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miércoles, 27 de octubre del 2021

El juego del calamar periodístico

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Por Rigoberto Chinchilla

La vida de los periodistas ha cambiado mucho desde el año 2020, con la presencia de la pandemia, de hecho, hemos perdido varios compañeros a quienes elevamos nuestro recuerdo y reconocemos el aporte que brindaron en el oficio de escribir en El Salvador.

Es cierto, quien presuma de ser periodista, sabe que siempre tendrá que escribir, sin importar la temática que desarrollará o investigación en la que se involucrará, tarde o temprano tendrá que escribir sus resultados, sus formulaciones e incluso sus opiniones.

Los redactores ya no son únicamente personal dedicado a escribir,  hoy día son profesionales que enfocan mucha parte del tiempo en conseguir y editar información de calidad que finalmente se decidirá  en que parte del ciberespacio será su destino; aplicaciones móviles, redes sociales y también impresos, textos, videos, fotos, audios.

Pero los cambios no han sido suficientes, también han cambiado su personalidad,  una multitud de palabras para los periodistas, incluso normas ortográficas, acentuaciones mayúsculas y minúsculas, gentilicios, topónimos y puntuaciones, e incluso podemos decir que ya hace más de tres décadas comenzó el uso de un nuevo lenguaje técnico comunicacional. Periodistas de la generación actual han incrementado su uso y en salas de comunicaciones periodistas de la generación de los ochentas fácilmente no entenderían esa comunicación e igual sí juntas periodistas legendarios con jóvenes actuales se hace más complejo el entendimiento comunicacional; pero no imposible.

Todo es adaptable y creo en que las diferentes generaciones de periodistas pese a la “babel modernista y virtual” puede ser convivible. Deberíamos mantener  la posibilidad de la actualización permanente, pero también de la solidaridad entre unos y otros, de mantener el rigor informativo, la verificación de los datos, el contraste noticioso, la exposición de las posturas divergentes, el respeto al honor, a la privacidad.

Los riesgos de la actividad periodística siguen siendo los mismos de siempre; delicados, el periodismo no es un juego de niños, los periodistas salimos a la calle a enfrentarnos en primera línea, a exponer nuestras vidas, bajo el riesgo de ser víctimas de poderes fácticos, a veces competimos entre nosotros mismos, hay quienes se comportan como “El juego del calamar” en la serie surcoreana y cambian constantemente su personalidad, se individualizan y  creen que están seguros, porque ratifican sus  roles o porque les generan responsabilidades limitadas en su rol periodístico.

Y como el juego del calamar, el viejo y creador del juego es el conocedor, él, sabe, y es subestimado su conocimiento, los demás son autómatas deudores que creen saberlo todo, pero se equivocan y caen como piezas de un ajedrez desconociendo los pasos a dar. La sabiduría del tiempo del jugador número uno, es ser prudente, él, supo sacar la espada y cuando replegarse, cuando retroceder un paso y avanzar cinco, para finalmente encontrar frente a él, Game Over. Aunque no necesariamente sea el final.  

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Rigoberto Chinchilla
Periodista salvadoreño. Graduado en la Universidad de El Salvador (UES); colaborador y columnista de ContraPunto
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