domingo, 2 junio 2024
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Escrito en una servilleta: Es el tiempo de la sociología

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Hay una nueva cara de El Salvador, un nuevo cuerpo del país, un nuevo corazón de ilusión social, y eso implica que más gente hará efectivo su voto con la cultura política como consejera

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 Por René Martínez Pineda

Hasta antes de que entrara a escena Nayib Bukele, era improbable que, valuando gestiones presidenciales, las encuestas reflejaran un apoyo creciente. En el caso salvadoreño, las encuestas de los últimos cuatro años han sido, para la oposición, un “Déjà vu”, ya que, de antemano, sabe cuáles serán los números que la condenan a la extinción (ni el 3% de apoyo, según encuestas de 2023) y, para el presidente, son la bitácora de su gestión, en tanto son el instrumento fijado cerca del timón en la navegación del desconocido océano de la reinvención. En ese “Déjà vu”, las encuestas sobre las próximas elecciones presagian los resultados: un triunfo arrollador de Nayib (un 90% de los votos válidos, según las encuestas de estos dos años) sin importar quién sea su adversario; mayoría calificada de Nuevas Ideas en la Asamblea; y el gane en la inmensa mayoría de los nuevos municipios.

Lo interesante del proceso político -que las encuestas monitorean desde la opinión popular- y lo que lo diferencia del bipartidismo que partió al país en ciento veinte mil cadáveres, es que significará el triunfo de la sociología sobre la política. Se dice que las elecciones son entre quienes conectan con los ciudadanos, y eso ya está decidido debido a que la oposición no tiene candidatos respetados, y a que su enemigo mortal es su pasado corrupto y la herencia inicua de una guerra social entre pobres que dejó miles de asesinados.

El Salvador de hoy es definitivamente distinto al de ayer. La elección de 2019 fue, literalmente, una rebelión gestada por la decepción con los otrora grandes partidos (ARENA y FMLN), rebelión refrendada, en 2021, cuando el pueblo le dio a Nayib la mayoría calificada en la Asamblea Legislativa, yendo contra todo pronóstico y contra las artimañas de las elecciones basadas en el “voto no igualitario” que sustentaba a los diputados por residuos. La juventud, el carisma y la propuesta de una nueva lógica política -sin los gendarmes de la gobernabilidad con “maletines negros”- determinó su triunfo fulminante. En ambos casos, la sociología se impuso a la política (imaginario sobre inercia) debido a que la posibilidad de reinvención fue más poderosa que la costumbre de sufrir las viejas mañas de los políticos. Nayib fue elegido como un radical acto de protesta popular; fue elegido como ilusionada alternativa al caos que parecía un callejón sin salida. Decían, los políticos caídos en desgracia, que su elección era un salto al vacío y resultó ser un salto a la esperanza, un salto a otro país, un salto a la dignidad de lo público, un salto de fe en medio de la duda, y eso fue una reivindicación de la sociología y un severo cuestionamiento a la política reaccionaria.

Desde que la violencia, corrupción, desigualdad social e impunidad fueron vistos como “los problemas urgentes a resolver”, la confianza en Nayib -más allá de las opciones ideológicas clásicas- se fue consolidando y ampliando, algo inédito en la historia. Fueron esos actos políticos audaces y democráticos de resolver primero los problemas, los que nos metieron al siglo XXI, a pesar de las ruinas heredadas y del absoluto desinterés que la política -y políticos- provocaba en el pueblo que se refugiaba en el ausentismo (en 2023 raya el 15%, lo que es una reducción drástica). Y es que ahora, según las encuestas, las personas sienten que tienen mucho que defender: su paz, su emprendimiento, su casa, la educación de sus hijos, la salud pública, el no retorno de la delincuencia y sus aspiraciones de un nuevo país. Los ciudadanos saben que en 2024 todo lo anterior estará en juego (la oposición promete sacar de la cárcel a los delincuentes con el voto de sus familiares) y esa es la razón elemental por la que Bukele tiene la confianza del pueblo para que le dé continuidad a la reinvención.

Hay una nueva cara de El Salvador, un nuevo cuerpo del país, un nuevo corazón de ilusión social, y eso implica que más gente hará efectivo su voto con la cultura política como consejera, a diferencia de las elecciones de décadas atrás en las que la situación era tan penosa que la mayoría de quienes votaban lo hacía sin nada por defender, sabiendo que serían defraudados. Por tal razón, la figura de Nayib encarnando la coyuntura constituye un cambio de rumbo radical que demanda una reinvención de la sociología para que sea una parte orgánica de la nueva política, en detrimento de la política que estaba hecha a imagen y semejanza del político corrupto. Es fácil predecir que las elecciones de 2024 serán entre el imaginario motivacional del pueblo y los juegos artificiales de la casi extinta oposición que celebra el tétrico pasado.

Claro que, como en toda elección, aparecerán los monstruos, los payasos, los fósiles, la guerra sucia y las flatulencias demagógicas de los académicos que viven a la sombra de los intelectuales orgánicos de ayer, pero, la ciudadanía sabe que hoy tiene mucho que defender y eso hará que la sociología se vuelva a imponer sobre la vieja política. 

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René Martínez Pineda
René Martínez Pineda
Sociólogo y escritor salvadoreño. Máster en Educación Universitaria

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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