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jueves, 28 de octubre del 2021

El poeta documentalista: Roque Dalton

Domina entre nosotros la imagen del poeta boquiabierto ante el espectáculo monumental de la ví­a lactea. Entre la noche estrellada y dicho sujeto boquiabierto solo existe el puente de una voz desnuda y básicamente anclada en un determinado panorama de lecturas estrictamente literarias.

Podemos cambiar el paisaje nocturno por el ámbito de un cuarto y reducir el flujo de los versos a las inflexiones de una voz ocupada en explorarse a sí­ misma, como el gato voluptuoso que lame su pelaje y nada más, eso es todo. Algo de esto hay en el primer Dalton.

En su trayectoria, Roque se alejó de ese ingenuo estar en sí­ mismo para alojar su voz en el poema como un punto de encuentro con otras voces, de ahí­ su dialogí­smo ejemplificado en poemas como “La segura mano de dios”.

En esa búsqueda de la representación de otras voces y de voces en la historia, Dalton devino un poeta con intereses documentales. La figura del poeta que recaba documentos y los inserta en el juego de su creación nos distancia del poeta aposentado en los desnudos confines de su voz asombrada y boquiabierta ante el espectáculo de las estrellas o de la limpia geografí­a de una mujer desnuda.

El modelo de este poeta con intereses documentales, perdónenme la insistencia, no ha tenido seguidores en nuestra lí­rica ni durante la guerra ni después en la posguerra, lo que confirmarí­a mi aseveración de que la huella del Dalton más complejo apenas se detecta en la lí­rica salvadoreña posterior a 1975.

Y cuando hablamos del poeta documentalista no solo nos referimos a un poeta que trabaja creativamente con textos filosóficos e históricos, hablamos de un poeta que trabaja sus versos asumiendo de manera conciente un punto de vista filosófico e histórico.

El formalismo dogmático, el formalismo dundo, el formalismo amante de lo estrictamente literario, verá esto como una herejí­a y posiblemente lo sea, pero esta es una herejí­a cuyo ejercicio supone la concurrencia de diversos intereses intelectuales y un trabajo creativo afincado de manera conciente en el mundo de la intertextualidad.

No cualquiera, pues, está capacitado para perpetrar una herejí­a contra los géneros discursivos como las “Historias prohibidas del pulgarcito”.

De ahí­ que el alabado Dalton apenas haya tenido seguidores en lo que a la perpetración de estas herejí­as formales se refiere, por la simple y sencilla razón de que hace falta cultivar un determinado tipo de talento para perpetrarlas y porque para cometerlas hay que documentarse mucho.

 

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