Por José Arnoldo Sermeño Lima / Imagen de portada Trotski, Lenin, Gramchi y Ho Chi Minh
“El Fin no justifica cualquier medio. El fin necesita ser justificado” (Leon Trotski, en Su Moral y la Nuestra, señalando que la acción revolucionaria no puede separarse de una justificación moral).
“La revolución es una idea moral” (José Carlos Mariátegui, en El hombre y el mito).
Esta segunda entrega resume lo que sobre el tema vinculado al nepotismo escribieron cuatro intelectuales de la izquierda: Trotsky, Lenin, Gramsci y Ho Chi Minh. Como ya se indicó en la primera entrega, en la tercera se pasará a describir casos de nepotismo en la autocalificada izquierda latinoamericana cuando llega al poder, para concluir en una cuarta entrega con reflexiones finales. Como ya se indicó, en las cuatro entregas se ha hecho recurso tanto a bibliografía impresa como también a la publicada en internet.
Antes de iniciar sobre lo que estos cuatro intelectuales escribieron sobre el nepotismo, es oportuno recordar un poco de historia sobre la relación Lenin-Trotsky, que pasó por desacuerdos tras la división del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso en bolcheviques y mencheviques (1903), con acusaciones mutuas. Sin embargo, ambos líderes terminaron acercándose a partir de 1917, cuando Trotsky se unió formalmente a los bolcheviques y ambos se convirtieron en sus principales líderes. Lenin alabó públicamente la capacidad organizativa y oratoria del otro y Trotski reconoció que Lenin había tenido razón en temas como organización y estrategia revolucionaria. Durante la revolución de octubre, Lenin fue el principal líder político y Trotski dirigó al Soviet de Petrogrado y organizó militarmente la insurrección, creando y dirigiendo al Ejército Rojo durante la Guerra Civil (1918-1921), convirtiéndose en figura central del nuevo régimen soviético. Lenin defendió frecuentemente a Trotski frente a otros dirigentes bolcheviques. Sin embargo, posteriormente se alejaron por diferencias sobre el papel de los sindicatos, la burocratización del Estado y algunas políticas económicas y administrativas. A pesar de ello, hacia 1922-1923 coincidieron nuevamente al preocuparse por el creciente poder de Stalin y -en lo que concierne a nuestro tema- la expansión de la burocracia del partido.

En su “Testamento”, Lenin criticó a Stalin y describió a Trotski como “el hombre más capaz del actual Comité Central”. Tras la muerte de Lenin (1924), Stalin consolidó su poder, Trotski quedó aislado políticamente y fue expulsado del país.
Trotski

En La revolución traicionada (1936), ya Trotski había descrito cómo la burocracia soviética comenzó a reproducir privilegios hereditarios y redes de lealtad personal, concentrando cargos y poder en círculos cerrados, promoviendo funcionarios por lealtad y no por méritos, generando privilegios para familiares y allegados, señalando que ello alejaba a la Revolución de Octubre de la democracia obrera; insistiendo que -a pesar de no constituir aún una nueva clase social en sentido marxista- sí llegaban a constituir una “casta parasitaria”. Algunos de sus conceptos sobre este tema: “La burocracia soviética ha expropiado políticamente al proletariado para defender sus propios privilegios sociales”, “La burocracia se ha convertido en una capa social incontrolada, extraña al socialismo”, “El Estado obrero degenera cuando los funcionarios dejan de ser servidores de la sociedad y se convierten en sus señores”, “Mientras las masas viven en la penuria, los dirigentes consideran automóviles, buenas viviendas y descanso como conquistas legítimas”.
Lenin

Las acotaciones acá publicadas proceden de la época en la que estaba formándose el joven estado soviético. Lenin también criticó la práctica del nepotismo en el contexto de corrupción, favoritismo y privilegios dentro del Partido Comunista y de la burocracia soviética, aunque no usó literalmente dicho término como tal. Sin embargo, en sus escritos y discursos destacan puntos clave vinculados a ese tema.
En textos como La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo (1920) y en comunicaciones con dirigentes del partido, Lenin les advirtió sobre varios temas de los que lamentablemente padecen varios de los autocalificados gobiernos de izquierda latinoamericanos cuando han llegado al poder: la lealtad familiar no debe sustituir al mérito revolucionario; evitar la formación de una élite cerrada; impedir que los cargos se ocupen por amistad, parentesco o conexiones: “los cuadros del partido deben elegirse por su capacidad y compromiso político, no por vínculos familiares o sociales”.
En 1917, en El Estado y la Revolución había escrito:
- No somos utópicos…Sabemos que cualquier trabajador y cualquier cocinero no pueden asumir de inmediato la administración del Estado…pero exigimos la ruptura inmediata con el prejuicio de que solo los ricos o los funcionarios escogidos de familias ricas son capaces de administrar al Estado.
- Los funcionarios tienden a convertirse en “burócratas privilegiados separados del pueblo” bajo ciertas condiciones.
- La remuneración de todos los funcionarios, tanto los más altos como los más bajos, no debe exceder el salario de un trabajador competente.
- Todos los cargos públicos, sin excepción, deben ser elegidos y sujetos a revocación en cualquier momento.
En su discurso ante el 11 Congreso del Partido Comunista Ruso (Bolchevique) sostuvo: “Tenemos una burocracia no sólo en las instituciones soviéticas, sino también en las instituciones del Partido”.
En “Mejor pocos…pero mejores” (1923) reflexionó sobre los problemas en el nuevo estado soviético: “Nuestro aparato estatal es en gran medida una supervivencia del antiguo, y no ha sufrido prácticamente ningún cambio serio… Es un mecanismo burgués y zarista, simplemente camuflageado con pintura soviética”. Sobre la burocratización del Estado soviético, en las actas del PCUS en 1922 se le cita diciendo lo que podría adaptarse a muchos funcionarios de los supuestos “gobiernos de izquierda” latinoamericanos: “Rasque un poco a un comunista, y encontrará a un burócrata”. En varios discursos y cartas, Lenin advierte que: “Si dejamos que los cargos se llenen por amistad o parentesco, la revolución se corromperá desde dentro.”
Como se indicó previamente, aunque no lo categorizó directamente con el concepto de nepotismo, sí criticó esa costumbre en sus documentos y en su práctica política: criticó la corrupción y el favoritismo familiar, destacó la importancia del mérito sobre los vínculos personales y, más importante aún, advirtió que esa práctica podría destruir a la revolución desde dentro.
Adapte todo eso el lector a los casos de la izquierda latinoamericana…
Gramsci

El intelectual italiano Antonio Gramsci planteó los casos del nepotismo y del favoritismo como parte de su reflexión sobre el poder, la burocracia y la formación de las élites. Especialmente en sus escritos reunidos posteriormente a su muerte en Cuadernos de la Cárcel señaló que en sociedades donde las instituciones son débiles o dominadas por grupos familiares, el acceso a cargos públicos depende principalmente de relaciones personales y no del mérito, calificándolo como “clientelismo”.
En su teoría sobre la hegemonía -forma en que un grupo social domina no solo por la fuerza sino también por consenso cultural- cuando el poder se organiza por nepotismo, el liderazgo no se basa en capacidad ni en legitimidad, sino que en privilegios familiares o de camarilla.
En “Los intelectuales y la organización de la cultura” sostuvo que la sociedad debe formar lo que llamó “intelectuales orgánicos”, es decir, personas capacitadas que surgen de la sociedad, y no simplemente de redes de privilegio. Esto envuelve una crítica al nepotismo, que -según él- impide que los más capaces lleguen a dirigir, bloquear la renovación social y reproduce élites cerradas.
En resumen, para Gramsci el nepotismo es parte de un sistema de clientelismo y privilegios que obstaculizan la modernización política y la construcción de una verdadera hegemonía; reflejando una estructura de poder basada en relaciones personales y no en mérito, impidiendo la formación de una dirección social legítima.
Las nuevas élites en la práctica intentan prolongar artificialmente al viejo sistema, impidiendo la renovación de dirigentes por medio de nepotismo, redes familiares o clientelismo político. De esa manera, el sistema no desaparece pero tampoco se renueva y surgen crisis, corrupción o fenómenos autoritarios en momentos en que las estructuras de poder se resisten a cambiar.
Es importante enfatizar que, para él, el nepotismo y el clientelismo son fenómenos propios de Estados débiles o incompletamente modernizados. Como ya se mencionó, esta idea aparece desarrollada en sus Cuadernos de la cárcel. Una de las frases más citadas de Gramsci, que aparece en los Cuadernos, se refiere a las crisis políticas cuando los sistemas de poder se bloquean: “La crisis consiste en que lo viejo no termina de morir y lo nuevo no puede nacer; en ese interregno aparecen los fenómenos morbosos más variados.”
Él subraya que cuando la sociedad civil (instituciones, partidos, universidades, sindicatos, prensa, etc) es débil, el poder político tiende a organizarse por relaciones personales entre familias influyentes, redes de favores o patronazgo político. En ese contexto, el nepotismo funciona como mecanismo de control del poder.
Es importante subrayar que, para Gramsci, el nepotismo no es solo un problema moral, sino que un síntoma estructural de Estados donde las instituciones no son lo suficientemente fuertes para reemplazar a las relaciones personales por reglas impersonales.
En varios escritos, incluyendo su ya citado Cuadernos de la cárcel, él insistió en que una sociedad sana necesita de una selección real de dirigentes: “Todos los seres humanos son intelecturales, pero no todos tienen en la sociedad la función de intelectuales”. Él consideraba que la inteligencia existe en todos los grupos sociales, pero cuando el sistema político funciona con nepotismo, amiguismo o clientelismo ocurre algo grave: los cargos se distribuyen entre familias o círculos cerrados, muchas personas capaces quedan excluidas y la dirección política termina en mano de élites mediocres.
Sostenía que cada grupo social debía producir a sus propios líderes, los ya citados “intelectuales orgánicos”: personas con formación, capacidad y vínculo real con la sociedad. Es decir, para él, la verdadera legitimidad del poder viene de la capacidad y del consenso social, y no del apellido ni de las relaciones personales.
Por eso Gramsci consideraba que el nepotismo y el favoritismo producen intelectuales tradicionales dependientes del poder, que reproducen la mediocridad. Como ya se indicó, él defendía la formación de intelectuales orgánicos, es decir: que no son especialistas aislados sino vinculados a un grupo social concreto, no dependientes de privilegios de élite y capaces de renovar la cultura y la política, permitiendo que la sociedad avance y se libere de redes cerradas de privilegio.
Ho Chi Minh

Los párrafos a continuación se derivan de sus escritos sobre moral revolucionaria, donde critica al individualismo -incluyendo al nepotismo- como fuente de corrupción y favoritismo personal.
Entre sus principales escritos sobre este tema están: la campaña “Practicar la austeridad, combatir la corrupción”, de 1952, en la que subraya la necesidad de eliminar vicios como el despilfarro y la corrupción, incluyendo dentro de ésta al favoritismo familiar. También escribió “Elevar la moral revolucionaria, eliminar al individualismo”, en la que describe a este último como “enemigo insidioso” causante de corrupción, depravación y ansias de poder, priorizando intereses personales sobre los del partido. Por otra parte, en su “Testamento Político” (1965-1969) insistió al Partido en rectificar combatiendo al individualismo, la corrupción y el abuso de poder.
Por considerar al nepotismo enmarcado dentro del individualismo, que consideraba generador de males -como el sectarismo, corrupción y favoritismo personal- por sobre los intereses del pueblo y del partido, él lo rechazaba por anteponer los intereses familiares por encima de los del partido y del pueblo. Según él, eso era individualismo y vicios a combatir. Para Bác Hồ -el Tío Ho, como le llamaba el pueblo-, un militante debe subordinar sus intereses personales y familiares a los del colectivo. Sostenía que el abuso de poder para favorecer a la propia familia daña la disciplina y la fuerza del Partido, debiendo ser combatido y penalizado.

En su campaña “Practicar el ahorro y oponerse a la malversación de fondos” (1952) enfatizó eliminar hábitos que calificó como burgueses, como el despilfarro y la corrupción, e incluyó dentro de la última al favoritismo personal. En lugar de ello, debía construirse una sociedad igualitaria, donde prevalezca la integridad y la equidad. Sostenía que debe promoverse la moral revolucionaria contra vicios como el nepotismo.
Como ya se anunció, en la próxima entrega ejemplificaremos algunos casos de nepotismo en gobiernos latinoamericanos autonombrados de izquierda.


