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miércoles, 04 de agosto del 2021

¿Europa se puede convertir en un actor global?

Con la nominación de Josep Borrell para desempeñarse como Alto Representante de Asuntos Exteriores y Polí­tica de Seguridad de la Unión Europea, la UE tiene la oportunidad de relanzar su polí­tica exterior

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BERLíN ““ Los últimos cinco años no han sido afables para las perspectivas de polí­tica exterior de la Unión Europea. Una nueva competencia de grandes potencias está desestimando el orden internacional basado en reglas, y algunos aspectos de la globalización ““desde el comercio hasta Internet- están siendo utilizados para dividir en lugar de unir a los paí­ses. Mientras tanto, el vecindario geoestratégico de la UE se ha vuelto un anillo de fuego.

Estos desafí­os reflejan sobre todo un giro en el equilibrio de poder global, que ha cambiado fundamentalmente el panorama de polí­tica exterior de Estados Unidos. Como explica el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores en un nuevo informe, los acontecimientos globales han hecho que los paí­ses de la UE sean cada vez más vulnerables a presiones externas que les impiden ejercer soberaní­a. Esta exposición amenaza los intereses de seguridad, económicos y diplomáticos de la UE, permitiendo a otras potencias imponer sus preferencias. Para colmo de males, los órganos de gobierno de la UE han hecho poco para superar las divisiones entre los estados miembro y no han desempeñado un papel relevante a la hora de responder a crisis como las de Ucrania, Siria y Libia.

Con la nominación de Josep Borrell para desempeñarse como Alto Representante de Asuntos Exteriores y Polí­tica de Seguridad de la Unión Europea, la UE tiene la oportunidad de relanzar su polí­tica exterior. La tarea de Borrell, actual ministro de Relaciones Exteriores de España ““hoy uno de los nuevos centros de poder de la UE-, consistirá en unir las instituciones de la UE y los ministerios de Relaciones Exteriores nacionales detrás de una polí­tica exterior común a nivel de la UE.

Más allá de eso, Borrell enfrentará tres desafí­os. El primero es garantizar la soberaní­a estratégica de Europa. Desde el dí­a uno, Borrell tendrá que empezar a desarrollar estrategias para abordar las cuestiones diplomáticas y de seguridad más apremiantes del bloque, desde las amenazas planteadas por Rusia y China hasta los potenciales polvorines en Siria, África y los Balcanes. Borrell debe trazar un nuevo curso de cara al futuro, sin ignorar las opiniones divergentes de los estados miembro y sin conformarse con el común denominador más bajo de lo que todos los miembros dicen que pueden aceptar.

Con ese objetivo, Borrell deberí­a considerar ofrecer un acuerdo similar al que alcanzó el Consejo Europeo al nombrar un nuevo equipo de liderazgo de la UE. Cualquier acuerdo de ese tipo deberí­a equilibrar una postura dura sobre Rusia con un compromiso creativo en torno al flanco sur de la UE. La UE no necesariamente precisa nuevas polí­ticas exteriores, pero sí­ necesita nuevos mecanismos para implementar su agenda, así­ como un liderazgo competente que pueda inspirar confianza al interior de todos los estados miembro. Al reafirmar la soberaní­a de la UE, el nuevo alto representante tendrá que lidiar con todo desde sanciones secundarias y el uso del dólar como un arma por parte de Estados Unidos hasta crecientes amenazas de una guerra cibernética e hí­brida en todo el mundo.

El segundo desafí­o importante de Borrell será volver a poner en funcionamiento la defensa europea. Si bien la UE ha hecho progreso al lanzar proyectos industriales relacionados con la defensa, su capacidad operativa se ha reducido. Para brindar seguridad a su flanco frente a Rusia, todos los estados miembro tendrán que aumentar su presencia a futuro allí­; establecer un pequeño “Campo Carlo Magno” en Polonia servirí­a como un gesto simbólico poderoso. Los europeos también podrí­an asumir ciertas operaciones militares hoy en manos de Estados Unidos, sobre todo la misión en Kosovo, donde los europeos ya ofrecen la mayor cantidad de tropas. Es más, considerando el veto de Estados Unidos del respaldo de las Naciones Unidas al G5 Sahel (Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania y Nigeria) y la posible decisión de una retirada de tropas en algunos de esos paí­ses, la UE tal vez necesite aumentar su presencia en África.

En verdad, éste puede ser un buen momento para que el alto representante de la UE adopte la idea de un “consejo de seguridad europeo”, originariamente propuesta por la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron, el pasado otoño. Un organismo de estas caracterí­sticas podrí­a ofrecer un foro para discusiones estratégicas honestas entre los estados miembro, liderando al mismo tiempo el compromiso diplomático con el Reino Unido después del Brexit.

El tercer desafí­o de Borrell será el de restablecer la confianza entre los ministros de Relaciones Exteriores de los estados miembro y el Servicio Europeo de Acción Exterior. No hay manera de que pueda abordar todas las cuestiones de polí­tica exterior de la UE; necesitará un equipo sólido y un amplio respaldo dentro de la UE. Al nombrar a sus colaboradores, deberí­a elegir a miembros de la Comisión que ya tienen un mandato que cubre las cuestiones regionales clave del Sahel, los Balcanes y la Asociación Oriental.

Mejor aún, Borrell deberí­a asignar cuestiones de polí­ticas especí­ficas a los ministros de Relaciones Exteriores, que luego tendrán que informar a los estados miembro y al Comité Polí­tico y de Seguridad de la UE. Esto tiene algunos antecedentes, como cuando el ex Alto Representante Catherine Aston asignó el informe sobre Georgia al ministro de Relaciones Exteriores polaco Radek Sikorski y al ministro de Relaciones Exteriores alemán Frank-Walter Steinmeier, y luego el informe sobre Moldavia a Sikokski y al ministro de Relaciones Exteriores sueco Carl Bildt.

Finalmente, Borrell deberí­a considerar asignar a algunos grupos centrales de estados miembro para organizar talleres sobre cuestiones divisivas, con el objetivo de identificar posiciones comunes y elevar el denominador común más bajo. Como mí­nimo, esto podrí­a permitirle a cada estado miembro de alguna manera “jugarse el pellejo”, lo que posiblemente los disuadirí­a de abusar de los procesos de la UE o buscar una acción unilateral.

Al adoptar la agenda amplia delineada más arriba, Borrell puede ayudar a la UE a enfrentar los desafí­os de los próximos años como un bloque unido. Su objetivo máximo deberí­a ser garantizar la soberaní­a estratégica de Europa. La UE todaví­a es el mercado más grande del mundo, incluye a algunos de los presupuestos de ayuda nacionales más grandes, representa el segundo nivel más alto de gasto en defensa y puede desplegar el mayor cuerpo diplomático. Si puede poner estos activos al servicio de una agenda estratégica más amplia, puede convertirse en un actor del siglo XXI, más que en el juguete de otras grandes potencias.

Mark Leonard es director del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores y co-autor, junto con Carl Bildt, del informe del Consejo From Plaything to Player: The Next 5 Years in European Foreign Policy.

Copyright: Project Syndicate, 2019. www.project-syndicate.org

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Mark Leonard
Mark Leonard es un científico político británico y escritor. Es el director del Consejo europeo de Relaciones Exteriores. Analista internacional y columnista de ContraPunto
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