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martes, 19 de octubre del 2021

El paí­s de la impunidad

El acoso y la intimidación llevan a las amenazas; las amenazas conducen a las agresiones emocionales; de las agresiones se pasa a los golpes y, de los golpes, al asesinato.

Cuando no se recibe la sanción merecida por alguna falta se llama impunidad. Cuando hay excepciones o selectividad con respecto a quién se le imponen penas y a quién no, eso se llama impunidad. Cuando hay protectores y protegidos y crean la imposibilidad de llevar a juicio a los culpables de violaciones a los derechos humanos, eso se llama impunidad. Y si no se reporta la violencia desde el primer instante se está expuesto a que perpetuemos esta cultura de la impunidad.

Y eso somos: el paí­s de la impunidad.

Aparte de ser el paí­s de la anarquí­a donde todo se resuelve con caos y violencia, toleramos,  como ciudadanos pasivos y apasibles, que la justicia sea blanda y que se apliquen las leyes cuando nos convenga y mientras no interfiera con nuestro statu quo.

Nos dejamos permear fácilmente por la impunidad, tal prostituta barata. En cualquier negocio uno llega y se estaciona afuera, en la acera del negocio porque así­ ha sido toda la vida y porque el dueño del lugar le paga al vigilante para que le estacione los carros ahí­. Y como no hay consecuencia el delito se queda en la impunidad.

Sendos camiones se estacionan a la orilla de la carretera a descansar sin importarles el bienestar común. Los dueños de automóviles que no están en buenas condiciones mecánicas para circular deambulan sin luces traseras poniendo en peligro al motociclista que viene atrás. El de la moto pide que se le respeten sus derechos, pero a la hora de la trabazón se escabulle como masacuata macheteada pasando doble lí­neas amarillas y semáforos en rojo y no hay quien le haga obedecer el reglamento de tránsito.

Aquí­ hay todo pirata: desde los carretones de hotdogs que imitan al Chory´s a la impresión indiscriminada de libros sin que los autores intelectuales reciban un centavo. ¿Qué pasarí­a si fuera nuestro trabajo al que otros piratean? Podemos evitar comprar cosas piratas y así­ acabar con ese segmento de la impunidad.

Las protestas por falta de agua sobre la autopista a Comalapa son cada vez más frecuentes y los conductores afectados se enfadan por el cierre de tan importante arteria. ¿Y si nos ponemos en sus zapatos y les apoyamos a exigir que haya equidad con las exclusivas residenciales donde nunca falta el agua?

Roque, cuyos asesinos se pasean con impunidad, nos decí­a:

El Salvador será un lindo

y (sin exagerar) serio paí­s

cuando la clase obrera y el campesinado

lo fertilicen lo peinen lo talqueen

le curen la goma historica

lo adecenten lo reconstituyan

y lo echen a andar.

Pero la apatí­a y la indiferencia nos atan a perpetuar esas formas ilógicas de pensar. Necesitamos cambiar de chip y pensar que, aunque no me esté pasando a mí­, hay quienes a los que sí­ les está afectando. Si en colectividad pidiéramos el esclarecimiento de los crí­menes tendrí­amos una sociedad menos susceptible a la corrupción y a la impunidad.

Llegará un dí­a cuando botar basura solo porque ahí­ está un promontorio será historia. O a orinarnos en la calle solo porque no hay un sanitario cerca, o a robarnos las cosas del patrón porque no nos está viendo. Llegará ese dí­a, mientras tanto respetemos las leyes y afrontemos nuestra realidad acatando las sanciones que nos impongan cuando cometemos una falta. Aceptemos nuestros errores y denunciemos a los hechores porque por pequeña que sea la falta, así­ estaremos evitando la impunidad: al que bota basura, al que orina en las calles, al que extorsiona, al que hace bullying en la escuela, al que saquea las arcas públicas, en fin.

No dejemos que “devuelvan lo robado” haya sido nada más una efervescencia cool de la campaña pasada, ¡exijamos que se haga justicia!

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