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sábado, 31 de julio del 2021

El relojito de La Cañada

"Aquella bebé era en todo aquel drama, sí­mbolo de vida y de esperanza"

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La Cañada, ubicada en los filos montañosos que rodean Arcatao, era uno de los bastiones guerrilleros al comienzo de la guerra. La se le conocí­a como “la heroica Cañada” por la resistencia que los guerrilleros y civiles que habitaban el lugar enfrentaban las ofensivas militares.

El terreno para llegar a La Cañada era difí­cil y quebrado. Era un excelente dominio desde las alturas y estaba muy cerca de la Virtud, punto fronterizo de Honduras.

Muy cerca de La Cañada estaba la supuesta lí­nea fronteriza entre El Salvador y Honduras. En broma, el padre de Merlin, un audaz guerrillero y fundador de las Fuerzas Especiales Selectas (FES), me decí­a: “Mire, yo vivo en El Salvador, pero voy a cagar a Honduras”¦” El señor tení­a la casa en el lado salvadoreño y la letrina en el lado hondureño.

Muchos de los guerrilleros de entonces y de aquella zona eran “binacionales”. Hasta las tienditas vendí­an productos de los dos paí­ses.

En el hospitalito de campaña que habí­a en La Cañada, una de sus responsables era Elena, una enfermera diligente y bonita. Era, junto a Teté, Neto y Tato (éstos dos los médicos), el alma del hospital.

Elena tení­a una bebita de meses, cuando llegué gravemente herido. Alternaba el darle de mamar a su hijita, con la cura de los heridos o enfermos.

La bebé de Elena, como todo bebé, lloraba y lloraba cuando tení­a hambre. Hasta que la madre le daba de mamar se calmaba.

Recuerdo que la bebita nos despertaba exactamente a la misma hora en todos los amaneceres que estuve en el hospital de La Cañada. Quizás eran las 4 y media o las 5 de la madrugada cuando la bebita de Elena comenzaba a llorar. Por eso le pusimos “el relojito”.

No recuerdo su nombre”¦ Recuerdo su llanto de reclamo, en ocasiones hasta enfurecido. Pero era nuestro relojito.

Para mí­ fue simbólico porque “el relojito” anunciaba el amanecer. En una guerra los amaneceres siempre son de esperanza, porque quien no amanece, está muerto”¦

Aquella bebé era, en todo aquel drama, sí­mbolo de vida y de esperanza. Su llanto anunciaba eso: el amanecer.

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Foto ilustrativa cortesí­a del Museo de la Palabra y la Imagen
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Jorge Dalton
Cineasta cubano-salvadoreño. Director de cine y documentalista. Reside en El Salvador y es colaborador de ContraPunto
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