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miércoles, 04 de agosto del 2021

El arte, el patito feo de la educación

La formación del individuo es muy compleja. De allí que todos los sistemas educativos han dividido la educación en áreas, temas, edades y aptitudes. Incluso las tendencias más audaces, que tratan la formación como un todo y adoptan métodos holísticos y heurísticos para la captación del conocimiento, llega el momento en que las inclinaciones y aptitudes del educando tienden a centrarse en un área en concreto. Así encontramos un caleidoscopio de temas y materias que el individuo, desde su más tierna infancia debe de experimentar y asimilar para ser apto y funcional en su sociedad.

Los dos hemisferios del cerebro marcan diferencias que influyen en nuestro desarrollo, tanto conductual, como cognoscitivo. El lado izquierdo es el del pensamiento concreto, tendiente a desarrollar la ciencia y la técnica. El derecho, es el del pensamiento abstracto, la intuición, la creatividad. Aunque ambos interactúan y se enriquecen entre sí, uno de ellos es el prominente. No es ni mejor ni peor, simplemente diferente. Allí podemos comprender la diferencia del artista con el técnico.

Una educación que no contempla el desarrollo de ambos hemisferios es una educación que mutila las capacidades del joven. Coarta su formación integral. En nuestro sistema educativo se da más importancia a la acumulación de conocimientos, que a la formación en habilidades, destrezas y capacidades. Se sacrifica el desarrollo de la creatividad y la sensibilidad en aras de potenciar un futuro en la técnica, la tecnología o carreras "más rentables" , pero sin la parte sensible que enriquece el campo de las humanísticas, filosofía, historia, el arte, la literatura creativa.

Quien practica al menos, una disciplina artística en su primera juventud es un individuo que sabe manejarse mejor ante la vida, ha enriquecido su carácter y ha aprendido a pensar. No importa cuál sea la carrera profesional que elija para su vida, la experiencia artística lo hará mejor persona.

Estos son momentos en que se habla mucho de proyectos de nación, reingeniería de las instituciones y compromisos con el desarrollo. Pero no veo una visión coherente en educación y en cultura. En ambas áreas, es urgente un cambio profundo, una verdadera revolución. Es necesario un cambio de esquemas. Romper los viejos paradigmas de la guerra para implantar en los jóvenes las verdaderas semillas de la paz. Se ha perdido mucho tiempo y mucha sangre, por treinta años de fracasos educativos y un letargo imperdonable de la cultura.

Pero se necesita un verdadero rompimiento con los viejos esquemas, aquellos que nos han mantenido en una guerra solapada, de la que nadie ha ganado, salvo el gran capital que ha saqueado el país, y los entreguistas de ambos lados, que han vendido nuestro bienestar. Son ellos los que activan la fuerza centrífuga que expele a nuestros compatriotas a aventurar terribles peligros buscando la vida allende los desiertos, los de arena y los humanos, para recalar en tierras de futuros inciertos.

Ya es hora de pensar en modo Nación, poniendo al humano por centro.

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