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martes, 19 de octubre del 2021

El mismo guión geopolí­tico

Sólo que ahora en versión nicaragüense

Ortega llegó al poder de la mano de la oligarquí­a y la iglesia católica, y ha gobernado gracias al apoyo de ambas. Pero, como ocurrió aquí­ con Pérez y Baldetti, la pareja presidencial nica ―por razones de sobra conocidas― le está saliendo muy cara a sus apoyos básicos, y también está resultando demasiado incómoda para los planes geopolí­ticos. Ergo, hay que sustituirlos realizando cambios para que todo siga igual y que el poder oligárquico se remoce.

Por eso, el FMI “sugirió” al gobierno nica una infame medida de ajuste que fue aceptada dócilmente por Ortega, sin que éste sospechara que se trataba del anzuelo que debí­a morder para que la geopolí­tica encauzara el descontento popular latente hacia las calles y diera un golpe de Estado blando poniendo en escena la respectiva revolución de color “legitimadora”, la cual ―como en Venezuela― pronto devino en otra trampa para Ortega (en la cual Maduro no cayó): las guarimbas, que desataron una desmedida represión gubernamental y la actitud oportunista de la Iglesia, que le quitó el apoyo a Ortega y se ofreció para “mediar” en el conflicto. La puesta en escena funcionó bien.

De aquí­ en adelante, los medios neoliberales se encargaron de incitar a las progresí­as e izquierdas rosadas del mundo a fijar su atención en Ortega ―como en Guatemala lo hicieron con Pérez Molina y ahora con Jimmy Morales―, haciéndolas perder de vista que el enemigo y el problema principal en todo esto es la oligarquí­a nicaragüense. Por eso, los “análisis” y las “crí­ticas” biempensantes chapinas se centran en la figura satanizada de Ortega y su bruja malvada, y soslayan el problema del poder oligárquico y los planes geopolí­ticos, clamando por el derrocamiento de los malignos para que sean sustituidos por un Macri o un Temer nica, o bien por la izquierda rosa local, representada por un neosandinismo biempensante que no es otra cosa que la socialdemocracia y los financiamientos de las agencias internacionales globalistas. En suma, se busca un cambio para que la oligarquí­a restaure su poder sustituyendo a Ortega por un neoliberal de hueso colorado o por un progre sirviente de los neoliberales. ¿Les suena esto, chapines? Ortega no es el principal problema. Como tampoco lo es Jimmy ni lo era Pérez Molina.

El plan geopolí­tico para Nicaragua es cambiar al gobierno para poner uno que rompa con China a fin de que no se construya el canal interocéanico, con lo que ampliarí­a el Triángulo Norte hasta Panamá borrando así­ ese triángulo. No se trata de optar por la falsa dicotomí­a “estudiantes-pueblo versus Ortega el maligno”. Se trata de superar el devaluado sandinismo orteguista con una fuerza que asuma la soberaní­a nacional frente al plan geopolí­tico. Y ni la rosada progresí­a biempensante ni el neoliberalismo guarimbero lo harán. Esa fuerza hay que crearla.

Luchemos por llegar a negociar con EEUU los planes geopolí­ticos desde una soberaní­a plena. No por restaurar el neoliberalismo, como ocurrió aquí­ y en Argentina y Brasil. Esta es la lucha. Pero eso lo olvida la chapinada rosa, como olvidó ya el chasco del 2015 y por eso ahora lo clama para Nicaragua. Lo que no olvida es el dinero globalista para sus “luchas por la justicia”. Y ojo, que tampoco se trata de la idiotez de optar por “el menos peor” defendiendo oficiosamente a Ortega. ¡Se trata de tomar decisiones tácticas congruentes con una estrategia de democratización popular continental frente a la geopolí­tica!

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www.mariorobertomorales.info
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