miércoles, 29 mayo 2024
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Escrito en una servilleta: 202 años de desamor y una oración desesperada

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"Dios te salve patria sagrada… de los corruptos que quieren seguir haciendo del país su paraíso prometido": René Martínez.

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Por René Martínez Pineda.

Dios te salve patria sagrada… de los corruptos que quieren seguir haciendo del país su paraíso prometido, aquí en el tierra, incluso desde el exilio interino en el que se ocultan el monstruo del cangrejo; en tu seno hemos nacido y amado… y cada mañana de ayuno descubrimos que los mismos de siempre te dejaron con las tetas escurridas; eres el aire que respiramos… en medio de la asfixia de las deudas impagables a los bancos usureros; en medio de las maquilas, fábricas y almacenes impuros que nos estrangulan con su esclavismo; la tierra que nos sustenta… con la sífilis silenciosa de la basura de tus botaderos de corruptos, y con la milagrosa pepena en los maizales, cafetales, mangales y cañaverales; la familia que amamos… en la leve, tibia y vocinglera intimidad del mesón que se convierte en el recurso agónico para olvidar que el país odiaba a los que fueron odiados por los traidores más grandes de la historia; la libertad que nos defiende… de los que gobernaron con maletines negros legalizados por el juez de naftalina que, tirándose pedos pecuniarios, dictaba sentencia en favor del asesino; la religión que nos consuela… si aceptamos que los niños callen las caricias hediondas del pastor impío y las del cura concupiscente, y si aceptamos, con cristiana resignación, que a este mundo se ha venido a sufrir y a que nos coloquen una rama de ciprés en el culo.

Tú tienes nuestros hogares queridos… tronándose los dedos, toda la santa noche, para apaciguar los ladridos feroces de las boletas de empeño del neoliberalismo, y ahuyentar el sofoco de la estrella fugaz sin deseos por cumplir porque ya llegó la fecha de pago; fértiles campiñas… cuyos frutos maduros y dulcitos, como sollozos de lluvia, iban a parar a las bodegas de los grandes supermercados y a la caja fuerte de los diputados ladrones que quieren volver al pasado; ríos majestuosos… cuyas aguas rabiosas, turbias de tanta mierda y desbordadas impunemente arrasaban con las casas de los de abajo que fueron bendecidas por quienes traicionaron al pueblo por treinta monedas; soberbios volcanes… en cuyos picos los políticos corruptos construyen mansiones lujuriosas con ventanales enormes, desde los cuales, con un whisky en la mano derecha, podían ver, mientras se masturbaban con la izquierda, todo lo que puede dar el enriquecimiento ilícito; apacibles lagos… que se ufanaban de sus aguas errantes y de los cadáveres sin funeral que engulleron en los años oscuros en que estuvimos en peligro de ser la perpetua sangre de la conspiración de la violencia; cielos de púrpura y oro… que iluminaban las noches de los ladrones y de los buitres legislativos que, por tener fuero inviolable, pronunciaban el nombre del mártir en vano cuando, en las noches negras, bebían licor en la ventana de la luna sin sentirse huecos de utopía, sin sentirse huérfanos del poema que se escribe con el humo delirante del cigarro de la petit mort.

En tus campos ondulan doradas espigas… que con su vaivén privado ocultaban la gorda cosecha en la cima donde los perros jiotosos mordían al hombre que no ha había renunciado a soñar; en tus talleres vibran los motores… cuyas ondas sísmicas repetían la sinfonía patética de la explotación del explotado que se caía por las escaleras del progreso para comer el lodo de las alcantarillas que se llevaban los secretos de la corrupción de los de ayer; chisporrotean los yunques… al aplastar las cabezas de los ciudadanos nuevos que, en las urnas de febrero, resolvieron el dilema del soborno invocando la resurrección de la libélula utopista; surgen las bellezas del arte… en los dibujos que los niños hacían con la sangre de sus hermanitos desparecidos en la época de la gran delincuencia.

Patria, en tu lengua armoniosa pedimos a la providencia que te ampare… de la demagogia del derrotado en las urnas y de las lenguas viperinas que, opositoras, claman por volver al pasado, usando el verbo del traidor que habla de la independencia que se bebe en la sala del teatro sin fantasma ni ópera; que abra nuestra alma al resplandor del cielo… para que se exilie la oscuridad del suelo en el que la condena del dolor era perpetua; grabe en ella dulce afecto al maestro y a la escuela… que fue usada para enseñar la historia y los derechos del victimario; y nos infunda tu santo amor… en un país que hoy se está reinventando a imagen y semejanza del amor pedestre del santo de lo público.

Patria, tu historia… qua fue corrompida por los historiadores del sobresueldo hasta convertirla en un patético culto a la desmemoria en las aceras ambulantes; blasón de héroes y mártires… divididos en dos bandos: el uno, formado por hombres de mármol cagado por las palomas de los parques públicos que eran pintados con falacias constitucionales… y el otro, formado por personas de carne y hueso amamantadas por un pueblo que quiere ser el héroe de la historia nueva del unicornio azul; reseñas virtudes y anhelos… del mediodía de besos y miradas a la línea donde moría la nostalgia baldía y la gota de llanto se transformaba en canto colectivo esperando el turno del ofendido en el próximo febrero; tú reverencias el acta que consagró la soberanía nacional… en cuyo texto se excluyó la autoría intelectual de las ilusiones colectivas quebrando el lápiz corrector del descalzo; y marcas la senda florida en que la justicia y la libertad nos llevan hacia Dios… al dios-pueblo que no cree en artículos pétreos ni en el paraíso prometido del cementerio del cenzontle, y que es el dios de Monseñor Romero como metáfora de la revolución social reinventada.

Bandera de la Patria, símbolo sagrado de El Salvador… que no quería salvar a nadie; trozo de tela degradada, a nivel de mortaja, por quienes no devuelven lo robado; te saludan reverentes las nuevas generaciones… que hoy se quitan la mugre de la apatía inculcada por las perversas viejas generaciones. Para ti, el sol vivificante de nuestras glorias… que deben ser distintas a las glorias del corrupto consumado que hoy se calcina bajo el sol de la motivación social; los laureles de los héroes… que no se parecían en nada a los genocidas reverenciados por el bipartidismo; y la corona de amor que hoy ceñimos a tus inmortales sienes… que será la corona fúnebre de los corruptos en proceso de extinción… cuando febrero tome la palabra.

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René Martínez Pineda
René Martínez Pineda
Sociólogo y escritor salvadoreño. Máster en Educación Universitaria

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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