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jueves, 2 julio 2026
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La paz antes de la paz

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Por Yossi Abadi | Consul Honorario de El Salvador en Israel

La incorporación de El Salvador al Board of Peace impulsado por el presidente Donald
Trump ocurre en un momento particular: cuando la palabra “paz” se repite con urgencia,
pero con poca eficacia. Se la invoca en declaraciones solemnes, se la persigue en
mediaciones interminables, se la reclama en llamados constantes al alto al fuego. Mucha
intención. Poco orden. Esa saturación obliga a replantear una pregunta que el mundo suele
evitar: ¿qué significa realmente hablar de paz? No por mala fe, sino porque se ha confundido
el objetivo con el camino.

El Board of Peace surge precisamente desde esa frustración. No como un organismo
decorativo, sino como un intento de entender por qué tantos procesos de paz fracasan
incluso antes de comenzar. Y es ahí donde la experiencia de El Salvador adquiere
relevancia: no llega a esa mesa como alumno ni como observador. Llega como caso. Como
ejemplo de que, a veces, la paz no empieza con un acuerdo, sino con una decisión.
Durante años, gran parte del mundo asumió que la paz es el punto de partida. Que primero
se dialoga, luego se ordena. Que el consenso genera autoridad. El Salvador recorrió el
camino inverso. Entendió que sin un Estado que ejerza control efectivo sobre su territorio,
la paz no es una promesa: es una ficción administrativa.
Lo que cambió en El Salvador no fue solo una política de seguridad. Fue la secuencia.
Primero orden. Primero presencia estatal. Primero reglas claras. Solo después, normalidad.
La paz no llegó como resultado de una negociación; llegó como consecuencia de que el
miedo dejó de administrar la vida cotidiana.

Ese aprendizaje tiene valor directo para regiones atrapadas en conflictos prolongados. En
muchos de esos escenarios, el problema no ha sido la ausencia de iniciativas de paz, sino la
ausencia de una autoridad capaz de sostenerlas. Vacíos de poder que son rápidamente
ocupados por actores no estatales, milicias, organizaciones criminales o estructuras
terroristas que convierten la violencia en sistema mientras el Estado negocia desde la
debilidad.

El Salvador no ofrece soluciones mágicas ni recetas universales. Lo que aporta al Board of
Peace es algo más incómodo y, precisamente por eso, más útil: la certeza de que la paz no
puede construirse sobre un vacío de poder. Que antes del diálogo debe existir control. Que
antes de la reconciliación deben existir límites. Y que sin Estado, no hay proceso que
aguante.

En un mundo donde el crimen, el extremismo y el terrorismo aprendieron a usar el lenguaje
del derecho como escudo, El Salvador recuerda una verdad básica que muchos sistemas han
preferido olvidar: la paz no se defiende con comunicados, sino con presencia. No se sostiene
con intenciones, sino con autoridad. No se proclama; se ejerce.

Por eso su presencia en el Board of Peace tiene tanto sentido. No para enseñar cómo se firma
la paz, sino para recordar algo más elemental y más difícil: que la paz duradera no empieza
con palabras, sino cuando el Estado vuelve a llegar a tiempo.
Y cuando ese silencio llega -cuando es real- dice más que cualquier declaración.

Yossi Abadi
Yossi Abadi
Inversionista israelí más reconocido en Centroamérica según Forbes. Por su impacto social en la región y su fuerte presencia en el ámbito de los negocios, Yossi Abadi, CEO de Grupo TENLOT fue nombrado el líder de inversiones más reconocido en Centroamérica por Forbes.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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