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jueves, 05 de agosto del 2021

¿Hasta cuándo, legisladores, hasta cuándo…?

“¿Quosque tandem, Catilina, abutere patienta nostra?” (“¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?”), con esta clásica pregunta el orador y filósofo romano Cicerón (106-4 a de Cristo) increpó al corrupto Catilina, ante sus ambiciosas y desenfrenadas ansias de poder, hace miles de años.

Ni Cicerón ni Catilina habrí­an imaginado entonces que, tantos años después, aquella frase lapidaria inspirarí­a a los hombres libres, a cuestionar a sus gobernantes cuando, poseí­dos por las mismas ansias de poder, atentan contra la dignidad e inteligencia de la población honrada. Y en este cuestionamiento a los polí­ticos, la sociedad salvadoreña no puede ser la excepción, precisamente ahora que, de nuevo, la Patria transita espinosos caminos de convulsión polí­tico-social, casi sin esperanza de una solución satisfactoria.

El retraso de casi dos meses de la Asamblea Legislativa en la elección de los cinco magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), sin desestimar la importancia de los otros, merece especial atención, entre los diversos factores que, hoy por hoy, contribuyen a la inestabilidad nacional. A pesar de las mil excusas y justificaciones absurdas de los diputados, sobre que el retraso se debe a que “se busca al candidato más idóneo”, ese retraso es inconstitucional. Inconstitucional y además mal intencionado, cuando pretenden los diputados engañar a la ciudadaní­a, al insistir en inexistentes disputas por “cuotas de poder”. De ahí­, el imperativo popular de la pregunta ¿hasta cuándo, legisladores, hasta cuándo…? “abusarán de nuestra paciencia…”

Los debates y controversias son propios de los sistemas parlamentarios. Son los pesos y contrapesos de todo sistema democrático, que también permite una reflexión -seria y patriótica- especialmente de los distintos grupos parlamentarios, cuando un problema de nación urge de consensos para ser solucionado. Y esto de las inconstitucionalidades, señores, es un problema de nación…y que la población esté desprovista de una Sala de lo Constitucional para tutelar sus garantí­as ciudadanas, es también un problema mayor de nación, aparte del irrespeto a la Constitución de la República y al electorado nacional que, en mala hora, confió y eligió a sus “representantes”… ¡mal ejemplo para las nuevas generaciones, que aspiran a una Patria mejor, en un mundo de verdadera justicia social!

Desde luego, exigir claridad en los planteamientos de cada propuesta es un derecho y una herramienta de sana administración, pero, en las elecciones de segundo grado de la Asamblea Legislativa, existen plazos de estricto cumplimiento constitucional. Y satisfechas las exigencias y planteamientos, en un orden exigido por el sistema parlamentario, toda “oposición constructiva” debe “ceder” un poco en su lí­nea partidaria hasta lograr aprobaciones urgentes, en aras de contribuir a la solución de la problemática nacional.

Elegir en tiempo y en los plazos de rigor constitucional a los Magistrados de la CSJ -deuda legislativa esta vez ya por casi dos meses- es una demanda que, como secreto a voces, hoy por hoy y de manera urgente, reclaman la ciudadaní­a y todas las fuerzas vivas del paí­s a la Asamblea Legislativa. Comprensible el reclamo porque, aparte de las tantas veces mencionado incumplimiento de los plazos, la población lamenta la absoluta impunidad que rodea estos casos, la cual permite la continuidad de esta práctica nefasta, volviendo más sensible y agobiante la realidad socio-jurí­dica del paí­s.

Sin duda -con las escasas excepciones de siempre- seguirá la ambición de poder y de prebendas -nadie cree lo de ingresar a la polí­tica para servir a la Patria- y seguirá también en la Asamblea Legislativa el incumplimiento de los plazos constitucionales, con pobres y nada creí­bles justificaciones… pero también, para los polí­ticos “desobedientes”, será inevitable escuchar la voz de todo un pueblo, cansado y ofendido, golpeando incesante a sus oí­dos, como lo hiciera Cicerón, hace miles de años: “¿Quosque tandem, Catilina, abutere patienta nostra?” (“¿Hasta cuándo, legisladores, abusarán de nuestra paciencia?”).

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