spot_img
spot_img

La no navidad y el covid decembrino

¡Sigue nuestras redes sociales!

"... inició su no navidad, pasó tres días durmiendo y comiendo como si estuviera en estado de gravidez, no montó el árbol navideño y se convirtió en una cifra más de los enfermos de covid decembrino", cuenta Gabriel Otero

spot_img

Por Gabriel Otero


No podía quejarse, había cerrado el año de forma excelsa, con mucho trabajo, la creatividad en los dedos y éxito en todo lo que emprendía. Dormía poco, su descanso diario era de cuatro horas, el resto de vigilia obligada. Su esposa le aseguraba que esa falta de sueño a la larga le pasaría un costo, ya no estaba joven, podría decirse que no se cocía ni al primer ni al segundo hervor, tal vez al tercero.

En tardes de pandemia soñaba hasta en las siestas de cinco minutos, eso le atraía, llegar al territorio de lo onírico, fácil y sin trámites, volando casi al cerrar los ojos, ahora se despertaba a la menor provocación entre las tres y cuatro de la mañana, no importaba si estaba cansado, se levantaba a organizar lo que tenía que hacer al día siguiente, luego volvía acostarse a esperar el alba. Esa era su rutina, para después ducharse y salir a su oficina.

Se desempeñaba en la gestión cultural, llevaba lustros consiguiendo apoyos gratuitos, presenciales y virtuales, lo hacía parecer fácil, tanto que era endemoniadamente difícil y eso le generaba el respeto de su gremio y de gente ajena. Sin embargo, su cuerpo sufría un desgaste importante, tenía la manía de pretender controlar todo, alguien le dijo que él era un digno representante de su signo astrológico, un típico virgo, ¿yo?, se reía al acordarse del artículo de Plinio Apuleyo Mendoza “¿Yo soy géminis y usted?” en el que relataba la bipolaridad desafortunada de los nacidos en el mes de junio, o como diría el refrán “lo que hacen con la mano lo deshacen con el codo” pero él no, su mes de nacimiento estaba marcado por las tragedias: huracanes, terremotos, golpes de estado y atentados terroristas.

A decir verdad, en los últimos días no se había sentido tan bien, le ardía la garganta y se mareaba, él lo atribuía al cansancio acumulado, nada que no curara un día de ocio, mañana estaría como nuevo. Pero no, los malestares no desaparecían, empeoraban, el temido covid le rondaba los pensamientos, tras tres vacunas la invasión del virus era improbable pero no imposible, si seguía sintiéndose igual se haría la prueba, la cuarta en menos de un año.

Hacerse el examen de PCR o el de antígenos era como torear a la suerte, los de su generación recordaban como le huían al resultado de la prueba del VIH, hacían cálculos retrospectivos de su vida sexual y les aterrorizaba porque no se cuidaron en tal o cual experiencia.

Despertó en la madrugada con la impresión de tener vidrios molidos en el cogote, el dolor se expandía por lo que resolvió salir de dudas y por la mañana se dirigió al consultorio médico.

-Es covid- le dijo el doctor después de colocar los reactivos en el medidor plástico y ver asomar dos rayas rojas condenatorias casi marrones.

-Con lo que le voy a recetar para el 31 de diciembre estará celebrando Año Nuevo- comentó esperanzador el doctor mientras escribía la lista de medicamentos.

Compró las medicinas y fatigado regresó a su casa, en el camino se detuvo dos veces por el cansancio de los pulmones, lo destrozaba la opresión en la espalda, creía que no llegaba, conjeturó que lo recogerían en la acera y lo encapsulaban como al principio de la cuarentena, que imagen tan espantosa es la cuasi muerte pública, sin recato ni pudor.

Con eso inició su no navidad, pasó tres días durmiendo y comiendo como si estuviera en estado de gravidez, no montó el árbol navideño y se convirtió en una cifra más de los enfermos de covid decembrino.

Supo que se había curado seis días después cuando despertó a las cuatro de la mañana.

Aún se agota al subir escaleras.

¡Hola! Nos gustaría seguirle informando

Regístrese para recibir lo último en noticias, a través de su correo electrónico.

Puedes cancelar tu suscripción en cualquier momento.

Gabriel Otero
Gabriel Otero
Escritor, editor y gestor cultural salvadoreño-mexicano, columnista y analista de ContraPunto, con amplia experiencia en administración cultural.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

spot_img

También te puede interesar

spot_img

Últimas noticias