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jueves, 21 de octubre del 2021

El tule y Pushtan versus el efecto coronavirus

En Nahuizalco, departamento de Sonsonate, El Salvador, es donde se encuentra el cantón Pushtan, ahí es parte de la zona rural donde nuestros pueblos indígenas habitan, es un paraíso, crecen árboles inmensos, entre los cantones y caseríos (Fotografías de Adriana Tadeo)

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Los campos de Pushtan ancestralmente visten con la planta del Tule, pero la pandemia del coronavirus o covid-19 ha dejado también cambios drásticos y las comunidades han comenzado a sembrar otros productos. Ahora crecen hortalizas, maíz, cilantro; la economía y cultura productiva de esa zona  artesana y campesina salvadoreña, ha volcado cortando el tule para sembrar otras cosas. La sobrevivencia se antepone a la tradición.

En Nahuizalco, departamento de Sonsonate, El Salvador, es donde se encuentra el cantón Pushtan, ahí es parte de la zona rural donde nuestros pueblos indígenas habitan, es un paraíso, crecen árboles inmensos, entre los cantones y caseríos. Viven con el tule, por ser la noble planta multiusos para sus diversos productos, sobre todo cestería o as alfombras conocidas con el nombre de “petates”. El tule es una planta nativa,  de la familia Cyperaceae, varían en dos géneros Cyperus Canus TULE. y Cyperus Schoenoplectus, tradicionalmente han sido usados. Abundan en los lugares húmedos, y son de origen mesoamericano prácticamente hay en toda el área.

Pero no soy botánica, solo intento recrear y llevar un poco de conocimiento. Con Adriana, hablamos de su mamá que también hace petates y ha dejado de hacer, del río Sensunapán, de la protesta de la gente para evitar que sigan haciendo represas en el mismo río, ya llevan varias, y quieren seguir haciendo más. Esa zona es regada por el agua, pero todo tiene límite, todo se acaba si no hay desarrollo y preservación de las cuencas y mantos acuíferos. La flora y la foresta son de vital importancia para el ecosistema. Para los animales. Para los seres humanos. Los pocos ecosistemas que van quedando, sufren devastaciones de sus bosques.

Ahora el tule es cortado, para poder hacer otros cultivos. Estos cambios, ante el deceso de la ventas de artesanías, en las tiendas del pueblo de Nahuizalco, donde la gente artesana acude a vender, ya no se están vendiendo, ni produciendo, porque solo están comprando otros productos, no hay turistas por hoy comprando. Por ejemplo, antes donde eran campos de tule, hoy siembran cilantro.  Las personas artesanas ahora en cuarentena se han dedicado a la agricultura. Terrenos sembrados con tule hoy son parcelas. Muchas alquiladas seguramente a pesar de tantas luchas. La tierra es parte de nuestra cosmovisión, la tierra dadora de vida, de alimento, de sustento diario. 

Volverá el tule a crecer, debemos preservarlo, para seguir viendo esos petates en las casas salvadoreñas y más allá de las fronteras. Ojalá un sueño que quisiera ver es tener un Jardín Botánico Nacional, o en cada ciudad,  donde preservar toda nuestra riqueza, lo que queda por lo menos. Hay uno, pero es privado.  Volver allá, caminar, bañarme en el río, comprar un petate o aprender un poco a hacerlos, ver a las niñas y niños invitarme a subir a los árboles, natura nos da todo. Los campos visten aun tule, pero queda menos. Después volverá, espero, a crecer, a reinar. Ahora hay emergencia.

¿Y el tule? ¿Quién preserva el tule?

(*) Tania Primavera ([email protected])

Fotografías de Adriana Tadeo

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Tania Primavera
Promotora cultural, museóloga, escritora y periodista salvadoreña. Colaboradora en temas de Artes y Columnista de ContraPunto
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