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martes, 11 de mayo del 2021

El Salvador no es Singapur

Hay un cambio de gobierno, pero ¿habrá un cambio de actitud con respecto a la cultura y la educación? Los cambios deben comenzar desde abajo, pero los que dictaminan las polí­ticas deben mostrar voluntad de cambio. ¿Dónde están las artes? ¿La educación musical? ¿Los idiomas? ¿La historia? ¿El rescate ancestral? ¿Las investigaciones? ¿Las publicaciones cientí­ficas?

En los últimos 30 años no han existido cambios substanciales en el currí­culo educativo en El Salvador, y, en la mayorí­a de los casos, la incipiente educación que se recibe es para perpetuar la exportación de personas para que se conviertan en generadores de remesas.  El método actual pretende criar emigrantes o buenos empleados sin pensamiento crí­tico para que no cuestionen al empleador. ¿Será que el nuevo gobierno se centrará en la educación y no solamente en la delincuencia y la economí­a? Si de verdad se quiere frenar la migración, la educación es la clave.

En un estudio que realicé entre el 2000 y 2003, le pregunté a la gente que se matriculaba en una escuela de idiomas por qué estudiaban inglés y respondí­an con el mismo propósito colectivo: emigrar. Han pasado muchos años desde entonces y la gente sigue con la misma idea, pues en El Salvador se espera que las clases bajas emigren o se conviertan en la mano de obra y que los mandos se dejen a manos de las clases medias que a la vez son subsirvientes de la clase alta. Es por eso que las clases bajas buscan un profesorado y las clases medias una licenciatura; los hombres, una ingenierí­a y las mujeres, enfermerí­a. Y es que todas las personas pertenecen a un grupo estereotipante o a uno estereotipado, en alguna capacidad. Se dice, por ejemplo, que los hombres son mejores para manejar y que las mujeres son mejores para llevar las cuentas de la casa. O cuando hay alguna competición de matemática y gana el asiático, nadie se sorprende y expresan “asiático tení­a que ser”. Y no es de sorprenderse que Singapur sea el paí­s con mejores resultados educativos.

La amenaza del estereotipo o Stereotype Threat, es un término acuñado por Steele and Aronson (1995) que se refiere al riesgo que existe al creer lo que se dice de ciertos grupos sociales con patrones negativos. Como cuando se le dice a un niño que por ser de clase baja, ir a un instituto público, vivir en cierta área populosa o viajar en autobús nunca va a saltar de clase social, este se sentirá obligado a mantener ese statu quo de pobreza y renunciará a esforzarse porque de todos modos la sociedad lo ha etiquetado como pobre. Pero esto no se queda a nivel de estereotipo, un alumno con hambre o en extrema pobreza no rendirá igual a uno que durmió en una cama y desayunó bien. Según el informe 2015 PISA del OECD, “los estudiantes más desfavorecidos socio-económicamente tienen casi el triple de posibilidades de no alcanzar el nivel de competencias básicas en ciencias”.  Steele and Aronson realizaron múltiples experimentos en universidades con estudiantes negros quienes salí­an peor evaluados cuando se enfatizaba su raza (o en nuestro caso cuando se les etiqueta de marginales a los estudiantes), las condiciones que producen esta amenaza del estereotipo son las que el grupo esterotipante impone sobre el grupo estereotipado y las que este último, como grupo vulnerable, termina aceptando como verdaderas. Asimismo, la amenaza del estereotipo se evidencia cuando el jugador salvadoreño de fútbol se excusa diciendo que a El Salvador no se le puede exigir que juegue como si fuera Brasil, o cuando se le dice al joven universitario que estudie “aunque sea” un profesorado o un técnico porque no lleva matemática o porque eso es lo más fácil.

El Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA en sus siglas en inglés) ofrece un examen internacional que mide tres competencias en ciencias, matemática y lectura. Ocurre cada tres años desde el año 2000, a petición de los gobiernos. Los resultados de la última prueba del 2018 se publicarán este año, mientras que en la del 2015, sobre la base de 500 puntos, pone a Singapur en la cima de la lista y a la República Dominicana en el último lugar. El Salvador no participa en estas pruebas, pero si se quiere contar con algo más serio que la PAES que arroje, además de un diagnóstico del nivel educativo de los educandos, sugerencias al sistema educativo y así­ incrementar el desarrollo económico del paí­s, hay que dinamizar las polí­ticas educativas nacionales.

Es innegable que estamos ante malas prácticas culturales de estudio, de lectura y escritura, estamos ante muchos maestros sin sensibilidad pedagógica ni memoria histórica, ¡pero tienen ganarse la vida de alguna forma!  Los maestros se rigen por un sistema educativo que sale del MINEDCYT, es decir, sin la participación de los padres, sin el interés de los alumnos y sin innovaciones, los docentes solos no pueden hacer nada, es un problema mayúsculo. Es por eso que se enseña la gramática en las escuelas de forma normativa, como se enseñaba hace 50 años, sin crear en el educando ninguna oportunidad para pensar o para enamorarse de la lectura. Las matemáticas se vuelven enemigas de los enseñandos pues no se ve útil ni trascendental. Las ciencias no pasan de repetir y memorizar la tabla periódica y comprar tubos de ensayo. Se hacen “ferias de logros” como un show para que los padres se sientan incluidos en una educación unidireccional. En Singapur, 8 de cada 10 niños reciben tutorí­a fuera de la escuela; aquí­ en muchas instituciones hay centros de tutorí­a pero la indiferencia de los padres aunada al desinterés de los alumnos en aprender hace que sigamos sumidos en la ignorancia.

Hay que pensar en un método que enseñe a los discentes a encarar problemas, a potenciar sus capacidades, a elaborar preguntas relevantes, a cuestionarlo todo y a todos. No es simplemente ser funcional y responder “aunque sea el mí­nimo” en una entrevista de trabajo al preguntársele cuánto quiere ganar, sino a razonar una respuesta inteligente y convincente ante tal pregunta.

La famosa frase de George Bernard Shaw en la obra teatral Hombre y superhombre  ‘He who can, does; he who cannot, teaches’ es decir, “el que sabe, sabe; el que no enseña” ha estado muy ligada a cómo se percibe la profesión del maestro en el mundo, un estereotipo que denigra el valor de ser maestro. La amenaza del estereotipo afecta el filtro emotivo de los maestros también. El estigma de que “El que sabe, sabe; el que no, enseña” es una cruel realidad. Pero hay que comenzar desde un inicio, es un proceso. No se le puede mandar al joven obligado a leer si en su casa no ve a nadie con un libro. No se puede obligar al alumno a que lea cierto libro si el maestro no lo ha leí­do. Y, ¿cómo obligar al maestro a hacer investigaciones si el sueldo que se le ha asignado es paupérrimo? Aunque los docentes quieran ir a ciertos simposios la imposibilidad económica de las instituciones educativas se lo prohí­ben. Si se invirtiera en la educación de los docentes, la profesión no se verí­a inferior a las demás.

En la educación superior la cosa no es muy distinta. En Finlandia, hay una cultura de confianza en el profesor y se le da autonomí­a para decidir el contenido de sus clases según el grupo y no un estándar que se supone les queda a todos los alumnos por igual. Las instituciones se defienden con evidencias que hay nuevos procesos educativos para mejorar la calidad académica y que los profesores son evaluados cada semestre. ¿Y qué se hace con dicha evaluación? Nada. Y las novedosas evaluaciones que más parecen un concurso de popularidad que un instrumento de evaluación donde los alumnos se vengan de los maestros según las notas que obtengan. De ahí­ que los maestros que, por cuidar su puesto, se convierten en BFFs de los alumnos tolerando la mediocridad. Mientras más alumnos pasen, más facturan las universidades.

El Salvador no es Singapur ni Finlandia, pero se puede aprender de sus experiencias para iniciar una reforma radical e integral en la educación y en la cultura. Se debe incentivar la lectura como placer, no como obligación. Se debe invertir más en el CENAR, trabajar en la creación del Instituto superior de artes, desarrollar el cine y las artes escénicas a través de un instituto de la industria de cine y la cinemateca, tener, así­ como Francia, una ley donde ASDER apoye a los músicos nacionales, profundizar en temas indí­genas y de la negritud en el paí­s, profundizar en la antropologí­a y la arqueologí­a, darle a los maestros un salario digno para que pueda prepararse bien y formar mejor a sus pupilos, en lugar de preocuparse dónde trabajará la jornada de la tarde.  Solo con la profundización de la cultura, la identidad, la memoria histórica y la mejora en la educación básica, media y superior se verá un cambio en el paí­s. Solo así­ se dejará de exportar cerebros y gente con talento. Solo así­ se podrá invertir en el paí­s con gente educada y preparada para asumir nuevos retos que las nuevas economí­as demandan.

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Nelson López Rojas
Columnista Contrapunto

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