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sábado, 23 de octubre del 2021

La comunicación del gobierno

La Administración Pública, como unidad que comunica, exige "leer la sociedad" y "ponerse en sintoní­a con la gente a la que sirve", asegura Marí­a José

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– Inicio con tres notas

El libro La comunicación de la administración pública (FCE, 2018) de Marí­a José Canel Crespo:

1) Me impresiona por su sorprende actualidad en el tratamiento de los temas y la amplitud en el abordaje de los mismos.

2) Es un texto indispensable, para quienes consideran que la comunicación de la administración pública requiere de profesionales altamente calificados. No es un tema menor. Hay quienes piensan que la comunicación depende solo del carisma del gobernante. Con frecuencia es tema de discusión con los funcionarios que asesoro en México y otros paí­ses.

3) En la clase Comunicación gubernamental que imparto en la Ibero leemos y discutimos dos de los textos escritos por Marí­a José: Comunicación Polí­tica. Un estudio y práctica (2008) y Comunicación de las instituciones públicas (2010). Y también lo hacemos en el seminario la Comunicación gubernamental como polí­tica pública en la Maestrí­a de periodismo en Polí­ticas Públicas del CIDE. Ahora añado este libro, para actualizar los cursos.

– Les comparto mi lectura-acercamiento al libro

Dice Marí­a José: “Estoy convencida de que es posible la reflexión en la acción, trato de combinar el saber y el hacer, el pensar y el actuar, el analizar y el decidir”.

Al leer este párrafo, con el que estoy totalmente de acuerdo, eso también trato de hacer en mi trabajo como consultor, profesor y articulista, recordaba con mucho cariño, con nostalgia, las discusiones sobre el concepto de praxis (teorí­a y práctica) en Carlos Marx, en mis clases de marxismo con el gran Porfirio Miranda.

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La Administración Pública, como unidad que comunica, exige “leer la sociedad” y “ponerse en sintoní­a con la gente a la que sirve”, asegura Marí­a José.

Así­, “gobernar con la sociedad es el gran reto de la Administración Pública”. La moderna, la de hoy.

Eso también requiere, es otra exigencia, que “se consolide el perfil de un gestor y directivo público que tiene que ser a la vez comunicador, y el de un comunicador que al comunicar se convierte en gestor de lo público”.

El tema deriva necesariamente a cómo se construye ese profesional de la polí­tica y de la comunicación. Del comunicador polí­tico o del polí­tico comunicador.

La propuesta de Marí­a José refuerza mi idea de que comunicar es gobernar o gobernar es comunicar. Son dos caras de una misma realidad. Es una unidad indisoluble.

Así­, lo que toca es ver, dice Marí­a José, “cuál es la mejor manera de desarrollar, formar y articular estos dos perfiles. Eso es lo que debe de ocuparnos en los próximos años “¦”.

Es, de otra manera, la propuesta de Platón y Aristóteles sobre el rey-filósofo. El que gobierna, lo hace con la habilidad y capacidades del gobernante, pero también con la sabidurí­a del filósofo. Es un mismo personaje el que articula los dos perfiles.

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Marí­a José con este libro plantea “tres deseos”, como los que se le pueden pedir a la Lámpara de Aladino:

1) Persuadir a los profesionales de la Administración Pública de que la contingencia a la que están sometidos en sus trabajos se puede abordar de manera estratégica y que es posible inyectar previsión y planificación a la acción cotidiana de gestionar lo público;

2) Compartir con profesores y alumnos las reflexiones que las universidades y el personal docente lleva años haciendo en torno a los enfoques de aprendizaje, competencias, objetivos y actividades formativas;

3) Concitar energí­as de personas de las distintas disciplinas para abordar estos nuevos perfiles del directivo/gestor-comunicador y del comunicador-directivo/gestor, para poder responder con más acierto a la pregunta de cómo hay que comunicar para gobernar con la sociedad. Que es el gran objetivo de este libro.

En esos tres deseos está también la invitación, para que los polí­ticos, los funcionarios de la administración pública, los comunicadores, los académicos y los estudiantes de la polí­tica y la comunicación lean el libro.

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Pienso que el eje rector que guí­a la obra son las respuestas a dos preguntas: ¿Qué es la Comunicación de la Administración Pública? ¿Qué la legitima?

Marí­a José define que la Comunicación de la Administración Pública (CAP) es: “El intercambio de realidades cognoscitivas, que se realiza entre las organizaciones públicas, y entre éstas y los públicos clave, orientado a asistir en el cumplimiento de la finalidad (la búsqueda del bien común), a través de los servicios públicos, encarnado en una estructura orgánica de dimensión territorial, y que articula y delimita la legitimidad del poder”.

Esa definición vale para los distintos niveles del gobierno y también para todas las instituciones de carácter público como universidades, hospitales y museos.

Su finalidad, añade, “es ayudar al gobierno a buscar el bien común, a resolver los problemas comunes”.

“La Administración Pública, dice Marí­a José, tiene la obligación de establecer relación con los públicos a los que sirve. Tiene en cuenta todos los actores que interactúan: los ciudadanos son también actores de la Comunicación de la Administración Pública”.

Se deriva, entonces, que la Administración Pública, en todos sus niveles, tiene la obligación de informar y de relacionarse con los públicos a los que sirve y éstos tienen el derecho a esa información y a esa relación de cercaní­a.

——

El comunicador de la Administración Pública es un profesional de la acción, pero también un profesional reflexivo. Reflexiona sobre lo qué hace y cómo lo hace.

Esa reflexión gana en calidad en la medida que se basa en el conocimiento cientí­fico. Así­, la reflexión del comunicador es una dialéctica permanente entre hacer y saber. Ente acción y pensamiento. Es praxis (teorí­a y acción).

En ese ejercicio hay que siempre tener conciencia que la sociedad desconfí­a de la autoridad, de los polí­ticos y de los administradores públicos. Lo raro es lo contario.

Y que también es posible que una Administración Pública puede hacer bien su trabajo y a pesar de eso tener una imagen negativa. Es el tema de la distancia entre la gestión real y la gestión percibida. ¿Cómo cerrar la brecha? El libro plantea cómo resolverlo.

– Diálogo con la autora y su texto

Elijo diez temas, entre otros muchos, a los cuáles Marí­a José dedica capí­tulos enteros. Lo hago desde la lógica de mi propio interés y experiencia como comunicador de la Administración Pública; como responsable, en los años ochenta, de la comunicación en la guerrilla salvadoreña; como encargado de la comunicación en la campaña presidencial del ingeniero Cárdenas en 1994; como consultor y como profesor universitario en esos temas.

1) La importancia de la teorí­a. Marí­a José abunda en el tema. Cuando en 2004 asumí­ la Coordinación de Comunicación Social de la Presidencia de la República, para mí­ y el equipo este tema, antes que ningún otro, se convirtió en el central. ¿Qué funda nuestra acción? ¿Cuál es el propósito? El libro responde a estas y otras preguntas propias de quien ejerce esa tarea.

2) Los principios rectores. Es también un tema central. Es necesario definir que inspira y orienta la tarea de todos los dí­as. ¿El servicio público? ¿El bien público? ¿La justicia? ¿Qué valores quiere ver en acción la sociedad?

3) El problema de la “descoordinación del mensaje”. De otra manera la “dispersión del mensaje” y la necesidad, absoluta e imperiosa, de focalización. Desde un principio, cuando asumí­ la coordinación, vimos que la dispersión era un tema central y que era urgente focalizar.  El libro dice cómo hacerlo.           

4) La necesidad de contar con cuadros profesionales. Y la necesidad de la capacitación permanente. Todos los dí­as hay nuevos conceptos, experiencias y técnicas que deben de asumirse para estar al dí­a. El libro se adentra en el tema.

5) La evaluación. Hay que evaluar todo: el impacto, la pertinencia de los mensajes, la aceptación y credibilidad de los comunicadores, la aceptación de los funcionarios. La evaluación es indispensable, para la actualización permanente de la ruta de navegación.

6) Comunicación bidireccional. ¿Cómo lograrla? La comunicación unilateral hace tiempo que dejó de ser relevante, aunque los gobiernos insistan en seguir practicándola. El tema hace relación a mecanismos de participación ciudadana que a su vez hacen relación a mecanismo de comunicación en la doble ví­a.

7) Las altas expectativas. Dialogar en serio con los ciudadanos tiende a generar altas expectativas sobre la atención que merecen sus opiniones. Si no se toman en cuenta se genera frustración y rechazo. Es un tema a resolver.  La solución no es cerrar el diálogo.

8) Relación con los medios. Los actores de los medios ya no tienen la importancia de otras épocas. La relación debe articularse sobre nuevas bases. ¿Cuáles?

9) Politización y campaña permanente. El problema se genera en los gobernantes que centran su comunicación en “venderse”. En el mediano plazo los ciudadanos asumen que se les quiere manipular, para garantizar la reelección. La comunicación de “campaña permanente” necesariamente polariza a la sociedad. ¿Qué hacer?

10) El capital intangible. ¿Cómo se construye el capital intangible? En los setenta Roger Hansen trajo a colación la idea de los apoyos especí­ficos y difusos, para explicar la permanencia del PRI. Esta no se fundaba en su capacidad de repuesta a problemas especí­ficos sino a la construcción simbólica que habí­a construido. A la vigencia del gran capital de apoyos difusos ¿Cómo se logra?

– El capí­tulo que falta

Hay un capí­tulo que hace falta. ¿Cómo ubicar el papel de la comunicación de la Administración Pública en realidades donde los gobiernos pagan la información que se publica?

En América Latina, en el caso especí­fico de México, en la relación entre la Administración Pública y los medios media el dinero. El gobierno paga pautas millonarias de publicidad. Y piensan que al pagar necesariamente deben de recibir un buen trato noticioso.

Eso establece una relación perversa entre los medios y la Administración Pública. Lo único que lo va a resolver, como en las sociedades democráticas más avanzadas, es que se prohí­ba la contratación de publicidad. No es un tema de reglas. Es que no exista.

Los recursos públicos no son para sostener medios, para otorgarlos a dueños en lo especí­fico, sino para garantizarle al contribuyente que sus impuestos se gastan en los servicios y en las obras públicas y no en la de promoción del gobernante y su gobierno.

– Y para finalizar

Todos los capí­tulos del libro se estructuran con base a tres elementos:

1) La teorí­a. Se ofrece, a partir de una revisión de la discusión actual sobre el tema, cuáles hoy son los planteamientos teóricos.

2) La realidad. Se ofrece, a partir de una revisión de muy diversas experiencias en el mundo, cuáles hoy son los problemas que tiene y enfrenta la comunicación de la Administración Pública.

3) La metodologí­a. Se ofrece, a partir de la propuesta teórica, que surge de la academia, y del análisis de los problemas que se derivan de la práctica, cuál es el camino a seguir para resolverlos y tener un mejor gobierno y una mejor comunicación de la Administración Pública.

El español del texto es una delicia. Temas complejos y arduos son tratados de tal manera que la escritura fluye y resulta atractiva. El lenguaje es claro y preciso. Es un libro que pronto se va a convertir en referente. Es un gran trabajo. Es un gran texto.

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La comunicación de la administración pública 

Marí­a José Canel Crespo

Fondo de Cultura Económica (FCE)

México, 2018

pp. 542

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Rubén Aguilar Valenzuela
Columnista y analista de ContraPunto. Doctor en Ciencias Sociales, con una Licenciatura y Maestría en Sociología y Estudios de Desarrollo Institucional; exfuncionario del gobierno mexicano.
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