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lunes, 10 de mayo del 2021

La hora del retroceso

No somos pocos los hondureños que tenemos la impresión, triste impresión, de que el paí­s, en lugar de progresar, retrocede. Hay como una percepción cada vez más generalizada de que vamos para atrás, o para abajo como dicen aquellos que ven en el pasado tiempos de menor penuria y mejor gloria. “Atrás” está la gesta morazanista y sus momentos de esplendor; la reforma liberal que, aunque inconclusa, abrió nuevos espacios a la modernidad; el reformismo villedista; la incipiente desmilitarización… en fin. En cambio, “abajo” no hay nada, es el vací­o, el abismo insondable, la oscura profundidad…

Pero bien, al margen de los matices, lo cierto es que cada dí­a crece la percepción del retroceso o la del inmovilismo, en el mejor de los casos. Los más recientes acontecimientos vinculados con la lucha anticorrupción sólo han servido para reforzar esa lamentable percepción y mostrar hasta que punto los promotores de la impunidad son capaces de llegar y descender.

La original sentencia de la Sala de lo Constitucional en relación con la validez jurí­dica del Convenio que dio vida a la Misión de Apoyo de la OEA en la lucha contra la corrupción y la impunidad, la MACCIH, es una prueba – una más – de la ofensiva desatada para bloquear todas las iniciativas orientadas a reducir o eliminar los altos niveles de impunidad y corrupción que corroen el cuerpo social y sus diferentes órganos.

Los artí­fices de esa jugarreta jurí­dica, convencidos de su sapiencia y astucia, pretendieron darle a la sociedad gato por liebre, acudiendo al expediente de los “considerandos”, así­ como ciertos diputados recurren al procedimiento de la fe de erratas para distorsionar y retorcer a su conveniencia la letra y el espí­ritu de las leyes. Una parte de la ya famosa sentencia reconoce la constitucionalidad del Convenio y da un aparente respaldo a la MACCIH, pero otra parte, disfrazada en los Considerandos, pretende negar la viabilidad jurí­dica del órgano especializado del Ministerio Público en la lucha contra la corrupción de alto impacto. Por arriba te apoyo y por debajo te socavo.

Y todo esto para frenar la lucha contra la corrupción y la impunidad, para colocar un palo en la rueda de la MACCIH, para dificultar las iniciativas de la Unidad fiscal especial del Ministerio Público, para proteger a los corruptos. Todo forma parte de una ofensiva más general y amplia, la misma que cobró nueva fuerza con la forzada renuncia de Juan Jiménez, el antiguo vocero y conductor principal de la MACCIH. A partir de ese momento, los corruptos se envalentonaron y creyeron llegado el momento del desquite, la hora propicia para golpear a una MACCIH casi moribunda y en estado de confusión y languidez burocrática. Eso explica, entre otras cosas, el poco interés mostrado por las partes involucradas en nombrar un nuevo jefe de la MACCIH. Pareciera que al gobierno y a la Secretarí­a General de la OEA les ha gustado el interinato y quieren prolongarlo tanto como sea posible, asegurando así­ la conveniente inercia y el desánimo de la Misión de Apoyo.

La lucha contra la corrupción, que habí­a encontrado un nuevo aliento en la acusación contra un grupo de diputados y en los anuncios de Jiménez sobre nuevos requerimientos fiscales en contra de connotados personajes del mundo legislativo, ha sufrido un brusco frenazo que amenaza con volverse retroceso y parálisis. La estrategia de los corruptos se orienta a construir una plataforma normativa, que devuelva fuerza y consistencia legal al sistema integral de corrupción e impunidad que la MACCIH habí­a comenzado a desmantelar. No debemos permitir que tal cosa suceda.

La sociedad civil organizada, especialmente aquellos grupos o asociaciones vinculados al trabajo de incidencia polí­tica y de lucha a favor de la transparencia y la rendición de cuentas, debe movilizarse, alertar a la población, denunciar las maniobras de los corruptos y develar el trasfondo hipócrita de la ofensiva de la corrupción en contra de la decencia pública y el manejo transparente de los dineros del Estado. No permitamos que los corruptos nos arrastren hacia el fondo del abismo, contaminando al cuerpo social con su propia podredumbre y hediondez.

Todaví­a estamos a tiempo de detener ese afán de retroceso e inmovilismo institucional, que niega la urgente modernidad y solo favorece a los promotores y responsables de una Honduras postrada y desintegrada éticamente.

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Víctor Meza
Columnista

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