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domingo, 01 de agosto del 2021

La pandemia no obedece a consignas políticas

Nuestra historia política es vivo ejemplo del amargo destino de sometimiento y pobreza, que hoy padecen los pueblos que merecen mejor destino, cuando han sido regidos por gobiernos autoritarios, corruptos y excluyentes. El Salvador no ha sido la excepción. Por eso estamos como estamos.    

“…Digan que somos lo que somos:/ un pueblo doloroso/ un pueblo analfabeto/desnutrido y sin embargo fuerte/ porque otro pueblo ya se habría muerto…”, denunció el poeta Oswaldo Escobar Velado  en su excepcional poema “Patria Exacta”,  a fines de la década de 1950…

El Salvador padecía, quizás desde siempre, diferencias sociales, marginación, corrupción, pobreza, represión, abuso de poder…, ocasionados por el sistema autoritario de siempre.

 Muchas décadas después; sobre todo, a partir de los Acuerdos de Paz (16 de enero de 1992), al persistir algunos efectos de aquel sistema, los distintos gobiernos ofrecieron luchar -a lo mejor bien intencionados, pero a su manera- por la reivindicación social, política, económica y cultural de la población. Lamentablemente, por razones varias -y con salvedad de pequeños períodos-, persistió el  esquema social, especialmente en cuanto a corrupción, pobreza, marginación, desempleo, violencia…  

Lo anterior, sin dejar de mencionar que ha habido muchos y significativos logros, de las diferentes tendencias políticas, en las distintas áreas del quehacer nacional. No sería justo, con relación a los ejecutores de dichos logros, y sus respectivos períodos, opacados a veces por actuaciones innobles de malos funcionarios.

Así nos encuentra el Covid-19, ya convertido en pandemia a nivel mundial. Lágrimas, dolor, luto, angustia y desesperación rodando incontenibles por el mundo. En el caso particular del país, pocos son quizás los sectores que -por cuestiones personales o ideológicas- no sólo no quieren reconocer las medidas bastante oportunas y atinadas, que -con todas las fallas humanas- han permitido algún estado de tranquilidad a la población en general.

Los sectores políticos -los partidos- están en su derecho, pese a que son tan evidentes, no solo su inconformidad sino también el insano propósito de bloquear los planes y hasta sugerir -como nunca antes- medidas legislativas que promuevan desgaste económico, para crearle una imagen negativa al sector oficial, aún a costa de intensificar el dolor de las mayorías. Peor aún, amenazas hasta de confrontaciones bélicas -ya fuera de tiempo- como si no bastaran el dolor y sufrimiento traídos por el Covid-19.

Esto el pueblo, aunque no lo comparte, lo entiende como normal, como un intento afanado de sobrevivencia partidaria. El soberano es inteligente.

La pandemia no responde a consignas políticas. Esta columna periodística tampoco. Durante décadas -y por distintos medios de comunicación social- siempre ha acompañado a los planes, programas, proyectos que -independientemente de líneas políticas- satisfacen las aspiraciones de la población. Y ahora, no es la excepción, ante las medidas de contención contra la devastadora embestida de la inhumana pandemia.  

Esta realidad, sin embargo, ahora no es privativa de El Salvador. Se está dando en los esquemas socio-políticos,  económicos y culturales en diferentes países del mundo, lo cual no significa que deba servir como consuelo. Lo ideal sería que no ocurriera, ni aquí ni allá. Pero, lamentablemente, ocurre.

Hoy, aquella “Patria Exacta” del poeta Escobar Velado, sigue siendo una cruda realidad, ahora elevada al cubo por la pandemia. Un vistazo hacia el pasado reciente,  aunque sea somero, deja muy clara la necesidad de una unificación ciudadana, en todos los sentidos, aunque priva el derecho de cada quien o quienes de objetar todo -hasta lo que les parezca bueno- toda vez que no haya estorbo. Se trata de lograr un poco de la salud mental y física, que tanto necesita -hoy por hoy- el pueblo salvadoreño.

En todo caso, como desafiando a esta dura realidad, el espíritu  luchador de los salvadoreños -con las excepciones lamentables de siempre- se erigirá desafiante, con valentía y estoicismo, para contrarrestar los efectos de la vil pandemia Covid-19, que -como sombra dantesca- va cubriendo implacable la faz del universo. 

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