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jueves, 13 de mayo del 2021

El pobre de derecha

“La historia se repite como si dijéramos dos veces, la primera como tragedia, y la segunda como farsa”. Karl Marx.

En todo el mundo, las izquierdas han desencantado a la población: El Salvador, Venezuela, Nicaragua, Francia, Grecia o Alemania. Se les habí­a confiado la reducción de las desigualdades sociales y, ya sea el FMLN o el PT, nos han fallado.

En Brasil el candidato de ultraderecha, Jair Bolsonaro, se acaba de agenciar el 48% de los votos del electorado. Y ¿cómo olvidar que en Estados Unidos Donald Trump obtuvo el 46% de los votos? Ambos candidatos comparten ese magnetismo por la controversia. Son ambos racistas (aunque Brasil y EEUU tengan el mayor grupo de afrodescendientes en el mundo), xenófobos, homofóbicos y machistas pero sobre todo aporofóbicos, término que acuñó la filósofa Adela Cortina para referirse al miedo o al desprecio hacia los pobres, como si ser pobre fuera un defecto. Trump aseguraba que él podrí­a pararse en medio de la Fifth Avenue en Nueva York, dispararle a la gente, y ni así­ perderí­a votos. Estaba en lo cierto. Bolsonaro dice que el Coronel Ustra, torturador de la época de la dictadura, es su héroe. Y así­ consiguieron los votos de las mayorí­as pobres.

¿Será que en ambos paí­ses el voto de protesta vale más que la razón? ¿Será que la posverdad se conjuga con nuestras emociones? ¿Será que el punto de vista de los excluidos y marginados no cuenta?

Trabajaba hace algunos años en una universidad privada en San Salvador donde muchos estudiantes tení­an beca del gobierno para sus estudios superiores. Supongo que para ganarse una beca debí­a ser requisito ser de escasos recursos y medianamente inteligente para mantener una nota promedio de 7.0. Una becaria estaba en mi clase y llegaba con camisetas, afiches, cuadernos y hasta banderas de ARENA. Ella estaba muy agradecida con el partido por haberle dado, con fondos públicos, una beca para estudiar en una universidad privada. Viví­a en una comunidad marginal en Ciudad Delgado y se decí­a seguidora de las enseñanzas de Monseñor Romero. Sus compañeros de clase nunca lograron entender por qué ella, pobre, que viví­a en una champa, irí­a a votar por el partido detrás de la muerte de Romero. Le pedí­an que despertara de esa idea burguesa de odiar a los del Frente porque botaban puentes. Ella, sin consciencia de clase, imitando el discurso del opresor, se vestí­a con la camisa del opresor. Es como ayudar a que el opresor te oprima.

Ahora, si usted es un ciudadano proletario, deténgase a pensar y medite su voto. Ubí­quese según su condición. No diga que sus abuelos eran europeos negando la herencia indí­gena y africana que todos tenemos. Tampoco hay que ser aquel ciudadano que defiende las causas socialistas sin despegarse de su iPhone y que respira siempre aire acondicionado. O como esa gente que no sabe qué cosa es vivir en un lugar donde no hay agua potable ni saneamiento básico y que en campaña se mete a las casas inundadas para la selfie. Piense y valore su voto.

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Nelson López Rojas
Columnista Contrapunto

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