Por Carlos Santos
La entrevista póstuma de Jorge Tapia, antiguo miembro del Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada y operador directo en los Escuadrones de la Muerte, ofrece una mirada inédita al funcionamiento interno de la maquinaria represiva que operó en El Salvador durante la década de 1980. Publicada tras su muerte, esta conversación —largamente ocultada por su propio protagonista— expone cómo los escuadrones actuaban bajo la sombra institucional, combinando recursos militares, asesoría internacional y un sofisticado sistema de inteligencia documental.

Tapia detalla que el engranaje de los escuadrones no surgió de manera improvisada: se trataba de una estructura integrada, entrenada y respaldada desde la cúpula militar. Dentro de este aparato, afirma, tuvieron un rol decisivo instructores extranjeros, provenientes de países aliados en la lógica de la Guerra Fría. Estos asesores transmitieron tácticas de contrainsurgencia, técnicas de interrogatorio, estrategias de infiltración y métodos para operar en áreas urbanas sin dejar rastro. Sus entrenamientos, realizados en bases militares y casas de seguridad, perfeccionaron la capacidad operativa de las unidades responsables de desapariciones y ejecuciones extrajudiciales.

Pero uno de los elementos más reveladores de la entrevista es el sistema de fichaje secreto. Tapia describe cómo los escuadrones y las unidades de inteligencia manejaban libros clasificados donde se registraban presuntos opositores. El más conocido de estos documentos, el Libro Amarillo, funcionaba como una cartografía humana del enemigo interno. Sus páginas contenían fotografías, nombres completos, alias, direcciones, participación comunitaria, afiliaciones políticas y supuestas conexiones con la insurgencia.
Según Tapia, estos libros se actualizaban constantemente, alimentados por información producto de vigilancias, infiltraciones y capturas. Las fichas no eran simples registros: eran sentencias anticipadas. La categorización —“agitador”, “colaborador”, “objetivo prioritario”— determinaba el tipo de acción que se ejecutaría: seguimiento, captura, interrogatorio o eliminación. Muchas de las operaciones nocturnas empezaban señalando un nombre en la página de uno de estos libros.
La entrevista revela además que estos archivos eran revisados junto con asesores extranjeros, quienes enseñaban a interpretar patrones, cruzar datos y optimizar la identificación de “blancos”. Con esa mezcla de inteligencia local y entrenamiento foráneo, los escuadrones adquirieron un nivel de eficiencia que los convirtió en un actor decisivo del terror político de la época.
Publicada tras su muerte, la voz de Jorge Tapia se vuelve ahora un documento clave para entender la profundidad y sofisticación del aparato clandestino que operó desde las entrañas del Estado. Su relato confirma no solo la existencia de estructuras paralelas dentro de la Fuerza Armada, sino también el peso que tuvieron los archivos secretos, la asesoría internacional y la impunidad institucional en la construcción de la violencia de aquellos años.


