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jueves, 06 de mayo del 2021

El respeto al derecho ajeno…

La presente campaña electoral -más allá de sus propias y necesarias controversias- pareciera anunciar nubarrones de divisionismo fraterno/social, ocasionados por quienes -con total irrespeto al derecho a decidir de cada quien- quieren imponer sus preferencias políticas. Ojalá que no.

Si bien, ahora hay distanciamiento debido a la pandemia por el Covid 19, esto es comprensible y, por eso, pasa. Se trata del divisionismo -que pueda afectar las buenas relaciones entre amigos, compañeros de profesión o de oficio o entre familiares- si crecen las fuertes confrontaciones que hoy se observan, en medio del actual estado de cosas de la política nacional.

“El respeto al derecho ajeno es la paz”, sentenció el patriota mexicano Benito Juárez. Así es.  Y atañe a título personal y al interior de la familia y de la sociedad. Desgraciadamente, por anteponer exigencias políticas a la amistad, fraternidad y solidaridad, la sociedad puede caer en el bache de un lamentable  divisionismo.  Para la mala política, valen más las ansias de poder o de obediencia al poder o los imperativos ideológicos, sin importar las consecuencias de perder los afectos de un familiar, de un compañero o de un amigo, por pensar de manera distinta en el campo político/partidario.

Son actitudes de menosprecio, inmadurez y malicia juntas, que deslegitiman el pensamiento y la acción de parientes y verdaderos amigos. Injusto, puesto que -además de atentar contra el derecho humano a la libertad de decidir- ningún sesgo político/ideológico debiera anteponerse a la amistad; sobre todo, cuando esa amistad es de añeja data.

He sido uno a quien -y a pesar de saber de mi nunca pertenencia partidaria- le ha llovido más de algún epíteto o cuestionamiento injusto  “por no escribir a favor del partido” o por alguna alusión u omisión o, en general, por mis cuestionamientos en contra de los adefesios políticos y jurídicos. Y, además, lamentables distanciamientos; sobre todo, provenientes de  amigos o antiguos compañeros de ajetreos laborales o de luchas populares.

Con mis opiniones -y desde mi independencia partidaria-busco hacer periodismo, no activismo. El periodismo es en función colectiva; es decir, ir tras el bien común de las mayorías; en cambio, el activismo, por su razón de ser y sus objetivos, es en función parcial, partidaria, empeñada en lograr adeptos para la causa de una minoría. 

Cuestión de principios. Sobre todo hoy, el imperativo es acompañar a la población  más humilde, en sus demandas de paz y justicia y en la denuncia por los desaguisados de algunos políticos/legisladores -no todos- afectando la paz y el ordenamiento jurídico. “Allá y yo con ellos…”-como expresara el poeta Oswaldo Escobar Velado- “… los que nada tenemos como no sea un grito/ universal y alto para espantar la noche…” (Patria Exacta).

La población salvadoreña -en eterna convalecencia por los frecuentes fenómenos naturales, los malos gobiernos, la corrupción… y hoy la pandemia- no merece sufrir también el virus de la ocasional politiquería, que puede generar desconfianza y hasta enemistad entre familiares y amigos, en el afán de unos de imponer su causa partidaria, irrespetando el derecho a decidir de los otros.

Bien por las controversias entre las diferentes ofertas de  opción política, mientras sea una campaña que -con madurez y altura- exprese sus preferencias a favor de quienes deben ser -según criterio de cada quien-  los llamados a gobernar mejor, por su capacidad y honestidad. Esa controversia es propia y necesaria, para los contrapesos que exige la democracia; lo contrario será atentar contra  la libertad de decisión, en el marco de una verdadera democracia.

Aún es tiempo. Y ojalá que -aparte de las inevitables excepciones fuera de lugar- las propuestas de los candidatos y la motivación al voto  -quizás con mayor énfasis las de los promotores y seguidores- sean verdadero y fraterno puente comunicacional, que garantice paz y seguridad a la población salvadoreña. Como debe ser.

Renán Alcides Orellana
Renán Alcides Orellana
Académico, escritor y periodista salvadoreño. Ha publicado más de 10 libros de novelas, ensayos y poemas. Es columnista de ContraPunto

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