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sábado, 23 de octubre del 2021

La polí­tica es servicio y no botí­n para servirse de ella

“La polí­tica es buena, los polí­ticos la hacen mala”, se escucha decir frecuentemente. Y la frase, como expresión viva de la conciencia popular, tiene sentido por la experiencia amarga de corrupción, nepotismo, autoritarismo y abuso de poder, que en las últimas décadas ha ofendido la dignidad e inteligencia de la ciudadaní­a salvadoreña, honrada y laboriosa.

Y en el marco de la anticipada e ilegal campaña electoral, para elegir a Presidente y Vicepresidente de la República (2019-2024), la frase cobra vida y con mayor recelo en el seno de la población honesta, justamente indignada por el accionar personalista e interesado de los dirigentes de los partidos polí­ticos, de todos sin excepción, en su afán desmedido de conseguir más votos y, lógicamente, para agenciarse las ansiadas prebendas o los jugosos cargos y sus beneficios.

¿Cómo no va a hacer mella en la conciencia ciudadana, el nefasto accionar de algunos funcionarios de la más alta jerarquí­a, si con ellos la historia polí­tica de las últimas décadas, ha mostrado las filosas garras de la corrupción? Y ¿cómo no entender la pérdida de credibilidad y confianza de los electores honestos hacia los polí­ticos, si sigue latente la nefasta experiencia de corrupción e impunidad? Siempre, este binomio corrupción-impunidad será la lacra más perjudicial para el progreso y bienestar nacionales, como cáncer que crece, dí­a a dí­a, hasta ir consumiendo las fibras armónicas del tejido social.

Por nefastas experiencias de algunos polí­ticos, que han motivado a la pérdida de credibilidad y confianza del pueblo, hoy al inicio de nueva legislatura este mismo pueblo también reflexiona con obligadas preguntas: ¿quién garantiza que nunca habrá ofensas a la población honrada, por escándalo público de diputados ebrios, disparando a las autoridades? ¿quién evitará que haya donaciones de diputados a alguna Ong “fantasma” dirigida por sus familiares, utilizando dineros de los impuestos que paga al pueblo? y ¿si a un diputado se le ocurriera prestarle el carro nacional a su familia, para viajes turí­sticos al exterior, qué pasarí­a? ¿habrá justicia verdadera, ante casos de enriquecimiento ilí­cito de polí­ticos cuestionados por la Sección de Probidad/CSJ? A saber…

La polí­tica es servicio. Servicio a la Patria. Y si el poeta y patriota cubano José Martí­ sentenció: “A la Patria se le sirve y no se le toma para servirse de ella”, ¿por qué la mayorí­a de los polí­ticos -en especial los diputados- hacen todo lo contrario? Fácil: por ignorancia o malicia, o por ambas juntas. Aunque aquí­ -con mí­nimas excepciones- destaca la ignorancia, a veces hasta ignorancia supina, contrario a lo que ordena la Constitución de la República. Sin mucho esfuerzo esto se ve precisamente hoy, cuando el panorama polí­tico-electoral muestra más ignorancia que intelecto, más ambición que servicio, más privilegios y prebendas que proyectos de nación. La sentencia no atendida del poeta Martí­ se configura cada vez más en El Salvador. Pareciera que aquí­, más que en otros paí­ses, es donde más resalta lo oscuro y fétido de la mala polí­tica, interesada en el bien particular de unos pocos.

La demagogia ha sido también una constante, como algo propio y necesario del accionar polí­tico. Y más, cuando a su desarrollo contribuyen algunos poderes fácticos, que promueven a futuro realidades inexistentes, producto de falsas promesas, o sea aquellas ofertas de candidatos o funcionarios electos, quienes, por una u otra razón, no las cumplirán. La época pre electoral es propicia y oportuna, para saber decidir -con base en las amargas experiencias- quienes son los polí­ticos que ofrecen medidas y polí­ticas seguras y realistas, para contribuir al desarrollo integral del paí­s. La Patria recompensará a quien le sirve a través de la polí­tica seria y responsable y, más temprano que tarde, pasará la factura a quien se sirve de ella…

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