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domingo, 17 de octubre del 2021

¿Es Bukele el Trump salvadoreño?

La revista Foreign Policy publicó un artículo titulado “El Trump de El Salvador”. Bukele concuerda con Trump en el tema de migrantes, no quiere que los salvadoreños migren y el otro no quiere que inmigren al país del norte. Ambos son reaccionarios, impulsivos y se toman Twitter cuando algo les resulta abominable u ofende su set de valores. Bukele al igual que Trump no confía en los medios tradicionales tildándolos de Fake News, usa Twitter como su plataforma predilecta de comunicación y se hace rodear de familiares y amigos cercanos para puestos de confianza. ¿Es esto suficiente para semejante comparación?

Quizás. Y quizás esté a su favor ser comparado con Trump, pues a Trump le gusta tener socios que se parezcan a él. Ya Trump ha fijado su desprecio por los salvadoreños llamándolos “paisitos de mierda” y ha mencionado en sus mítines o discursos a las maras como su eje principal cuando habla de inmigrantes salvadoreños o latinoamericanos en general.

Trump acaba de salir victorioso de su “impeachment” o juicio político y se alista para ganar nuevamente las elecciones de noviembre. Él sabe cómo manipular a las masas desencantadas con los políticos tradicionales para que jueguen a su favor. Y el infame coro de “build that wall” se sigue oyendo en los mítines del magnate. Bukele no ha dicho que él es bueno, pero hace ver que los demás son malos y que quien no está con él está contra él. La gente de múltiples sectores le declaran solemnemente lealtad a Bukele tal cual novela de Dumas. Después de todo, uno para todos y todos para uno.

La impulsividad de Trump y de Bukele son similares. Por un lado, Trump ha retomado su retórica  anti-inmigrante con fines electorales inmediatos, sin pensar en los problemas de racismo e intolerancia que sus palabras atraen. Bukele se toma la asamblea para presionar a los legisladores para aprobar el préstamo a la seguridad, punto fundamental para su capital político y mientras la situación política y social de la región empeora, Bukele gana simpatizantes pues se percibe que el país ha mejorado y que se puede seguir mejorando si nadie roba y si los diputados aprueban el préstamo.

La embajada estadounidense intuye desestabilización —como que si Trump no fuera desestabilizador— y envía un mensaje conciliatorio. Los políticos dicen que es autogolpe. Bukele llama a los diputados sinvergüenzas. No hay una salida fácil para este impase. Hay que pensar que, aunque la violencia sea el negocio de algunos poderosos, la garantía que nos da la seguridad en colectivo puede más.

Ambos presidentes son unos agitadores, Trump con fines populistas y de popularidad para saciar su ego y Bukele con ansias de hacer lo que se pueda con lo que los demás políticos han dejado. Ambos tienen rivales envidiosos y no hay persona alguna, a menos al momento de redactar esta nota, que se les asemeje en popularidad. Trump gana la presidencia nuevamente este año y Bukele gana la asamblea el año entrante. No hay que ser adivino para pronosticar lo que se avecina.

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