jueves, 18 julio 2024
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Escrito en una servilleta: El rostro en la ventana de Roque (I)

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"Al recordar a Roque queremos encontrar palabras extrañas como rocas que resistan la tormenta opositora": René Martínez Pineda.

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Por René Martínez Pineda.

Voy por la resbaladiza escalera de abril, y es el momento de decir lo difícil que ha sido que la poesía no muera sin Roque. Es fácil y hasta terapéutico decir: el poeta más grande del siglo XX, y del otro, y del siguiente al otro, y otro más; es fácil decir que la sociología no es una ciencia exacta porque tiene una manía necia con su utopía, y decir que el Lempa es el río más largo y caudaloso del mundo; colgar en la sala de los pobres las palabras y el unicornio azul como drásticos gallardetes, porque el ritual de la lucha se hizo metáfora en los ojos de su niña. El más humano de los poetas y el más pedestre de los sociólogos son los que tienen el más sencillo corazón del pensamiento y pensamiento del corazón (así entiende el pueblo su imaginario; así su sentido común que no es común) y están incitados a alegrarnos el espíritu con la sola promesa de un mundo mejor porque, después de tantos años, se hizo justicia penal con los que lo asesinaron sin tedio; ambos -poeta y sociólogo- convertidos en un violín para himnos que serán cantados, en silencio y a solas, por el pueblo, del cual decimos que es nuestro hermano de sangre, y que es el maestro de las ciencias sociales y de la poesía porque -con libros hermosos que no entiende- es el que más construyó historias frustradas y poemas de amor con las venas abiertas; el que mejor enseña la destrucción constructiva de la loca conciencia como prueba del puro, y la sencilla construcción basada en el agitar nocturno de manos grises a la hora del suicidio repetido sesenta y cinco veces cada mayo.

A la poesía de Roque y a la sociología de los véndelotodo –enfoque olvidado en las esquinas sospechosas, pero repetido en los congresos como coro de loros, y que tiene como punto de unión la ventana sin rostro autografiado por la María Pintura y comentado por Chepe Loco- se puede acudir con una frase común de la panela, con una sentencia sacada de la manga de los libros fornicariamente sagrados del Marx no literal, o con lo que dice un niño de la calle o un camello citadino al despertar bajo el frío azul de un semáforo que se hace cotidiano con los gritos de las vendedoras de frutas partidas en diminutos besos.

Sin embargo, al recordar a Roque queremos encontrar palabras extrañas como rocas que resistan la tormenta opositora en medio de la noche de los muros infranqueables de los corruptos de siempre; descubrir los fuertes vientos del sur preñados de mundos nuevos y nuevas epistemologías; inventar palabras hijas de la gran puta que sean originarias, pero sin pecado original; frases poéticas y sociológicas flexiblemente pétreas como el queso duro-blandito; licencias culturales sólidas como el hambre que deambula por la frontera del norte sin agachar la cabeza; ensayos sobre Lenin y el pobrecito poeta bajo el aura de Galeano y las tortillas duras con sal y cal y un poco de justicia que castigue a sus asesinos; escudos para la lucha por la reinvención del país y la cofradía de los pertrechos de guerra contra la delincuencia.

Roque y la poesía, pero no para la danza de maletines negros ni para el banner de candidatos sin votantes; no para recitar en los escenarios escolares de un país sin escuelas bien hechas, de un país necesitado de piedras y fuego para sobrevivir la hojarasca de las mercancías y la escupidera de los opositores, o para mal vivir en medio de la sequía de sueños. La poesía y la sociología para desenterrar el turno del ofendido con libros odiosos para los corruptos… y entonces nace el grito de los hambrientos más hambrientos del mundo que habitan en la vecindad de la negra explotación que le teme a la luz de la furia oceánica de la siempreviva que pregona su júbilo matutino por la noche.

La poesía de Roque y la sociología de la nostalgia como palabras rojas de Lenin para vestir la conciencia de los locos a la hora de la ceniza; para darle un corazón de carne y pólvora a la verdad como bomba de tiempo con el segundero acelerado, o como la manzana prohibida compartida con la serpiente de la utopía a la que le temen los que no devuelven lo robado. Poemas como conjuro contra las falsas verdades de los que sí pueden vivir en un salón de belleza; como bombas de contacto para aniquilar la máquina de hacer pendejos apáticos, y apáticos pendejos, que no son lo mismo, aunque hablen igual desde la esquina de la irrelevancia.

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René Martínez Pineda
René Martínez Pineda
Sociólogo y escritor salvadoreño. Máster en Educación Universitaria

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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