Por Alonso Rosales, analista internacional
La creciente escalada militar en Oriente Medio, marcada por las tensiones entre Donald Trump e Irán, no solo redefine el equilibrio geopolítico global, sino que también está teniendo un impacto profundo —y quizás subestimado— en la dinámica política interna de Estados Unidos y Europa.
El error estratégico más evidente de Trump no está únicamente en el terreno militar, sino en el político: ignorar cómo las guerras modernas repercuten directamente en la percepción pública y en los procesos electorales. En Estados Unidos, donde ya se vive el ambiente preelectoral rumbo a las elecciones legislativas, el conflicto ha comenzado a reconfigurar las preferencias del electorado.
Lejos de fortalecer a los sectores más conservadores, la guerra parece estar impulsando a figuras progresistas dentro del Partido Demócrata. El desgaste de una política exterior agresiva, sumado al temor de una escalada mayor, está movilizando a votantes que rechazan el intervencionismo militar, especialmente entre los jóvenes y las minorías.
Otro elemento que la Casa Blanca parece sobreestimar es la influencia del AIPAC. Si bien este poderoso grupo ha invertido millones en campañas políticas, su capacidad para definir resultados electorales ya no es absoluta. En varios distritos, candidatos respaldados por intereses proisraelíes han sido rechazados por un electorado cada vez más crítico frente a las intervenciones en Oriente Medio.
El fenómeno no se limita a Estados Unidos. En Europa, el impacto político del conflicto también es evidente. En el Reino Unido, el crecimiento del Partido Verde de Inglaterra y Gales refleja un cambio en la opinión pública hacia posturas más pacifistas y menos alineadas con Washington. Estas fuerzas no solo cuestionan la relación con Trump, sino que también rechazan el militarismo como herramienta de política exterior.
En Francia, figuras como Jean-Luc Mélenchon han capitalizado el rechazo a la guerra, fortaleciendo a la izquierda radical, mientras que sectores conservadores se ven obligados a distanciarse de Trump para evitar un costo electoral. Incluso líderes de derecha, tradicionalmente cercanos a Estados Unidos, han adoptado posturas más críticas ante el riesgo de una guerra prolongada.
El resultado es una paradoja estratégica: mientras la administración Trump busca consolidar alianzas con gobiernos y movimientos de derecha en Europa, sus propias decisiones en política exterior están debilitando a esos mismos aliados.
En definitiva, el factor que Trump parece no tener en cuenta es que, en el siglo XXI, las guerras no solo se libran en el campo de batalla, sino también en las urnas. Y en ese terreno, el costo político de una escalada contra Irán podría ser mucho más alto de lo que la Casa Blanca está dispuesta a admitir.
FUENTE RT NOTICIAS


