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domingo, 16 de mayo del 2021

Humanismo, unidad, fraternidad, solidaridad…

Cuando “por un árbol seco se pierde la dimensión del bosque”, por parte de personas o grupos, es evidente que -por ingenuidad o por malicia, o por ambas- existe el interés de desviar la atención hacia pequeños detalles, intentando ocultar -hasta con sofismas y deslegitimaciones- una realidad completa y el logro integral de un propósito o proyecto.

Independientemente de ideologías, religión y otras tendencias socio políticas, esta columna no invade sentimientos, ni maneras de pensar, ni intenta provocar polémica -esa no es su motivación- puesto que, en primer lugar, la situación caótica del país no está para discusiones estériles; pero, sobre todo, porque toda opinión crítica si es de altura, se vuelve respetable por derecho propio. Y ese ha sido -es y será siempre- nuestro ideario, por décadas. No califica, por tanto, la crítica de sentido opuesto.    

La pandemia COVID-19 es una sombra mortal, que cubre ya casi todos los países del mundo. El Salvador no es la excepción. Y como un bosque activo, las medidas de precaución contra el virus, impulsadas por las autoridades de salud, gobierno central, municipalidades, organizaciones altruistas y gran parte del pueblo salvadoreño, unidos graníticamente promueven sus esfuerzos, a fin de contrarrestar los efectos mortales de la pandemia, aun contra todo los inconvenientes y carencias de un país como el nuestro; pero, sobre todo, contra intentos desestabilizadores del sistema de medidas en acción.

Claro, en el bosque -por fallas humanas, desconocimiento o por carencias- siempre habrá -hay- uno o varios “árboles secos”, que den pie a señalamientos, muchas veces acertados -bienvenidos- y otras -como ocurre hoy- como evidentes intentos de obstaculizar la marcha aceptable de un plan de medidas que, en esta hora de prueba por el COVID-19, beneficia -sin distingos de ninguna clase- a toda la población salvadoreña, especialmente a la más necesitada.

Lo dicho, en un sistema político como el nuestro, apreciables son los señalamientos que -como al “árbol seco” dentro del bosque- cuestionan las buenas intenciones y acciones de un plan, al que afecten en su proceso. Pero cuando, como  en estos momentos de tribulación popular: el lenguaje  inapropiado, la falta de cordura y el revanchismo político, parecieran expresar odio personal y al gobierno, en realdad, al que únicamente perjudican -gravemente- es al pueblo, a nosotros

“… los que nada tenemos

como no sea un grito universal y alto

para espantar la noche…”,

como dijera el poeta del canto popular, Oswaldo Escobar Velado.

Humanismo, unidad, fraternidad, solidaridad…juntas, solo por ahora -solo por ahora-, sería un gesto deseable por todo un pueblo, ávido de buena salud y bienestar, incluyendo a muchos parientes y allegados de quienes ahora -con evidente mala fe- anteponen su deseo personal, al deseo de todo un pueblo que lucha por ser feliz.

Puntualmente, en el caso de los políticos que -por conveniencia ocasional- actúan como péndulo entre el sí pero no, quizás se imponga oír a las bases. Las bases de todos los partidos, hoy piden apoyo, unidad y solidaridad con el plan anti pandemia.  Quieren voces constructivas, pacifistas, no discursos de tonos belicistas -ya no calan, indignan- y solo para aplausos del grupo circundante. El peor error de algunos políticos es subestimar la dignidad e inteligencia de los salvadoreños, sus militantes y seguidores. Con engañosa afirmación de unidad partidaria, una imposición verticalista de normativas a las bases e incoherencia en el discurso, ha intentado adormecer conciencias, hacia el logro de beneficios personales y partidarios. Pero ya no, Y con la amenaza mortal de esta pandemia COVID-19, peor…

Nada personal, ni reclamo alguno del pueblo salvadoreño. El soberano, hoy por hoy, solo pide voces para alentar conciencias o silencio para no entorpecer procesos. Unidad y solidaridad, en busca de la claridad al final del túnel. Como dijera Sófocles: “Oh! tinieblas, sed mi luz”…

Renán Alcides Orellana
Renán Alcides Orellana
Académico, escritor y periodista salvadoreño. Ha publicado más de 10 libros de novelas, ensayos y poemas. Es columnista de ContraPunto

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