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viernes, 30 de julio del 2021

El silencio

La sensación de bienestar que genera el silencio la podemos apreciar al entrar en una iglesia, en un retiro espiritual, en la quietud de un museo, en la tranquilidad de una sala de biblioteca o en la soledad de la noche. Son, sin duda, momentos indescriptibles

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En un mundo cada vez más ruidoso y alterado, encontrar un poco de silencio es un bálsamo, un resquicio de paz interior que nos  ayudará a nuestra psiquis y también a mejorar nuestra salud corporal en general .

Pocas cosas están más subvaloradas que el silencio. Ponerle  un “mute” a los sonidos de nuestra vida cotidiana, aunque sea por un breve espacio, puede provocar grandes beneficios.

 Entre  otras cosas, el silencio nos permite pensar profundamente en las cosas de la vida.

Sirve para limpiar el espíritu.

El silencio descansa, nutre y nos mimetiza con la naturaleza.

Pero además, por sobre todas las cosas, nos hace escuchar lo que nunca escuchamos: nuestro interior.

Otra gran virtud es que nos permite oír al resto, algo que en el afán de hablar y desarrollar nuestro discurso habitualmente dejamos de lado.   

“Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo”, dijo  alguna vez el genial músico Ludwig van Beethoven, quien curiosamente tenía problemas de sordera.

Pero la sociedad moderna y sus hábitos ya instalados  casi que nos obligan a romperlo constantemente. Cada vez más nos llenamos de ruidos a nuestro alrededor por temor a que el silencio nos haga sentir solos o nos recuerde cosas que no podemos aguantar.

Le escapamos a esa sensación para evitar que despierte  en nosotros naturalezas ya enterradas y que con el silencio vuelven a aflorar.  

La invasión de ruido del mundo exterior nos hace que,  a menos que lo provoquemos intencionalmente, sea difícil encontrar momentos de silencio. Pero depende de nosotros. Apaguemos los aparatos electrónicos y los electrodomésticos para desconectarnos por un rato.  

La sensación de bienestar que genera el silencio la podemos  apreciar al entrar en una iglesia, en un retiro espiritual, en la quietud de un museo, en la tranquilidad de una sala de biblioteca o en la soledad de la noche. Son, sin duda, momentos indescriptibles. 

El silencio no solo nos hace encontrarnos con nosotros  mismos, sino que evita otros problemas de salud. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en estudios realizados en países de ingresos medianos y altos, se desprende que casi el 50% de los adolescentes y jóvenes (12 a 35 años) están expuestos  a niveles perjudiciales de ruido por el uso de aparatos de audio personales y que alrededor del 40% reciben niveles de ruido potencialmente nocivos en lugares de ocio.

En ese sentido, el silencio contribuye a nuestra salud  en muchas formas, especialmente en la reducción del estrés. Según un estudio publicado en la revista Heart, dos minutos de silencio alivian la tensión en el cuerpo y el cerebro debido a los cambios en la presión arterial y la circulación sanguínea en el cerebro.  Pero también beneficia la química del cerebro, mejora el sueño y disminuye el riesgo de enfermedades cardíacas. 

 Friedrich  Nietzsche, gran filósofo alemán, solía decir que “el camino a todas las cosas grandes pasa por el silencio“. Es fundamental aclarar que el concepto del silencio no necesariamente se refiere a la ausencia de sonidos. Hay otras cosas que podemos considerar silencios  como la meditación, sumergirnos en un buen libro o dejarnos seducir por una música suave. Básicamente es apagar los sonidos que nos distraen de una forma consciente para poder dejar flotar el inconsciente.  

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Margarita Mendoza Burgos
Titulaciones en Psiquiatría General y Psicólogía Médica, Psiquiatrí­a infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.
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