar sobre la caligrafía manchada de las paredes…/ pero no puedo./ después de todo,/ sigo habitando el bajorrelieve de la humedad”. (P. 42)

Acotaré que, si las aguas por las que navega André Cruchaga están habitadas por densos cardúmenes que merecen ser estudiadas por aparte, no seré yo quien asuma ese rol, ya que para ser catador de poesía se necesitan millas de vuelo, y mi objetivo sólo es plantear algunas ideas poéticas sin caer en una verborrea que llame al sopor.

“Gritamos cuando la fiebre de la noche puja en la garganta,/ cuando las sílabas han sido cercenadas con hachas,/ cuando para vivir debemos cultivar el oficio de masticar moscas,/… y suponer que los miedos sólo pueden ser clandestinos,/ cuando la boca enmudece/ carbonizada sobre los tiestos inverosímiles del espejo”, dice Cruchaga. (P.47)

Nos bebemos una copa de ron y continuamos leyendo, encontrando que la brújula que guía la pluma de André Cruchaga es una ruptura alejada de poses, pues se distancia de la batucada “roba flash”, revistiendo sus escritos con una voz –como coraza- en las imágenes literarias imantadas de ironía:

“Aquí siempre la víctima pierde el honor y la mesa;/ menos mal que se nos ha dicho/ que vivimos en libertad y democracia,/ menos mal que el sistema funciona,/ aunque la parsimonia/ nos dé escalofrío, gangrena, osteoporosis, angina de pecho; / menos mal que todos estos malabarismos son / para duplicar las cuarenta noches que hemos vivido”… escribe el poeta en alusión a los tiempos apocalípticos que vivimos (P. 49)

Lo anterior me invita a interrogarme si el poeta habrá pisado alguna vez las sandalias del Nazareno, al recrear versos impregnados de religiosidad con parábolas difíciles de descifrar.

“Nos sonríe la máscara de nuestro nombre, / el del santo patrono/ de los escapularios sacado del vientre de las hostias… Al final, sólo me quedo con esa sensación de vigilia, / el insomnio de lobo frente al quicio de la puerta, /el toque de queda disuelto en el pecado”. (P.51-52)

Cruchaga pone ante los ojos del lector anónimo un canto y lo vuelve cómplice de sus versos, pues la realidad es un Zoom reflejando un complejo imaginario, el cual va adquiriendo discurso propio, así, erguida la pluma, el sujeto atrapa a la palabra dándole vida, cuyo resultado es un fluir de imágenes:

“Ya no sé qué rumbo deben tomar nuestros sueños y los ajenos. / No hay lugar seguro en las vigas de la luz; / la demencia se apoderó de todo el alfabeto. / Ahora también nos persiguen los murciélagos, / la atarraya enfangada de las lámparas/ el puñado de lava que nos asfixia/ desde los cuatro puntos cardinales”. (P. 54-55), escribe Cruchaga.

Analizando lo anterior nos atrevemos a decir que la apreciación justa de una década plagada de masacres, secuestros, luto, dolor… tendrá su valor sólo si nos distanciamos un poco dándole vuelta a la página de la historia y con ojos fríos contemplamos las escenas mortecinas de esos tiempos con la sensibilidad que eso provoca.

“¿Hacia qué suerte de memoria nos llevan estas calles,/ acostumbradas a la carroña,…/ La calle, hoy, tiene su propio rostro:/ nos muerde su bramido de muerte,/ como un nido de hormigas impunes en el despojo”. (P. 55)

En Cuervo imposible, el poeta insufla vida propia a cada palabra, estructura el verso en cuyas líneas hay toda una enciclopedia debido a las múltiples acepciones, y aquellas que faltan las pone el lector, según su marco referencial, volviéndole cómplice de las imágenes tachonadas de acertijos:

“Nada es cierto, después de todo, cuando hastío y desgano/ juntan sus manos,/ cuando la noche está cerca y crecen los coágulos/ de gritos en la orfandad,…/ voy de rodillas y sin ungüento en la piel,/ para hacer menos dolorosa la espera”. (P. 59), plasma el poeta.

Whitman nos interroga midiendo qué tanto sabemos de la historia reciente así como de poesía, haciéndonos partícipes de su canto: “¿Has practicado lo suficiente para aprender a leer?, ¿tan orgulloso te has sentido de captar el significado de los poemas? (10)

Lo anterior encuentra respuesta en la pluma de André: “No se necesita de un oráculo para entender el charco de sal en las pupilas…/ No hay lugar seguro, sólo la carta de hollín pegada al paladar,/ la niebla desparramada en todo el espejo de la calle,/ y el juego peligroso del albur,/ en manos de los prestidigitadores de turno,/ los que rompen con cópula desde la infamia.”, refiere el poeta (P. 69-70) 

En el trabajo poético desarrollado durante varias décadas por el poeta André Cruchaga encontramos una sombra cobijándolo en un arraigo que tiene implicaciones en el subconsciente, vivencias acumuladas que interrogan, pero que responden al compromiso como escritor:

“Sobre el papel, la tinta manchada de las palabras,/ el sorbo de la nada en abandono,/ el largo camino de moscas sobre las piedras./ Siempre volvemos al mismo papel y a la misma tinta:/ las aguas del recuerdo con sus intermitencias,…/ Respiramos con el corazón hecho del mertiolate sobre la llaga,/ y desafiamos el reloj de peces, el fuego del costado”… (P. 74)

Dicho en otras palabras expondré que leer la poesía de André es toda una aventura, ya que su voz toma fuerza a partir de las metáforas muy bien estructuradas, porque es una lírica que escala peldaños en los nudos de la garganta y a través de la imagen va soltando sus cuitas en el propio lenguaje del poeta, alcanzando así el equilibrio que culmina con la publicación de las mismas en un libro cuya voz deja de ser de él para fusionarse con los lectores ávidos de frases nuevas o viejas, pero añejadas con el mejor vino.

“En el fetiche del calendario se disuelven los días,/ aúlla el mar sobre las rocas,/ -juntos el desvelo y el cenicero,/ oscurecen el aliento,/ la sangre derramada en comunión con paredes desfallecidas,/ -a veces la ciudad se vuelve un artefacto peligroso,/ en realidad,/ todo el tiempo hay sombras y suicidios,/ miedos acechantes,/ alcantarillas nos nutren de gritos,/ tropiezos y equivocaciones/ como un alud de aves de carroña”. (P.84)

La escena se completará cuando le añadamos a nuestro intelecto las respectivas interrogantes al espacio que le tocó vivir a Cruchaga, pues guarda muchas llagas en la alacena, ello coadyuvará a hacer menos pesada la carga y a comprender las razones del por qué le canta a esos años nebulosos, pero que en un hecho promisorio le nacen las preguntas que se aprestan a diluirse con el tiempo.

“Por más que lo neguemos, siempre hemos sido escoria del poder,/ extrañas formas de viento en la ventana,/ caminos quemados el uno al otro,/ desconocidos, extraños, sospechosos;/ nuestra caries nos mete en peligrosos designios,/ en causas de agua fatigada”… escribe Cruchaga. (P. 78)

Si queremos comprender los escritos impresos en el libro Cuervo Imposible, debemos hacer una lectura amplia, pues nos encontraremos con una multiplicidad de imágenes con sus raíces que alimentan el acervo del poeta cuyas líneas nos inducen a no quedarnos con las simples metáforas, sino tener esa sensibilidad que nos despierta, por lo que nos canta:

“Conozco la oquedad que dejan las iglesias en los ojos,/ las palabras agonizantes,/ endurecidas en el agua,/ los designios cada vez mayores/ del cántaro roto de la sinrazón,/ sumergido en la memoria”… plasma Cruchaga (Pág. 86)

Jacques Cousteau, a través de sus investigaciones estudió la vida en los océanos, sorprendiéndose de las maravillas marítimas, eso mismo nos lega el arte poético tras alcanzar cierto clímax con las imágenes que asombran, o como dice Lezama Lima “que logran guiarnos por la precisión de la poesía, colocándonos como en una especie inaudita que nos mantiene en vilo”. (11)

Ante eso, André nos dice: “Hay un río interno de remordimientos que moja el entresueño, / cuartillas impregnadas de habitaciones,/… ¿Qué nos queda, después, de esta piel gastada del agua, de tanto invierno de trabajar ventanas,/de cada rocío/ que se ha ido acumulando como un escapulario/ de campanas mudas?”. (P.112)

En Cuervo Imposible la palabra pareciera ser un arrebato de emociones que proponen ráfagas de luz vinculadas entre sí, y que, bajo su sombra, yace la suerte de lo existencial para devolvérnosla –como en un lienzo de Dalí– una carretera integradora de un todo, en un sentir atávico alimentado –como Kafka– del existencialismo.

¿Quién no ha sentido lo gélido del alma cuando los recuerdos les atizan?, las paradojas nos llevan a disimular el dolor que nos aqueja y vamos por el mundo desnudando la palabra: “Descalzo siento la sordidez de los guijarros/ y la rigidez del suelo en el que camina Antígona/ y el rito ardiente de las hormigas”, nos dice el poeta. (Pág. 115)

Para algunos esa carretera bifurca varios caminos donde el canto está enrumbado hacia la intención misma de un discurso, pero será el consumidor de poesía quien tomará la señal como un todo y descodificará el verso según la respuesta que mejor le talle.

“Debo suponer que no es suficiente el delirio,/ ni tener los dientes largos de lobo,/ ni buenos pedernales de próstata,/ ni apetitos indoblegables,/ por el promontorio de asedios, pesadumbres, dolores,/ errata de equilibrista de crepúsculos: -de pronto, todo fastidia. (Mueca el sexo vendado/ de los embudos, la sospecha”… grita el poeta a deshoras (Pág. 116)

André tiene urgencia por buscar nuevos y mejores derroteros, pues en este país cualquiera se siente desesperado por los vacíos que se quedan en el alma; sin embargo, cuando se puede atizar el fuego de la llama por vivir, está la metáfora cubriendo las vivencias:

“Se ahoga el tiempo y la última ala del paisaje./ Los pies, acaso fugaces/ como las pupilas, como el aliento invisible de todas las huidas./ En medio de la calle nos tortura el pavimento./ Gotea el evangelio”… (P.118)

En Cuervo Imposible, André nos presenta una voz imantada de incertidumbre, de desazón y de muerte… de esperanza, pero, sobre todo, de urgencia por decirlo todo y no quedarse con nada, por eso es que a veces leemos –a manera de aclaración– textos escritos entre paréntesis, con guiones o cursivas, como efectos secundarios que indican al lector avezado o no, que es necesario un descanso.

“Hecha trizas la esperanza se equivoca la carne: es abominable un país con lágrimas, un país que no escupe su flema, ni asombra en los recuerdos que se tienen./ Mi mala crianza me hace pensar sólo en los prostíbulos./ Deseo estallar en tanta mueca vacía.” (Pág. 126)

Invito al lector a no despegar la vista de los poemas de este poeta chalateco, mientras yo me deleito con los versos impresos en la Vía libre, pues debo aprovechar el Cielo raso, antes de irme por las Calles hasta quedarme degustando con sorbos de la mejor chicha los escritos de André Cruchaga en un Hotel.

(*) Luis Antonio Chávez  / Escritor y periodista

———————–

(1) Lezama Lima, Las eras imaginarias, Edit. Fundamento.

(2) Wolfson, Leandro, cita a Whitman en la compilación de Bolsillo de la edición de 1855, (Edit. Crepar)

(3) Barthes, Roland. Grado cero de la escritura. (Editorial Siglo XXI)

(4), (5), (6), (7), (8) y (10): Caro, Laura, Surrealismo literario: características y representantes (tomado de Internet)

(9) Roberto Fernández Retamar: “Situación actual de la poesía hispanoamericana”, impreso en la Revista Hispánica Moderna, año XXIV, No. 4, octubre de 1958, Pág. 325. 

(10) Wolfson, Leandro, notas escritas en la edición de Bolsillo citando a Walt Whitman de la edición de 1855, en la Edit Crepar.

(11) Lezama Lima, Las eras imaginarias, Edit. Fundamento.

RECUADRO

Título: Cuervo Imposible

Autor: André Cruchaga

Edición: Teseo Editores

Tiraje: 250

Imprenta Ricaldone

RECUADRO

En Cuervo Imposible la palabra pareciera ser un arrebato de emociones que proponen ráfagas de luz vinculadas entre sí, y que, bajo su sombra, yace la suerte de lo existencial para devolvérnosla –como en un lienzo de Dalí– una carretera integradora de un todo, en un sentir atávico alimentado –como Kafka– del existencialismo.

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