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martes, 18 de mayo del 2021

El anfibológico 4%

Desde el 1 de junio que comenzó su gobierno, Nayib Bukele ha sorprendido a propios y extraños sobre su forma de gobernar y su particular método para dar órdenes a su gabinete: desde quitar el nombre en la Tercera Brigada de Infantería en la ciudad de San Miguel del acusado como responsable de la masacre de El Mozote según la comisión de la verdad, Domingo Monterrosa hasta firmar un pacto con Estados Unidos para “minimizar” la migración irregular (que en realidad es un pacto para bloquear la salida de la población salvadoreña que busca un lugar seguro y digno donde vivir ya que el Estado salvadoreño es incapaz para hacer cumplir estos derechos); desde tener el mes menos violento en décadas (agosto con 4.2 homicidios diarios) hasta decir en tuiter, a raíz de las críticas por el show aéreo el día que hubo 19 homicidios, que los que critican al gobierno (según él un 4% de la población) son un asco.

De ese tuit publicado surgió algo parecido a una manifestación pero digital y desde la comodidad de las casas como reproche al penoso y deplorable pero muy bien pensado tuit del presidente. Fue tal la repercusión del tuit que rápidamente dos consignas se convirtieron en “tendencia” en tuiter: “#Soy4” y “SoyUnAsco”. Miembros del FMLN, muchos acusados por corrupción y lavado de dinero; miembros del partido ARENA, algunos acusados por crímenes de lesa humanidad por la Comisión de la Verdad; dirigentes de la ANEP, impulsores del capitalismo voraz, de la desigualdad social y defensores acérrimos del modelo neoliberal que tanto daño le ha causado al país; el ejército de trolles y la población en general mostraron su descontento al estratégico tuit del presidente.

Es interesante y preocupante a la vez cómo de algo tan basto puedan surgir sentimientos clasistas tan viscerales que pareciera que son inconscientes, algo aún más preocupante. Por ejemplo, un diputado tuiteó que al presidente le da asco el 4% del pueblo porque tiene educación, pensamiento creativo, pensamiento sistémico, pensamiento crítico y amor y respeto por su país; una usuaria de la red tuiteó que ella es del 4% porque no es estúpida y ha estudiado en la universidad. ¿Qué quiere decir esto? ¿Que el “96%” no tiene educación, pensamiento creativo, no es estudiado o no ha ido a la universidad? ¿Se es mejor persona por haber estudiado? La educación en este país no es un derecho, es un privilegio. Y cuando se asume que una persona no piensa como “el 4%” por no haber estudiado, por no ir a la universidad o por no tener un pensamiento crítico se está usando ese privilegio de la manera más burda y con un desconocimiento peligroso de la realidad salvadoreña.

La educación solo es una porción mínima de los privilegios que la clase ofrece para que una persona se desarrolle adecuadamente y con dignidad. Vivir en un barrio seguro (con portón privado), tener un trabajo formal (cotizando a la AFP y al ISSS), poder desplazarse en carro (y no subirse a los buses), tener una cuenta en el banco (y poder acceder a créditos) o tener agua potable, luz y alcantarillado son algunos ejemplos de los privilegios que muy pocos salvadoreños pueden acceder.

El tener todos o alguno de esos privilegios no implica ser clasistas de facto o culpabilizarse todos los días por tenerlos. Lo que realmente implica tener estos privilegios es una responsabilidad y casi una obligación de trabajar por el país. Tener privilegios es tener poder y el poder puede ser usado de dos formas: la primera, como fue empleado por el diputado y por la usuaria en tuiter y la segunda, usar esos privilegios para trabajar por el bien común.

Es por esto que no solo es importante visibilizar las problemáticas actuales del país y los muchos desaciertos que presenta este gobierno a través de las redes sociales, de reuniones sociales o de opiniones en medios de comunicación. Lo más importante y fundamental en este momento es trabajar no para las comunidades más vulnerables del país sino que, como decía Martín-Baró, desde las comunidades más vulnerables del país denunciando las violaciones sistemáticas hacia los derechos humanos ejercidas por el Estado y trabajando en conjunto para que los privilegios de unos pocos se conviertan en derechos para todos y todas.

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Alejandro Calderón
Analista  salvadoreño

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