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Javier: el otro Cipriani

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Javier Cipriani es hermano del Cardenal peruano Juan Luis Cipriani. Reorganiza la centro derecha peruana en pleno auge de la crisis política del gobierno de Castillo.

Por Hans Alejandro Herrera Núñez


En lo más recóndito del distrito financiero reaparece un apellido que la izquierda progre/bienpensante/(in) tolerante limeña detesta. Un apellido que solo oírlo los exorciza: CIPRIANI. Y como si de un exorcismo se tratara así arranca la carrera municipal. Y yo que pensaba que está iba a ser una elección aburrida.

Para empezar uno no se entera, o siquiera piensa, que un cardenal tenga hermano o familia. Un apellido así suena a música de iglesia. En la era del Arzobispo Castillo hace rato que se extraña a Cipriani. En un país en desgobierno permanente, con un presidente inútil y un congreso comparablemente inútil al primero, el Perú sale a flote por puro milagro.

San Isidro obviamente no es el mejor indicador de la realidad peruana, pero es el mejor indicador para ciertos puntos, como novedades en implementación de políticas urbanas, como son las todavía lejanas Smart citys. Además de ser domicilio de la burguesía local, permite la ocasión de ver hacia donde va la derecha y la centroderecha en momentos en que Latinoamérica gira a la izquierda.

“San Isidro no cambia”. Es el lema de campaña de Javier Cipriani Thorne. ¿En serio? Ese es el slogan de esta campaña municipal. Antes del prejuicio de resentido propio de mi, que sentí apenas leí el slogan en la pantalla del auditorio en un hotel sanisidrino, me puse a pensar: “debería empezar antes por preguntar”.

El auditorio estaba lleno, no más de ciento cincuenta personas. Hombres no muy viejos con bastón. Varias elegantes cabezas blancas. Un mar de caras blancas. Alguna cara conocida de alguna entrevista en la tele. Muchas camisas con corbata. Pantalones planchados y camisas almidonadas. Una despampanante rubia reparte con una gran sonrisa algo así como un periódico del candidato con sus propuestas municipales. Ella es una de las candidatas a regidora, Rosanna Matute, medioambientista fitness preocupada en uno de los distritos con más áreas verdes por metro cuadrado.

‘¿Usted es Arbulu?’ ‘No, Benavente’, escucho a decir a los señores de la fila de adelante mientras se instala la mesa. ‘Hola compadre, ¿ha venido Ale? No te he visto en el regatas’. La mitad del público ya pasa de la base 5. San Isidro es un distrito terriblemente gerontocrático. La gente mayor abunda entre los nativos del distrito. En apariencia se ve muchos jóvenes, pero somos los vecinos de paso que trabajamos en el distrito, si desapareciéramos del distrito se vería la senil realidad de la comuna. Y por ende de sus preocupaciones y necesidades. Sutilmente empiezo a entender por dónde me lleva el slogan de campaña de Cipriani.

De un momento a otro están sentadas adelante Lourdes Flores y Lourdes Alcorta. Es la primera vez que veo a Flores en años. La espalda un poco más encorvada, el rostro algo más cansado, pero su famosa sonrisa chueca sigue allí, una sonrisa simpática, una sonrisa que definitivamente no tiene Verónika. También está el congresista Cavero, el segundo más joven del congreso, el speaker de centro derecha Jorge Villena, en fin están las tres generaciones de la derecha. Hace poco, que rápido nos olvidamos de los muertos, Bedoya estaba vivo. Hay dentro del ambiente un aire de orfandad pero también de reintegración de nuestra derecha asolada.

En el proyector en loop aparece una foto del candidato a alcalde de San Isidro abrazado de su famoso hermano el cardenal. Y de un momento a otro empieza la presentación de campaña de Javier Cipriani.

“San Isidro no cambia es la tradición sanisidrina, una frase provocadora”, comienza por explicar Cipriani su slogan de campaña. “Lo bueno y bello que merece ser preservado. La seguridad, el orden…”

San Isidro es un distrito del tamaño de una hacienda. 9km cuadrados con 60 mil habitantes nativos y 600 mil personas de población flotante. Cupriani resume la subida de arbitrios de la comuna de las anteriores gestiones: “Suben los arbitrios al ritmo del 7% anual. Y el presupuesto no se gasta”. Luego promete una rebaja de 20% en arbitrios.

Aunque Javier cojea un poco tiene una voz sólida, definitivamente más solida y confiable que el de la mayoría de diputados de la derecha en el congreso actual. Su discurso es claro, atención de calidad de parte de los empleados del distrito que no viven en el distrito. “Hay que darles al menos algo, al menos educación”, dice con un aire que se entiende por un lado de superioridad, pero pensando otra vez más allá del resentimiento, también suena honestamente la queja de un anciano. Cipriani ya es viejo y se siente en sus palabras la molestia de él y sus vecinos respecto al trato a la atención al usuario. Es un punto que menciona mucho, el de la atención y el trato al usuario, no parece un punto relevante programáticamente pero es un punto importante para él y su votante, porque es el que más vive. Es algo que no se arregla con la plata, y es un tema que en profundidad es la raíz de todos nuestros problemas: no somos educados, no somos pacientes, no escuchamos y no tratamos bien al otro. Los ancianos con todo lo pesados que nos puedan parecer son los que más se dan cuenta por dónde nos equivocamos. Porque no es el dinero, ni la innovación, se trata de las personas. Ese es un enfoque del que nadie habla en política.

“Que San Isidro no cambie. Que cambie el tráfico que agobia nuestras calles. Un millón transitan el distrito cada día y no hay gente preparada en fiscalización”. Continúa mientras habla de una propuesta de red de ciclovías. “Que nos visiten sin auto”, parece atrevido pero si tienes ochenta años lo último que deseas es escuchar un claxon así sea de un coche eléctrico.

“Ayer han asaltado en Miguel Dasso y el otro día atropellaron a una chica cerca de mi casa, por un momento temí que fuera mi hija”.

Muchos serenazgos son venezolanos en el distrito, y de lo que se habla es de una integración digital, también de la población de mascotas: Hay 20 mil mascotas en San Isidro.

“Mi hermano que está más cerca al cielo que yo… Voy a trabajar para ustedes no para mí. Porque San Isidro no cambie, que San Isidro mejore”. Termina su discurso, aplausos y baja del estrado, su paso con la rodilla floja. Se abraza con las dos Lourdes. ‘No cambie’ esa frase si que no deja indiferente.

Está no ha sido una presentación de plan más de municipio. Las propuestas municipales de Cipriani vienen asesoradas por un economista de la Universidad de Lima pero también por la presencia de miembros del PAD de la universidad de Piura. Se siente más como ensayo macroeconómico a futuro, o quizá poner las bases de estructuras organizativas políticas firmes. Cómo sea en el auditorio de la presentación del candidato Javier Cipriani había más personas con perfil ministerial que en todos los gabinetes que lleva el presidente Castillo ahora. Si tan solo los candidatos a regidores de Cipriani fueran gobierno el país estaría mucho mejor, de eso no me cabe duda. Porque como dijo una vez el tucán Bedoya, no hay una manera socialista o cristiano demócrata de arreglar un bache en la pista, el bache se arregla y punto, politizar los problemas no resuelven nada, más bien hacen más grande el bache que tarde o temprano se tendrá que arreglar.

El Perú pasa por su bache histórico más grande. Y a la vista no hay quien pueda arreglarlo. Quizá de San Isidro venga la propuesta, al final uno nunca sabe, porque la Historia no va en línea recta, más bien cojea y su sonrisa es esperanzadoramente chueca. Y en política todos sabemos que quien dice que va cambiar las cosas al final nunca lo hace, quizá el que dice que no cambie, tal vez ese si las cambie… para bien.

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Hans Alejandro Herrera
Hans Alejandro Herrera
Consultor editorial y periodista cultural, enfocado a autoras latinoamericanas, Chesterton y Bolaño. Colaborador de ContraPunto
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