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sábado, 1 agosto 2026

La novela negra cubana y griega. Padura y Markaris referentes del Noir

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Padura y Markaris son autores que se conocen y cuyas obras conversan en dos versiones de un mismo crimen: la corrupción.

Por Hans Alejandro Herrera.

Dos autores referenciales en el género representan el último rezago de la novela realista social en clave policial. Padura y Markaris son autores que se conocen y cuyas obras conversan en dos versiones de un mismo crimen: la corrupción.

Leonardo Padura, el hijo de un comerciante que se convirtió en conductor de autobús tras la Revolución Cubana , Leonardo Padura cursó estudios superiores de literatura latinoamericana, obteniendo una licenciatura antes de escribir una tesis sobre el Inca Garcilaso de la Vega . También estudió latín en la Facultad de Filología de la Universidad de La Habana , donde tuvo como profesor al novelista Daniel Chavarría .

Se incorporó como periodista a la revista cultural Caimán Barbudo , de la que fue expulsado en 1983. Posteriormente, colaboró con el suplemento dominical del periódico Juventud Rebelde , escribiendo reseñas literarias y artículos de fondo. Paralelamente, y «al margen de cualquier activismo político», escribió guiones, entre ellos uno para un documental sobre la salsa . Hasta 1995, fue director de La Gazeta de Cuba .

“Lo que hice entonces fue escribir mis informes como si estuviera escribiendo historias, es decir, en un lenguaje que no era funcional, sino conceptual, más literario, utilizando estructuras formales poco comunes en el periodismo, creando personajes (incluidos algunos ficticios, ya que yo mismo logré entrevistar a un hombre muerto) y reemplazando los vacíos de información con espacios imaginarios.” Leonardo Padura, en La Gazeta de Cuba , n° 2006, vol 2.

“Guionista, ensayista y cuentista, Leonardo Padura encontró en la novela negra un género idóneo para plasmar una reflexión genuina sobre «este país caluroso y poco ortodoxo donde nunca ha habido nada puro», en palabras de su inestimable Mario Conde: un policía heterosexual, machista, estalinista, alcohólico y desilusionado, que venga a los débiles y vulnerables y que irrumpe en escena en 1991 con Pasado perfecto . «Leonardo nos abrió la puerta», afirma su amigo, el periodista y escritor Amir Valle, nacido en 1967. «Nos hizo comprender que podíamos escribir sobre temas cotidianos tabú, con honestidad, sin recurrir al sensacionalismo».“Cuba: Las máscaras”. L’Express , 23 de febrero de 2011.

Mario Conde, soltero, inicialmente de unos treinta y cinco años en sus primeras novelas y luego de cuarenta y tantos, se mueve a través de narrativas sutilmente construidas, diseñadas para sortear la censura, donde «las investigaciones criminales sirven de pretexto para descorrer el velo de la sociedad cubana y sus pretensiones »

 Claude Mesplède, Diccionario de novela policíaca , vol. 2, pág.  475.

Sus libros han sido traducidos al francés y publicados por Éditions Métailié.

Padura y Markaris. Cuba y Grecia en la novela negra.

Padura es un autor cubano conocido por la serie de Mario Conde, mientras que Márkaris es un autor griego famoso por sus historias del comisario Kostas Jaritos. Ambos han colaborado o coincidido en eventos literarios y comparten el reconocimiento internacional por la novela negra. Mientras Padura toma por temas el desencanto, crimen y la historia cubana, Petros Markaris toma por eje de su obra la crisis en Grecia y otros asuntos sociales y políticos.

En 2013 ambos autores se encontraron en un “duelo de titanes” en el marco del V Festival LEA -Literatura en Atenas- que durante once días reunió en la capital griega a figuras de la cultura iberoamericana. En un coloquio sobre su visión de la crisis en este maratón cultural por el que también pasaron Luis Alberto de Cuenca, Daniel Mordzinski, Elicura Chihuailaf, Juan Vicente Piqueras, Jorge Arbeleche o Alexis Díaz-Pimienta, entere otros. Tanto el griego como el cubano son cultivadores del género negro y están unidos por la popularidad de sus novelas, editadas en español por Tusquets, y por su común admiración a héroes de ficción, como el detective Pepe Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán o el comisario Montalbano creado por Andrea Camilleri, tanto Padura como Márkaris reclamaron la proximidad cultural y sentimental entre los lectores griegos e hispanos.

“Hace quince años, cuando nadie la llamaba así, mi comisario Jaritos ya se encontraba con cadáveres originados por la crisis”, afirmó Márkaris para dar la razón a Padura, quien sostuvo que “la crisis es otro nombre de un mismo fenómeno económico; cuando en Cuba -señaló- vivimos bajo el Periodo Especial nos acostumbramos a cosas que ahora nos parecen impensables”.

El público refrendó con aplausos continuos la charla que, moderada por Víctor Andresco, director del Cervantes griego, abarcó las distintas visiones de los tópicos culturales, las modas literarias y los géneros .

“Lo siguen llamando novela negra porque la etiqueta de novela social les parece pasada de moda”, afirmó Márkaris, recién galardonado con la Medalla Goethe del Gobierno alemán y las perspectivas del mundo globalizado. Unánimes en su admiración por Hemingway, los dos escritores coincidieron en su afición por las novelas policiacas del mediterráneo y América del Sur. “La invasión de novela negra escandinava y de los países del Norte refleja patrones de conducta de sus protagonistas que no conectan igual con nuestro temperamento”, afirmó Padura y Márkaris le asistió añadiendo que estos “producen lástima por la tristeza de sus vidas y disuaden de su lectura por la sobreabundancia de páginas”. Galardonado con el Premio de la Academia de Atenas por su última novela, “El hombre que amaba los perros”, en la que cuenta la vida de Trotski y del español que lo mató, Ramón Mercader, Padura es el creador del detective Mario Conde, protagonista de ocho novelas, la penúltima de las cuales “La cola de la serpiente” relata la historia de la inmigración china a Cuba. 

Poco después de esa primera experiencia juntos, Markaris y Padura compartieron mesa en un festival parisino. En 2015 el reencuentro ocurre en Turín, una de las ciudades del Piamonte italiano, donde tuvo lugar, durante el mes de mayo, el Salón Internacional del Libro, el más importante que se celebra en ese país. Obviamente la repetida coincidencia no es fortuita, porque ambos escritores revelan más de un punto en común en cuanto a su concepción de la novela policial contemporánea, un terreno en el que han alcanzado la aprobación internacional del público y de la crítica.

Pero a diferencia de Padura, cuyo trabajo es conocido y apreciado por los lectores cubanos a pesar de la demanda siempre insatisfecha de sus libros publicados, Petros Márkaris permanece inédito y casi desconocido en Cuba, como muchos otros autores extranjeros contemporáneos con una escasa difusión entre nosotros. Y aunque esta especie de presentación formal de Márkaris no pueda reparar esa carencia, al menos servirá de introducción a una de las voces más potentes -y en muchos casos incómodas-, de la literatura griega contemporánea, sobre todo ahora que el país helénico ha saltado a los titulares a consecuencia de una crisis que no ha logrado remontar y compromete su futuro.

En palabras de Leonardo Padura, “todos nosotros no escribimos realmente literatura policíaca, sino que utilizamos esa literatura para hablar de la sociedad, además de contar una historia”, algo que según su concepción, es uno de los requerimientos que debe cumplimentar la literatura. Y seguramente el escritor griego también suscribiría esta afirmación, porque sin ninguna duda su producción literaria se inscribe de lleno en esta renovada concepción del género. Y es que la nueva novela negra está comprometida con las realidades de los países de sus autores, obteniendo una identidad y calidad diferente a las mismas novelas en lengua inglesa.

Cuando Márkaris inició su serie policial protagonizada por el inspector Kostas Jaritos, no era un escritor “primerizo”. Después de estudiar Ciencias Económicas en Viena y Stuttgart, trabajó como traductor del alemán al griego, firmó obras de teatro, y guiones para el cine y la televisión, en especial para la serie televisiva Anatomía de un crimen. Al escribir su primera novela, Márkaris se planteó que su inspector Kostas Jaritos debía ser una persona común y corriente, que a lo largo de la serie le permitiría abordar algunos de los problemas que afectaban a sus contemporáneos y los entresijos oscuros de su sociedad. Y el ejemplo yace en la vida del autor.

Como ha aclarado el propio Márkaris, tuvo sus dudas al hacer de su protagonista un policía, porque en Grecia esta figura solía estar asociada a la represión fascista de la época de la dictadura militar. Pero el inspector Jaritos logra traspasar esa barrera, no sólo porque le gustan las cosas bien hechas y el trabajo a conciencia, sino también porque su autor logró insuflarle humanidad. Es cierto que perdió por el camino los pocos sueños que tuvo alguna vez y ahora se conforma con garantizar algún bienestar para su familia: estudios universitarios para su hija y una tranquilidad hogareña que quizá no encuentra al lado de su mujer Adrianí, a la que soporta con cariño. Tiene además un viejo auto a punto de desmoronarse y sufre como todos los embotellamientos tan frecuentes en su caótica ciudad. Su íntimo refugio y su pasión secreta es el antiguo diccionario griego Dimitrakos, el cual suele consultar cada tanto, casi a modo oráculo donde encontrar las posibles respuestas a todas sus interrogantes. Además de ayudar a la caracterización del personaje, esta costumbre del policía contribuye a orientarlo por los vericuetos de la investigación en los diversos casos policiales.

La Novela neopolicíaca o neopolicial de Padura

En su «Cuarteto de La Habana», captura la atmósfera particular de los años de crisis de principios de la década de 1990 , durante los cuales Cuba sufrió las consecuencias económicas del colapso de la solidaridad y las relaciones comerciales con el antiguo Bloque del Este . El protagonista, el teniente comisario de policía Mario Conde, representa a una generación de individuos desilusionados y nostálgicos . Sufre las condiciones laborales y, en consecuencia, en el transcurso de su desarrollo personal, abandona la policía en el último volumen de la tetralogía, «El mar de las ilusiones». Esto guarda cierta similitud con la Trilogía de Marsella de Jean-Claude Izzo . Mario Conde, aún absorto en la investigación de misterios de muertes cada vez más olvidados, se gana la vida en las últimas novelas de la serie, ahora de diez volúmenes, comprando y vendiendo libros antiguos. En cualquier caso, al autor nunca le interesó retratar el trabajo policial real, sino que insistió en que sus personajes debían obedecer, ante todo, las convenciones narrativas

Padura utiliza el género policíaco como marco para novelas sociales que reflejan las experiencias y actitudes de los cubanos contemporáneos.  Al hacerlo, rompe con los clichés comunes hasta entonces . Por ejemplo, también se retrata a cubanos de clases sociales altas como perpetradores, algo que no habría sido posible en Cuba durante la época de la novela policíaca socialista patrocinada por el Estado ( Luis Rogelio Nogueras , Daniel Chavarría ).

Pasado perfecto (1991, traducido como Havana Blue , 2007)

Vientos de cuaresma (1994, traducido como Havana Gold , 2008)

Máscaras (1997, traducido como Havana Red , 2005)

Paisaje de otoño (1998, traducido como Havana Black , 2006)

Paisaje de otoño ganó el Premio Hammett  de la Asociación Internacional de Escritores Policíacos  en 1998 .

El «Cuarteto de La Habana» también sirve de base para la serie de televisión de 2016 «Cuatro estaciones en La Habana». La serie consta de cuatro episodios: «Los vientos de Cuaresma», «Pasado perfecto», «Máscaras» y «Paisajes de otoño». Leonardo Padura y su esposa, la guionista cubana Lucía López Coll, reestructuraron las historias del teniente de policía Mario Conde y les dieron un marco cinematográfico. 

Los cuatro libros fueron adaptados como cuatro películas para televisión en español , que se estrenaron juntas con subtítulos en inglés como la miniserie de Netflix . Están protagonizadas por el actor cubano Jorge Perugorría y fueron producidas por Tornasol Film. Starz consideró una nueva versión en inglés llamada Cuarteto de La Habana , con Antonio Banderas como posible actor para el papel de Conde, pero no pasó de la etapa de desarrollo. En 2014, BBC Radio emitió dramatizaciones de las cuatro historias protagonizadas por Zubin Varla .

“Aprendí de Hammett, Chandler, Vázquez Montalbán y Sciascia que es posible una novela policial que tenga una relación real con el ambiente del país, que denuncie o toque realidades concretas y no sólo imaginarias”.

Su personaje Mario Conde —desordenado (como yo),  frecuentemente borracho, fumador (otro gato jaja), descontento y desencantado, “que arrastra una melancolía”, según el mismo Padura— es un policía que hubiera querido ser escritor y que siente solidaridad por los escritores, locos y borrachos. Las novelas con este teniente han tenido gran éxito internacional, han sido traducidas a varios idiomas y han obtenido prestigiosos premios. Mario Conde, señala el escritor en la citada entrevista, refleja las “vicisitudes materiales y espirituales” que ha tenido que vivir su generación. 

Por «Adiós Hemingway», Leonardo Padura recibió el tercer premio del Premio Alemán Internacional de Novela Negra en 2007, y fue galardonado en dos ocasiones con el prestigioso Premio Hammett español de novela negra por «El mar de las ilusiones» y « La niebla del ayer ». En 2008, Padura alcanzó el quinto puesto en la lista de los libros más vendidos de KrimiWelt, que reconoce a las mejores novelas policíacas del año anterior, con «La niebla del ayer». En 2011, recibió el Premio Roger Caillois de Literatura Latinoamericana. En 2012 recibió el Premio Nacional de Literatura de Cuba y en 2013 la Orden de las Artes y las Letras, otorgada por el Estado francés . En 2015 recibió el Premio Princesa de Asturias de las Letras. En 2023 fue galardonado con el Premio Pepe Carvalho de la Ciudad de Barcelona .

En 2012, Padura recibió el Premio Nacional de Literatura , el premio literario nacional de Cuba, el premio más importante de su tipo en la isla. 

“En uno de sus ensayos titulado «Me gustaría ser Paul Auster », Padura se queja de que le encantaría que no le preguntaran constantemente sobre la política de su país y por qué sigue viviendo allí. Pero este es precisamente su nicho: es considerado por muchos el mejor escritor de Cuba, un país cuyos mejores escritores se formaron antes del régimen de Castro. Nos ofrece una visita poco convencional a una sociedad relativamente cerrada, una prosa libre de propaganda (aunque no liberada de la vigilancia). Al ocupar un espacio crítico pequeño pero significativo en Cuba, Padura se vuelve más interesante para los observadores de Cuba y más intrigante para los estudiantes de las tendencias culturales y literarias de la isla.” Yvon Grenier, Cultura y el Estado cubano , capítulo 5 “Cómo escribir desde la mantilla, o las pequeñas herejías de Leonardo Padura” (Lexington Books, 2017).

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Hans Alejandro Herrera
Hans Alejandro Herrera
Consultor editorial y periodista cultural, enfocado a autoras latinoamericanas, Chesterton y Bolaño. Colaborador de ContraPunto

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