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jueves, 29 de julio del 2021

Fidel o la polí­tica como arte de la solidaridad

Fidel le dio a la polí­tica, al menos en Latinoamérica, un significado distinto. Alguien la definió como el arte de lo posible. Algunos entendieron que lo posible era lo conveniente para pocos, y entonces la polí­tica se transformó para ellos en voluntad de poder, razón de estado, cinismo, avaricia. Pero Fidel entendió este arte de lo posible como el arte de abrir posibilidades donde antes sólo habí­a impedimentos. No vamos a enumerar los diferentes desafí­os que enfrentó la revolución cubana, desde la toma del Moncada -cuando la derrota de ese puñado de jóvenes se transformó en esperanza- hasta el presente. En cada uno de esos desafí­os -el bloqueo, el perí­odo especial y un largo etcétera- aportó Fidel la sabidurí­a polí­tica y moral para poder salir adelante.

En cada uno de esos desafí­os, ha prevalecido un modo muy propio de acción polí­tica. Una acción polí­tica en la que la finalidad de la defensa de la revolución ha estado garantizada por medios inspirados en la solidaridad. Si la defensa de la revolución ha implicado defender el poder alcanzado, este poder no es un medio en sí­ mismo, sino que tiene implí­cita la dignidad humana. Eso es la polí­tica como arte de la posibilidad, pero también como arte de lo posibilitante. En el contexto del capitalismo, en el contexto, incluso, del socialismo burocrático real, la defensa del poder en momentos de crisis se da en menoscabo de la dignidad humana. Si hay crisis económica, lo primero que se hace es recortar la inversión en salud, en educación, en vivienda. Si hay crisis polí­tica, lo primero que se hace es hacer oficial el ya existente estado de sitio. El legado de Fidel ha consistido en hacer ver que, ante una crisis, lo primero que se hace es preservar el valor de la vida y defender la salud, la educación y la cultura, que son los elementos que posibilitan la vida.

Para esto ha sido necesario una perspectiva realista, es decir, una perspectiva de análisis de la realidad desde un horizonte ético. Ese análisis de la realidad desde un horizonte ético es lo que ha hecho que la polí­tica internacional de Cuba haya sido la polí­tica de la solidaridad, expresada en ayuda humanitaria a paí­ses que han afrontado todo tipo de catástrofes, y en ayuda polí­tica a paí­ses que han luchado por su liberación. No nos detendremos a enumerar lo que esto ha significado en ambos terrenos para El Salvador. Solamente apuntaremos que ello muestra que la polí­tica es el arte de la solidaridad para alguien como el dirigente cubano y es eso lo que ha quedado impregnado en su sociedad.

Vendrán nuevos desafí­os históricos para Cuba y para Latinoamérica. No hay sentimiento de orfandad, ni de desconcierto. Hay gratitud, pero también madurez para aquilatar lo que Fidel hereda y hacerlo germinar. Es “ese sol del mundo moral”, que dirí­a Cintio Vitier, lo que tenemos en las manos.

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