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martes, 27 de julio del 2021

El miedo de los de arriba al poder de los de abajo

En México fue la PEJEfobia y AMLOfobia, aquí­ en El Salvador es la NAYIBfobia…

Desde el momento que NayibBukele intimó sus intenciones de correr por la presidencia de El Salvador, siendo aún miembro del FMLN y Alcalde de San Salvador, comenzamos a ver cómo los poderes fácticos de todas las corrientes fomentaban el crecimiento de un sentimiento que ha recorrido el paí­s donde esos poderes han tenido el control – se llama NAYIBfobia.

Presente en sectores de la clase polí­tica y clases sociales pudientes, el gran empresariado, los analistas polí­ticos, la mayorí­a de los medios tradicionales y recorriendo los diferentes equipos de troles, tanto los pagados como los aficionados, en internet y redes sociales, la NAYIBfobia se basa en un miedo irracional e infundado a ya sabemos quien.

No es suficiente que su discurso es claro y puntual y congruente con los sentimientos de la mayorí­a de las personas – la corrupción, el mal gobierno, la polarización, las promesas incumplidas, la desigualdad, etc. – que entienda las causas de la mayorí­a de esos problemas. El problema es que está comprometido con lograr una transformación que resuelva esos problemas y que para resolver esos problemas habrá que romper la hegemoní­a de los poderes fácticos que se han apropiado de la institucionalidad del páis para lograr sus privilegios.

En México, “la PEJEfobia es un conjunto de exaltadas emociones que abrevan en perjuicios clasistas que no osan confesar su nombre. Surge de las tripas; viene de un lugar profundo y escondido. Ni siquiera algunos de los intelectuales más agudos estarí­an dispuestos a aceptar que en el fondo sufren este padecimiento que obedece a prejuicios y a estigmas sociales,” escribe Hernán Gómez Bruera en su columna en El Universal.

Pero en El Salvador, los asesores de campaña contratados para direccionar las campañas de los partidos tradicionales han establecido estrategias y mensajerí­a que intenta lograr los mismos resultados en creando una NAYIBfobia.  Basta comprobarlos con un sano debate con los infectados para ver que al terminárseles sus argumentos sus conclusiones giran hacia “pero es Musulmán,” o “es satánico” como escribió un psiquiatra de renombre en su columna en uno de los rotativos principales, o “chupasangre” como lo describió uno de los candidatos contrincantes.

Siendo alguien cuya carrera se ha basado en ver el bosque principalmente, aunque esté parado frente al árbol que no me permite ver ese bosque, me doy cuenta de que hay razones claras por utilizar esa campaña y que esas no necesariamente las entienden todos los infectados.  A muchos se los están llevando de paso, motivándolos para diseminar la campaña sucia y prejuiciosa, pero, irónicamente, protectora de los privilegios y usurpación del poder institucional de los mismos poderes fácticos que han causado el problema nacional que todos compartimos.

Es irónico que los dos principales partidos polí­ticos están manchados de casos de corrupción, tráfico de influencia y mal gobierno, y ambos candidatos piden que el votante les dé el beneficio de la duda como personas con un voto de fe ciego por su persona olvidándose del daño causado por sus partidos y no prometen restitución alguna por los daños.  Es más, em ambos casos se niegan a aceptar asistencia internacional en la erradicación de la corrupción con una CICIES sabiendo que el 91% de la población está a favor de una.

A menos de 25 dí­as de las elecciones, con encuestas claramente demostrando el apoyo popular que recibe Nayib Bukele y su futuro gobierno de Nuevas Ideas, la NAYIBfobia se magnifica en su ruido mediático, invadiendo la privacidad de los hogares y las mentes de la población con un solo resultado irónico – crece el apoyo hacia Nayib Bukele. Las campañas sucias de todo estilo en operación están siendo contraproducentes y los partidos principales no se han dado cuenta, o si sí­ se han dado cuenta no han entendido.

Debemos recordar que hay vida luego del 3F.  El siguiente presidente, venga de donde venga deberá ser el Presidente de la Paz por obligación.  Deberá unificar nuestra sociedad, deberá buscar los entendimientos entre todos para una visión a largo plazo porque el borrón y cuenta  nueva de cada 5 años no puede seguir – necesitamos una nueva manera de hacer polí­tica en El Salvador…

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