miércoles, 22 mayo 2024

Guillermo Russo: un embajador duro de matar

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Entrevistamos al embajador peruano Guillermo Russo y su modelo de diplomacia eficiente, así como la relación histórica entre Perú y Bolivia.

Por Hans Alejandro Herrera Núñez


Una pistola no declarada cruza la frontera en un abrigo. En Washington un club de diplomáticos se reúne para guillotinar de un plumazo a sus colegas. Una recepción en Hong Kong atrae como moscas a los industriales y financieros de toda Asia. En un oscuro despacho una mano mueve el mundo mientras su índice se clava en un punto debajo del ecuador. A Lima llega un hombre todavía joven al borde de ser jubilado víctima de una traición de sus colegas. En esa misma ciudad, en palacio el presidente pide disculpas públicas a los diplomáticos traicionados en nombre del Perú. En el frígido e insípido Canadá un hombre juega con su perro mientras espera la llamada de un vampiro. Esta es la memoria diplomática de un país a través de un hombre.

En un actual contexto diplomático adverso para Perú, un país con cada vez menos amigos y con diplomáticos peruanos haciendo malabares por defender lo indefendible no queda otra cosa que mirar al pasado para no amargarse imaginando el futuro; esta es la historia de un modelo de acción encarnado en una persona que bien valdría a nuestros diplomáticos centroamericanos calcar con fidelidad. Porque si Perú no aprovecha lo que tiene, nosotros los centroamericanos bien podemos sacarle mayor ventaja. Esta es una historia que va a través de Hong Kong y Hungría, desde las estepas altiplánicas de Butch Cassidy a los pasillos de la traición en Torre Tagle. Una memoria sobre la diplomacia agrícola del embajador peruano Guillermo Russo.

UN ALMUERZO DE ARROZ CON CABRITO

2023. Mientras en el Perú continúan las protestas, me doy cuenta que en el norte se pinta la situación más tranquila a comparación del Sur o parte del oriente amazónico. En los años de bonanza económica la riqueza chorreó en el norte a través de la agroexportación, pero no así en el Sur. Esto explica que la actual crisis peruana tiene raíces económicas, que la pobreza y la desigualdad han golpeado más en el Sur que en el norte. Es curioso que el norte se desarrollara en agroexportación siendo un ¡desierto! Entretanto el Sur ha sido abandonado a su suerte. Testigos de esto son los muertos de ese olvido económico en Apurímac, Ayacucho y especialmente Puno. “Dime tú entonces que ha hecho el ministerio de relaciones exteriores por Puno. Ignoro, porque la realidad económica, sus índices de salud y educación lo dicen todo, ya que de cada diez niños siete tienen anemia antes de los seis años”, me dice Russo mientras conversamos por teléfono.

Muchos pocos años antes, frente a un pelotón de carnes y chorizos, en un almuerzo de terraza, recordé el día que me presentaron al embajador del país del hielo, Guillermo Russo. Lo conocí en esa misma terraza del departamento de un embajador contrariado de cuyo nombre Dios me deje librado de acordarme. Era un almuerzo de diplomáticos, o como decimos en Derecho, un almuerzo de arroz con cabrito. Más allá de las envidias gremiales el espacio era un ambiente plagado de norteños con su “simpático” sentido del humor (me perdonarán pero soy del Sur y la gente del norte siempre nos ha resultado… pintoresca), y allí Russo sobresalía por su parecido a don Pío Baroja y un humor bajo en colesterol. Con un aire quijotesco (sus antepasados son en parte gallegos y de Castilla La Mancha), era de toda la mesa de norteños la persona más mesurada y con muchos recuerdos. Esa vez mientras Russo conversaba con el anfitrión contrariado (un hombre alegre como el sol de su tierra, pero proclive a los nubarrones vallejianos. En fin, así son los novelistas), recuerdo toparme con una conversación que me intrigó. Les escuché hablar sobre unas uvas, y algo que habían logrado juntos, algo importante, muy importante. Lo que haya sido reanimó al anfitrión contrariado, quien luego muy alegre se puso a recitar a un poeta suicida húngaro con nombre de bárbaro. Ahora que lo pienso esa conversación interceptada no debió ser importante y sin embargo no me la pude sacar de la cabeza.

Cómo dice Baudelaire, la vida es un bosque de símbolos y si nos acordamos de algo tan intrascendental es porque no lo es.

Años después frente a un pelotón de malas noticias sobre Perú, desde carreteras bloqueadas, a masacres de manifestantes y discursos de odio y separatismos, me contacto con Russo y este me cuenta una historia que me entró por una oreja y estuvo a punto de salirme por la otra, pero que por alguna razón no pasó desapercibida. Algo referente a unas uvas, el norte peruano y un señor húngaro. Si no dejé ir esa historia es porque recordé lo de esa conversación interceptada, si eso había sido capaz de reanimar al anfitrión contrariado, entonces mi olfato me decía que había algo allí. Luego fue el momento de buscar si había una historia. Y madre mía, sí que la había.

A lo largo de dos notas anteriores he investigado, entrevistado e indagado sobre algo que tiene que ver con algo más que uvas. Podrían haber sido mangos o kión, daba igual, el caso es que esto era algo más. En un país donde no son frecuentes las buenas noticias, esta historia realmente fascina por lo que se logró. Porque es un hecho que contribuyó a un cambio a mejor en la lucha contra la pobreza en el norte del Perú, lo cual explica su actual calma frente al resto del país. Porque casi no hay noticias de muertos en el norte del Perú respecto a las recientes protestas. Y ¿Por qué? Por un par de personas, un loco sueño en la que nadie hubiera invertido dos dólares sino fuera por todo el despliegue que se hizo: relaciones públicas, viajes, contactos y lo más importante, ir más allá de las instrucciones recibidas.

Esta es la historia detrás del milagro de la Uva Red Globe. De un hombre que hizo de bisagra entre el continente tecnocientífico de Europa y un país de ese continente mágico llamado Latinoamérica.

UN REVOLVER PARA BOLIVIA Y UNA OFICINA LLUVIOSA EN HONG KONG

Toda historia comienza antes, mucho antes.

Lima 1977. “Ten Guillermo, toma está pistola, la vas a necesitar, estás yendo a un país que no se sabe lo que va a pasar al día siguiente” le dijo el embajador Juan Garland (Q.E.P.D.) mientras le regalaba una pistola cargada a un joven Russo el mismo día en que viajaba a su primer destino como diplomático: Bolivia.

Bolivia no solo es el país con el lago más alto del mundo compartido con Perú, es también la tumba del mítico vaquero ladrón de trenes Butch Cassidy y del líder guerrillero Ernesto el Che Guevara. En 1977 Bolivia era un país en caos.

“Llegué a Bolivia con una pistola que no declaré” comenta Russo con alegre nostalgia. “La relación de Bolivia con Perú fue, es y será el de un país importante. Si bien las relaciones internacionales con todos los países son importantes en diplomacia, lo es aún más con los países vecinos. Puede que un día el gobierno de Perú se pelee con Nepal o Dinamarca, pero de ninguna manera se debe pelear con sus vecinos, pues mientras Nepal y Dinamarca están a medio planeta de distancia, con tus vecinos compartes la geografía y no puedes ignorar eso. Con Bolivia la relación es más especial históricamente, se remontan a unas raíces profundas, anteriores a la colonia e incluso antes del Tawantinsuyo. Durante la República fuimos parte de la Confederación, y no nos olvidemos de Santa Cruz, la cultura aymara y el Titicaca. No nos olvidemos de todo lo que implica y se podría hacer junto a Bolivia. El sector privado peruano podría tener mayor impacto en Bolivia. El Banco Popular fue durante cincuenta años el banco más importante de Bolivia, y era un banco peruano. Alicorp el día de hoy lidera en Bolivia la producción de aceite. Ergo nuestro socio natural es Bolivia. Por otra parte la gran discusión boliviana sobre la salida de exportaciones bolivianas es si sale por el puerto de Arica (Chile) o por Matarani (Perú)”.

En sus primeros años en Bolivia Russo conoce a la mítica Tía Julia, Julia Urquidi, primera esposa del premio Nobel Mario Vargas Llosa. “Era una mujer simpatiquísima, entonces era la secretaria del dictador Banzer… Urquidi que impresionaba con su sola presencia. Era frecuente entonces, incluso ahora, que hubiesen muchos matrimonios entre peruanos y bolivianos, y que se fueran unos y otros a vivir al otro lado, por ejemplo el gran economista boliviano Ramiro Cabezas fue asesor del general Morales Bermúdez cuando este tenía la cartera de ministro de hacienda. Además no hay que olvidar que Perú fue destino de exiliados políticos bolivianos cómo es el caso de la troika revolucionaria boliviana. En Perú estuvieron refugiados Juan Lechín, Paz Stensoro, Siles Suazo, estos dos últimos llegaron a ser presidentes de Bolivia”.

En 1977 Russo tiene 29 años, ha llegado justo para el momento del llanto en renuncia del general Banzer y el posterior caos político boliviano de los últimos años de la década de 1970. Su trabajo consistía en estar averiguando, ser ojos y oídos del inca, ser el tukurikuy, estar al tanto de lo que ocurría.

“La relación con un país fronterizo debe ser una relación matrimonial, una relación completa en lo político, lo económico, social y cultural” comenta respecto al país de la frontera.

Su primer trabajo como diplomático también tiene funciones curiosas como es hacer obviamente de todo. Entre estas está hacer informes cifrados. A través de la extraña máquina CX-52, una especie de máquina estinotipiadora rara hecha en Suiza, Russo se encargaba de cifrar los informes secretos y estrictamente secretos. Una especie de servicio secreto. Es en Bolivia, precisamente en La Paz, a pocos kilómetros de la frontera que Russo se da cuenta que para una provincia como Puno, el polo de desarrollo más cercano está más en la capital de un país extranjero que en la de su propia capital, Lima. Años después esta reflexión brotaría en su cabeza ante los sucesos de discursos separatistas durante la presente crisis peruana. Porque Perú ya ha tenido una canciller diplomática de carrera puneña, cuyo mayor mérito ha sido el escándalo del vacunagate. ¿Dónde está lo que se ha hecho por Puno? Mientras La Paz, está aquisito nomás, a la vuelta de un par de montañas.

Después de su paso por Brasil y la ONU llega su siguiente destino. ¿Londres o Hong Kong? Le preguntan a un joven barbudo en Torre Tagle. Y el muy romántico elige Hong Kong. “Yo era Marco Polo, conforme me lo dijo el ilustre embajador Hubert Wiland, vuelvo al Asia donde el Perú cerró su oficina en 1969 al abrir relaciones con la China popular”.

1987. Hong Kong. Hace calor y llueve. En el enclave británico en el sudeste asiático una modesta oficina abre. Russo levanta las persianas que da a una avenida con esos pintorescos buses ingleses de dos pisos. Hong Kong es un termitero de gente, todo es comercio, bulla, movimiento. Y claro, hace calor y llueve. Russo es una especie de plenipotenciario, no solo es el cónsul general de Perú para Hong Kong y Macao sino que su oficina también abarca temas diplomáticos y fundamentalmente económicos para otras zonas del Asia, como es Taiwán, Singapur, Tailandia, Malasia, Indonesia y algún otro exótico país donde Perú no tenía embajada. En resumen que Russo tiene mucho trabajo.

Entre montañas de papel burocrático Russo se hizo de tiempo para promover encuentros empresariales entre peruanos y asiáticos. “Creía que se podía y lo hacía”. Uno de estos encuentros en 1989 permitió a un privado peruano como Julio Vera con financiación de Hong Kong mandar a construir en el astillero de Fujian, en China Popular, una flota de doce barcos (para la pesca y fábricas de harina de pescado). Este fue el primer “joint venture” entre Perú, Hong Kong y China. “No he tenido temor de tratar con el sector privado. Soy funcionario de Estado y el Estado somos todos (…) En la Cancillería hay muchos que le temen al privado, y por qué, por ignorancia, porque no saben gestionar las cosas y se limitan a lo administrativo. Mi caso es diferente, mi experiencia viene del banco industrial dónde fui asesor principal de la presidencia, allí aprendí a recibir a todos los sectores y estratos de la sociedad. Porque para mí el trabajo es un entusiasmo”. Respecto a los barcos comprados por un peruano a los industriales de Hong Kong, Russo no solo estuvo presente el día que botaron los barcos, sino que también acompañó en todo lo que hiciera falta en el planeamiento desde el contacto hasta la botadura, es decir coadyuvó en la operativización que permitió la realización de que en 1989 hubiese una renovación de la capacidad productiva en el sector al contar con una nueva flota de barcos pesqueros para el mar del Perú.

Por entonces, como era esperarse de él, Russo también promovió un encuentro aprovechando la cumbre en Singapur de la PECC (el predecesor de la APEC), esto con motivo de recibir en Hong Kong al flamante presidente democrático del Perú, Alberto Fujimori, el primer nisei elegido presidente en el mundo. Es el 15 de noviembre de 1991 y este es el primer viaje de Fujimori al Asia. Esta es una oportunidad de oro para estrechar lazos. En Hong Kong, Russo organiza una recepción de 500 empresarios de todo el continente, desde industriales japoneses hasta financieros taiwaneses o comerciales de Singapur. Toda Asia siente curiosidad por ese hermano que se ha hecho presidente en el lejano Perú. Cabe recordar que Hong Kong entonces como ahora era el centro bursátil de toda Asia oriental, una especie de Nueva York, el lugar estratégico y neutral para la reunión de los intereses de los grandes capitalistas asiáticos. En un mar de caras amarillas Fujimori es recibido con gran interés por la comunidad empresarial de los tigres asiáticos, ningún presidente latinoamericano tuvo entonces ni ahora semejante atención. Esta es la época de Fujimori el demócrata. “Ese almuerzo además de un éxito en relaciones internacionales por el que Perú se presentaba con fuerza al mercado asiático, fue también una reunión que no le costó un solo dólar, libra o yen al Estado peruano”. Una reunión así en una época económicamente difícil para el Perú fue un salvavidas de un valor incalculable.

Lamentablemente la Historia Universal nos enseña que la gratitud no es algo esperable de ningún gobernante.

LA PURGA DE WASHINGTON

Otoño boreal de 1992. Unos meses antes Fujimori ha dado un golpe de Estado en Perú. Lejos del epicentro de los cambios se va a preparar otro terremoto, uno menos ruidoso aunque más profundo en las grietas que ocasionará. A Washington llegan en distintos vuelos, como si de un cónclave de la Cosa Nostra se tratara, un grupo de diplomáticos peruanos de primer nivel. Es el club de Washington y es allí donde se escribirá la página más negra en la historia del colegiado diplomático peruano. Precisamente para ese momento histórico se han tomado medidas especiales para su total confidencialidad. Se ha elegido Washington por su neutralidad. En un vuelo nocturno, sobre la medianoche, como gallinazo de mal agüero arriba el último diplomático al que se esperaba, es alguien muy especial, el burócrata, quien viene cargado de carpetas. Es la lista con todos los funcionarios de la Cancillería. “Fueron nuestros propios colegas quienes prepararon la infame lista de 1992” me menciona Russo con indignación. Fue su propio colegiado el que los masacró. Una herida que sigue fresca hasta ahora. En una sala estilo tudor, sentados en unas sillas windsor el cónclave va revisando carpeta por carpeta, son las hojas de vida de todos los diplomáticos peruanos, sus años de servicio van acompañadas de fotos tamaño carnet. Algunas carpetas son más grandes que otras según la historia y el tiempo que tengan. ¿Cómo resumir en una carpeta la vida de un diplomático? ¿En veinte o treinta folios pueden caber veinte o treinta años de funciones? ¿Con una tijera se puede cortar tan fácil una vida entera entregada al servicio diplomático? ¿Qué tan difícil es cortar una vida? ¿Siente algo el verdugo? En lugar de tijeras hay un bolígrafo y una mano fría de jacobino va anotando los nombres de los girondinos a guillotinar. “Este si… Este no… Este si. Este también.”

La leyenda cuenta que Fujimori al recibir la lista de las hecatombes de Washington dijo: “pero esto es un exterminio”. En total se pasaban a cese a 117, sin embargo parece que estuvo programado para 250. Sin embargo hubo una segunda guillotinada de ceses, unas 50 cabezas más algunos meses después.

Para esto cabe saber que la Cancillería es una de las instituciones primigenias de la República del Perú, nacida durante la independencia, es junto al Ejército una de sus venerables primeras instituciones. Y una institución para ser legítima requiere de la confianza de sus colegiados. Una purga como la de Washington deja a la posteridad unas heridas abiertas en un precedente que no se supera con el deceso de sus protagonistas. Un precedente es un precedente.

Pero volvamos a 1992. Entre los guillotinados está Russo. Sin embargo él no se da por muerto. “Yo tengo esquina” me dice. Contra todos los pronósticos vuelve. “Fui cesado en el golpe pero les gané y los forcé a verme la cara en Torre Tagle. Fui el primero que le gané a la dictadura mi restitución” cuenta con orgullo el embajador. En efecto Russo fue el primero de un grupo reducido que ganó su restitución después de 23 largos meses a través de una acción de amparo. En 1992 y con una ola de popularidad a su favor, el tirano Fujimori (la palabra dictador tiene demasiada nobleza para lo que vivió el Perú entonces) cesó a los diplomáticos bajo la acusación de “ineptos, amigos de lo ajeno y de desviados sexuales”. Esto convertía la cuestión en un asunto personal. Meterse con la honra de las personas es una canallada que no se olvida.

Como si no fuera suficiente la humillación del insulto, cuando Russo regresa al ganar la acción de amparo lo primero que recibe al volver a los pasillos de Torre Tagle es que le miren feo sus propios colegas. “Y González Terrones me ve llegar y me dice: ¿Qué haces tu acá? Y yo le respondo: vengo a traer la resolución por la cual me restituye como funcionario diplomático la Corte Suprema ¡Carajo!”

“Yo tomo mi acción de amparo no por aferrarme al trabajo sino porque se metieron con mi honra y la de mi familia. Porque yo provengo de una familia honorable, una familia histórica, mis padres han sido peruanos a carta cabal, que pelearon y sufrieron exilios y cárcel por el Perú. Mi bisabuelo Miguel Checa Checa hizo con su propio dinero el primer canal de regadío del norte peruano, de 80 km de extensión. Mi padre, José Russo Delgado fue exiliado por Benavides, por Prado y por Odría. Por tanto aquel cese era un escupitajo de Fujimori al honor de mi familia. Esa es la maldad del Fujimorismo”.

En los tejes y manejes de la perversa dictadura del Fujimorato estuvo la complicidad con la que blindó el régimen sus decisiones. Pocos recordarán que al poco tiempo de la purga de Washington, Fujimori elevó el salario de los diplomáticos en un 350%. “¡Los compran! Esa es la astucia de las dictaduras”. Y es así como los colegas se olvidan de los amigos y voltean la vista a otra parte. Este es el espíritu del Neoliberalismo. Todo bien mientras yo tenga más, y no me importa lo que le pase a mi prójimo así sea mi hermano. Cómo está escrito que le respondió Caín a Dios cuando le pregunto por Abel: “¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?”

No obstante su regreso a la carrera diplomática, Russo está aislado, no puede ascender. Es un apestado y le toca vivir una década pérdida. Porque no importa lo que hagas, no puedes ascender, estás en la lista negra, la lista de los incómodos al régimen.

Con una carrera con un horizonte trunco Russo opta por no amilanarse. Enviado al Canadá en 1995, siempre en un cargo menor cuando le tocaba ascender, Russo se prepara para su regreso al Perú, sabe que las dictaduras no son eternas. Su caso es especial pues es de los pocos abogados diplomáticos que tiene Master de Derecho, en su caso por la universidad de Ottawa. Años después empieza a trabajar para una empresa de exploración minera canadiense, en el directorio. “Consigo un proyecto minero emblemático en Perú. Lo comienzo a trabajar en 2001 y en 2002 ya tenemos el proyecto de Shauindo, en Cajabamba, Cajamarca”. Es Sulliden la que asume el proyecto que consigue Russo. Para que tengamos una idea de lo que implica un proyecto minero este demoró en desarrollarse 15 años ¡15 AÑOS! En el caso minero Canadá es el país líder en exploración minera global. En el proyecto en cuestión se descubren vetas de oro. En la actualidad se extraen en promedio 150 mil onzas de oro al año que le significan un importante ingreso al Estado. Siendo que una onza de oro se cotiza en unos 1850 dólares aproximadamente.

EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO

¿Cómo se recupera el tiempo? ¿Cómo se resarce el daño? Russo sabe de eso muy bien.

En el año 2000 Russo regresa a Perú. Cuando cualquiera pensaría que su carrera ya estaba muerta después de una década estancada, el destino le sonríe. Llega justo en el momento que se revelan los vladivideos, el régimen que se creía de cemento se desmorona como arena y en semanas el presidente Fujimori se va primero a Malasia, para la APEC y luego a Japón desde donde envía por fax su renuncia. Es en esos momentos en que le tocan la puerta de la casa de Russo. El hombre que iba a ser jubilado ahora es convocado por el nuevo gobierno de transición democrática de Valentín Paniagua. Entonces el ex secretario de la ONU, Pérez de Cuellar es nombrado primer ministro y ministro de Relaciones Exteriores de la República. En una cancillería plagada de fujimoristas se empieza a buscar demócratas de confianza. Russo es uno de esos pocos especímenes de raza que había sobrevivido a la purga de Washington. Su historial es impecable y hasta Pérez de Cuellar debió estimarlo de heroico. El nuevo Canciller extiende a dos años más el tiempo de servicios en la categoría y declara la nulidad de lo actuado en famoso cese. Una manera modesta de resarcir a los diplomáticos el daño ocasionado a sus honras. Se da también la ley que permite los ascensos en la carrera para recuperar un poco el tiempo injustamente perdido. En poco tiempo Russo ya puede retomar el vuelo de su carrera y ascender a embajador. Insisto, una forma de resarcir el tiempo perdido. Como en efecto fue, al menos en lo simbólico, el pedido de perdón a nombre del Estado Peruano de parte del presidente Alejandro Toledo a los diplomáticos guillotinados en 1992. Sin embargo hubieron otros de la carrera diplomática que no llegaron a vivir ese momento, como es el caso de Henry Rizo Patrón, amigo de Russo en su primer destino diplomático en Bolivia allá por 1977, quien murió con el cese y el amargo sabor de la calumnia y la traición proferida por sus propios colegas.

Pero cómo dijo Fray Luis de León, después de serle devuelta su cátedra tras pasar cuatro años en la cárcel de Valladolid para luego ser absuelto de los cargos: “como decíamos ayer…”

De igual manera podríamos decir que esta también podría ser la frase de Russo, pero llevada a la acción de arremangarse las mangas.

“Corea del Sur o Hungría” le dice el entonces canciller García Sayán, allá por el año 2002. A diferencia de otros de su promoción que ya habían ascendido a embajadores antes que él, Russo por fin puede ascender. Mientras se está vivo nunca es demasiado tarde. “Volví a la carrera diplomática porque quería sumar y multiplicar, no restar y dividir como hicieron otros en el 92. Yo quería volver por todas las cosas que no había podido hacer. Por toda esa década pérdida que tenía que recuperar. Mi venganza era contra el tiempo”. Es entonces que Russo elige Hungría, justo cuando en Canadá su carrera prometía crecer más alto. Cómo todo en la vida: decisiones. Como el cargo se lo exigía tuvo que renunciar a la seguridad y prestigio que un buen trabajo le daba en Canadá por el servicio a la República. Se abre una puerta pero se cierra otra. Tal vez Russo no debió renunciar, sino más bien pedir su suspensión en el corporativo, porque la experiencia en el servicio público enseña que el Estado no reconoce. Triste, pero cierto. ¡Mucha atención en eso Ettore!

De viaje a Hungría, este es su primer destino europeo. Un país del tamaño de Madre de Dios, pero con una población igual a la de la megalopolis de Lima metropolitana.

Para Russo el potencial de su gremio es del tamaño de Machu Picchu. “La gran transnacional que tiene el Perú es el Ministerio de Relaciones Exteriores y no se utiliza eficientemente en beneficio del desarrollo eficiente del país en todos los sectores”, me comenta Russo con un tono de reclamo de alguien que conoce las capacidades de su colegiado. Hay 200 millones de dólares anuales presupuestados para este ministerio que tiene más de 150 oficinas entre embajadas y consulados en el mundo. El enfoque de Russo es más dinámico quizá por eso no espera instrucciones para actuar. Su colegiado es eminentemente conservador y burocrático con una fuerte dosis de paranoia persecutoria frente a cualquier asomo de una acusación por corrupción. El resultado: tramitología kafkiana y no hacer nada, salvo cócteles, visados y calentar el sillón, y capaz aplicar la política de dejar hacer y dejar pasar. A diferencia de su colegiado, el caso de Russo es propio de alguien inquieto, busca la oportunidad, se sabe puente para las relaciones públicas, contacta y conecta, hace de cabeza de playa en Normandía si es que no de sexto ejército alemán en Stalingrado. “Prefiero equivocarme por acción que por omisión”. En resumen no le teme al riesgo. Por eso apenas tiene su primer ascenso a embajador, esta vez enviado a Hungría, busca de inmediato que proyectos de desarrollo pueden facilitarse a través de su presencia allí. Lo primero que hace en su primera embajada es buscar el mapa y ponerse a leer sobre la topografía, su producción y las capacidades de Hungría, encontrar algo que pueda hacer bailar Hungría con Perú. Porque siempre hay algo.

“Yo recordaba que los ómnibuses Ikaro que iban por Lima en los años 70 eran de fabricación húngara. Además Hungría es un país con 10 premios nobel. Algo tenía que encontrar”. Y fue entonces que encontró al experto vitivinícola Andras Lakatos.

“Me pasaba el tiempo buscando que se podía hacer, y ahí llegué a la universidad de Godolo”. Fue con su segundo, el que más adelante sería el embajador contrariado “éramos como Sotil y Cubillas, jugábamos en pared, mi segundo era y es un hombre apasionado de hacer cosas nuevas. Fue en ese tiempo que descubrimos un proyecto encabezado por húngaros en el Brasil, dónde aparecía el nombre de Lakatos. Pues bien Hungría tiene fama de productor de uva, el famoso tokai húngaro. Comienzo a investigar más sobre el tema. Fue en una reunión con el embajador de Brasil en Hungría que descubro el aporte húngaro en Brasil, averiguo lo de Petrolina. Porque siempre saco provecho a la sociabilidad. Apenas le digo chau al embajador brasileño me voy a mi embajada recordando el nombre de Petrolina, y de inmediato voy a buscar donde queda Petrolina y descubro en mi mapamundi que Petrolina está a la misma latitud que Piura. Si la uva pegó en Petrolina también podía pegar en Piura. Fue en ese momento que busco a Lakatos y a través de la universidad de Godolo invitamos al rector de la Universidad Nacional de Piura, Edwin Vegas. Yo soy de origen piurano y mi segundo, el piurano por mangas y remangas, fue así que le metimos pasión al trabajo, aplicamos la diplomacia universitaria conjuntamente con la empresarial”.

Meses después Russo convencerá a empresarios agricultores nativos de Piura a viajar a Hungría para interesarlos en su descubrimiento. Llegan Reynaldo Hilbeck, Mario Mustafá y Eduardo Vera. Y en efecto se interesan. Recorren junto a Russo Hungría. Van a Godolo y conocen a Lakatos, lo invitan a Piura. Él va, hace estudios sobre el terreno y el resto es historia. “Por obra de Lakatos hay un boom de la uva en el norte. Yo reconozco el aporte húngaro a nuestro país y que lamentablemente se conoce poco. Debería por lo menos haber una avenida dedicada a Lakatos en Piura o una condecoración póstuma. Algo se debe hacer. Lakatos era un apasionado de la uva y se volvió gran amigo del Perú, Agota su traductora puede dar fe, también Rafael Quevedo, empresario agrícola que lo trajo por primera vez. Igual me siento contento. A mí me da gusto irme a dormir sabiendo que he hecho algo bueno en el día.”

Para terminar, uno de los momentos de mayor orgullo en la carrera diplomática de Russo fue ser el anfitrión de Mario Vargas Llosa en su visita a Hungría. “Como comprenderás tampoco recibí entonces ninguna instrucción de la Cancillería. Sin embargo lo recibimos en el aeropuerto y organizamos un cóctel en su honor. Fue un gran orgullo como peruano ver en la feria internacional del libro de Budapest una cola de tres cuadras de húngaros esperando a que Vargas Llosa les firmara sus libros. Estuvo firmando Vargas Llosa por dos horas y media sin descanso. El alcalde de Budapest mismo vino y trajo una copia mimiografiada para que la autografiara Mario, era de la época en que los libros de Vargas Llosa estaban prohibidos en Hungría, y era con ese copia que sacaban más copias clandestinas. Fue un momento feliz, el orgullo de ser peruano”.

Actualmente Guillermo Russo vive retirado en Canadá, un país que solo se parece a Perú en los colores de su bandera.

Agradecemos los créditos de la foto de Russo a Rose de Mesa y al creador de Meet porque no se cortaran las llamadas para esta entrevista.

A la memoria de Andras Lakatos, Henry Rizo Patrón y todos los cesados por la dictadura que no pudieron ver el día de su restitución moral.

«No soy yo quien grita: es la tierra que ruge» Attila József.

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Hans Alejandro Herrera
Hans Alejandro Herrera
Consultor editorial y periodista cultural, enfocado a autoras latinoamericanas, Chesterton y Bolaño. Colaborador de ContraPunto
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